La muerte es solo el principio

5922

Después del éxito de Demon’s Souls, ya tenemos aquí la “secuela” de aquel juego de rol considerado de culto. Una nueva aventura épica en la que sobrevivir no es precisamente un juego de niños.

Demon’s Souls fue un caso realmente singular. Un título japonés de corte occidental que, contra todo pronóstico, llegó a conquistar a tanto la crítica como el público de todas partes del globo. Algo que debió de sorprender incluso a sus propios desarrolladores, que tardaron lo suyo en lanzarlo fuera de Japón. Un retraso que no han repetido con su secuela espiritual, Dark Souls, que ya está disponible en nuestro país.

La mazmorra más dura
Esta nueva aventura, de un corte extremadamente épico, sigue las pautas del anterior trabajo de From Software (Ninja Blade). Es decir, que estamos ante un juego de rol con combates en tiempo real, que destaca por su altísima dificultad. Y cuando decimos que es difícil, nos referimos a que estamos hablando del juego más complicado de la actual generación de consola. Una aventura solamente recomendable para auténticos expertos en el género o quienes busquen un reto constante a la altura de Ninja Gaiden (el primero, se entiende) o Ghosts ‘n Ghouls. ¿Queda claro? Entonces podemos seguir adelante.

Lo que realmente hace distinto a Dark Souls, convirtiéndolo en una experiencia muy peculiar incluso al lado de otros juegos de rol, es su alto grado de exigencia. Durante la aventura cada personaje con el que nos vemos las caras, no sólo jefes finales sino enemigos corrientes, pueden acabar con nosotros fácilmente, quitándonos un montón de vida con cada golpe. Ante eso solo podemos hacer una cosa: concentrarnos al máximo e intentar ser heridos lo menos posible.

Este planteamiento hace que el juego pueda desesperar un poco al principio, pero que, al darle una oportunidad, atrape irremediablemente. Eso de “intentarlo solamente una vez más antes de apagar la consola” cobra un nuevo sentido en Dark Souls.

Por suerte, el juego pone en nuestras manos todo lo necesario como para poder avanzar, empezando por un control complejo pero que responde a la perfección. Su manejo es cómodo, pero resulta imprescindible aprender a bloquear los golpes de los enemigos y atacarlos en el momento justo. Más que nada porque nuestro personaje se cansa; cuenta con una barra de energía que amenaza con decaer si damos golpes sin ton ni son.

En nuestro camino, mientras intentamos que nuestro personaje pase de ser un no-muerto a un humano hecho y derecho, vamos subiendo de nivel. Al derrotar a los enemigos, conseguimos almas, que también nos permiten mejorar nuestro equipamiento o comerciar con ciertos personajes. Pero no penséis que esto nos hace la vida más fácil con el tiempo. En Dark Souls podéis contar con que enemigo nuevo es sinónimo de muerte segura. Al menos una. Y, para bien o para mal, os podemos asegurar que hay una gran variedad de monstruos en el juego, casi todos con una inteligencia artificial que, para nuestra desgracia, apenas flojea.

Como veis, el desarrollo del juego es muy similar al de Demon’s Souls. No obstante, hay algunos aspectos distintos. Por un lado, en esta nueva entrega existen algunos checkpoints o puntos de control que, si bien no hacen el juego menos difícil (olvidaos), sí nos permiten no tener que repetir hasta la saciedad largos tramos de juego. Por otro lado, la libertad de movimientos es mayor. El juego prácticamente nos permite ir a donde queramos cuando queramos, si bien vernos las caras con un enemigo más poderoso que nosotros antes de tiempo es ya un doble suicidio.

Vamos, que en resumidas cuentas, estamos ante un juego muy recomendable, siempre y cuando te gusten las experiencias complicadas, envolventes y épicas. Un juego que no da lugar a la indecisión o, sobre todo, la falta de paciencia. O lo tomas o lo dejas, esa es su sincera filosofía.

Publicaciones relacionadas

Cerrar