La resaca más grande jamás contada

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¿Puede una ardilla alcohólica, malhablada y codiciosa ser un héroe de plataformas? Puede ser eso y mucho más. Y eso que conocimos a Conker en un mal día en su juego para Nintendo 64 Conker’s Bad Fur Day.

A mediados de los ochenta, los jugadores que tenían un ordenador personal en casa lo tenían que tener muy crudo para no haber visto o tenido algún juego de la casa Ultimate. Juegos como Alien 8 o Knight Lore eran referentes de los juegos isométricos, y el motor Filmation de los hermanos Stamper estaba en las loas de todos los medios especializados. La empresa que fundaron estos hermanos, Tim y Chris (nacida bajo el nombre Ashby Computers & Graphics, Limited), dejó esta huella en los ordenadores, pero conforme las consolas venían ganando terreno se imponía evolucionar.

Así que Ultimate pasó a convertirse en Rare, y de sus juegos isométricos pasaron a cartuchos tan recordados como Battletoads o Donkey Kong Country. Con Killer Instinct se pasaron a la lucha e incluso asaltaron los salones recreativos. En Nintendo 64 alcanzaron su cénit con juegos como Goldeneye o Banjo-Kazooie y en la actualidad son parte importante de la familia Xbox. Toda una carrera salpicada de juegos memorables, pero de entre todos ellos, y a pesar de que la temática de su producción ha podido pasar por varios niveles de contenido adulto, la tercera aparición de la ardilla Conker es sin duda uno de los momentos más gamberros del estudio.



Conker es, para qué engañarnos, un personaje al que dan ganas de pegarle una patada. Rare lo creó para su debut en el juego de carreras Diddy Kong Racing, el spin-off de Donkey Kong que seguía los pasos de Mario Kart. Ahí entre los pilotos estaba Conker, una ardilla de aspecto amigable y grandes ojazos, carne de etiqueta de chocolatina o de caja de cereales. Un personaje que solo verlo inspira un cierto rechazo, precisamente por exceso de monería. Los animalitos antropomorfos con expresión de ir hasta arriba de Prozac están bien para un ratito, pero Conker se empeñaba en querer un puesto fijo. El ligero, alegre y políticamente correcto Conker’s Pocket Tales para Game Boy Color no ayudaba al respecto, aunque al menos salvaguardaba la conciencia de toda la familia.

Y entonces llega 2001 y Rare se lía la manta a la cabeza con su personaje. Conker va a protagonizar el próximo juego del estudio para Nintendo 64, ya en las últimas. Pero no va a ser el roedor repelente que sus anteriores apariciones han dado a entender. Conker va a ser un vividor, un tipo de vida disoluta que a sus 21 años se coge unas curdas de impresión y vive con su novia, Berri, que tiene un cuerpo de escándalo para ser una ardilla. La metamoforsis se había producido tras los cuatro años en los que Conker’s Quest, un juego que todavía iba a ser para todos los públicos, había estado en desarrollo. Cuando tuvieron listo un prototipo, lo mostraron a la crítica, que sobre todo se centró en sus comentarios en lo monísimo y simpaticote que era el personaje. Vamos, que daba bastante repelús.

Con ello, Rare decidió dar un giro de 180 grados y convertir al hijo que querría toda madre en un vivalavirgen que iba a empezar su propio juego hecho un ecce homo, tras cogerse un pedal de los que hacen historia y tratando de volver a su casa con su arrebatadora novia para dormir la mona. Los sucesos que acontecen desde esa noche fatídica en la que Conker se va de farra y acaba envuelto en una serie de peripecias que van convergiendo entre sí hasta desencadenar un final anunciado en el prólogo son lo que conforman los diferentes capítulos del juego, y se basan en determinadas misiones que ciertos personajes solicitan a Conker en su camino de vuelta.



Conker’s Bad Fur Day es, por tanto, un juego de plataformas en el que la ardilla titular corretea, salta y planea haciendo el helicóptero con su cola con el fin de alcanzar determinadas zonas, obtener ciertos objetos, resolver una serie de puzles y cumplir lo que se le pide por parte de los personajes no jugadores para que pueda seguir avanzando. Ahora bien, el encanto del juego es su humor adulto, con un buen surtido de palabrotas (debidamente censuradas, eso sí), toques picantes e incluso eróticos, escatología, sangre y vísceras, comentarios y pensamientos de nuestro héroe no muy ortodoxos y varias referencias a películas y otros juegos de Rare. Sin ir más lejos, la propia introducción es un calco del comienzo de La Naranja Mecánica, donde Conker imita la pose de Malcolm McDowell, vaso de leche en mano, mientras nos cuenta que ha tenido lo que él llama un mal día.

En lo que a jugabilidad se refiere, Conker no puede negar que es hijo de Rare. Su manejo es excelente y su control no se complica demasiado. Correr, saltar, planear, agacharse y golpear con una sartén son las acciones básicas que la ardilla puede llevar a cabo, pero además cuenta con el uso del botón B del mando de Nintendo 64. Este botón puede emplearse en ciertas plataformas y con motivos que dependerán del contexto, dando rienda suelta a alguna acción digna de dibujo animado que ayudará a Conker a salir airoso de la situación. Por ejemplo, puede hacer que se transforme en un yunque para romper alguna sección del decorado y revelar algún secreto, o que desenfunde su tirachinas y se enfrente a los enemigos a tiro limpio, o que simplemente saque un tercio y se eche una cervecita entre pecho y espalda, siempre y cuando la situación lo requiera, claro.

Rare optó con buen tino por hacer un juego que no se toma en serio a sí mismo, y siendo sinceros, ya en el siglo XXI los juegos de mascotas eran más risibles que otra cosa. Por eso, mejor dejarse llevar e introducir situaciones como una oronda abeja que necesita nuestra ayuda para intentar polinizar a un girasol con, digamos, grandes atributos que no se encuentran en la naturaleza, la propia Muerte explicando a Conker que, al igual que los gatos, las ardillas pueden contar con el número de vidas que crean oportuno, o el profesor Kriplespac explicando al Rey Pantera, el villano del juego, que la solución para esa mesa que cojea y que no hace más que tumbarle su vaso de leche es usar a una ardilla roja como cuarta pata para aumentar su estabilidad.



Conker’s Bad Fur Day tiene pinta de ser un juego más para todas las edades, pero nada más lejos de la realidad. El aspecto gráfico y la banda sonora son muy animados y aptos para los más jóvenes, mientras que su humor está especialmente dirigido a los adultos. Y el pegamento que lo cohesiona todo es un jugabilidad excelente para todos.

Por ello es hoy en día un juego de culto, pese a que fue remasterizado para la consola Xbox, y quien sabe si Rare podría rescatarlo (Conker ya aparece, de hecho, en Project Spark) y resucitar la licencia con una nueva entrega. Si es así, preferimos a este Conker canalla y sinvergüenza antes que al peluche con tirachinas de Game Boy Color. No será el mejor ejemplo para los niños, pero seguro que aún le quedan muchas cervezas que tomarse.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Película: Resacón en Las Vegas

Canción: Los Brincos – Borracho
 

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