Sadismo de baratillo

10580

Ser unos sádicos. Unos sádicos cachondos e imaginativos, a lo Jigsaw. Solo que sin cara de payasos. Y manejado a la hija del Diablo. Más o menos esa es la premisa inicial de Deception IV: Blood Ties, la nueva apuesta de Tecmo para PlayStation 3 y PS Vita que os pasamos a analizar.

Antes de entrar en materia, una ligera ronda de antecedentes: el juego es el cuarto de una saga que arrancó en 1996 en PlayStation y al que siguieron tres secuelas (si contamos el Kagero II: Dark Illusion, la única entrega de PlayStation 2, dentro de la franquicia) y que debuta al final de la generación con este Blood Ties. Una saga bastante desconocida fuera de tierras niponas, todo hay que decirlo.

Y así seguirá siéndolo si atendemos a Deception IV: Blood Ties, un juego muy discutible en la mayoría de los aspectos por no decir abiertamente malo. En él encarnamos a Laegrinna, que es conocida como la hija del Diablo, y a la que le gusta hacer que la gente vaya a su castillo para ponerles trampas y acabar con ellos de las formas más horripilantes y cómicas.

Básicamente éste es todo el argumento del juego y en lo que se va toda la campaña principal: un personaje junto a sus secuaces llega al castillo y nosotros nos los tenemos que cargar a todos. Chinpún. Evidentemente, esta repetición en la narración se va a transmitir a las dinámicas del juego que son siempre las mismas. Pero luego entraremos en ello.

Ya no es que la historia aporte poco o nada al desarrollo o interés del juego no sabiendo conjugar un tono entre lo serio y lo cómico, sino que tenemos la inmensa suerte (nótese el sarcasmo) de que el juego está sin localizar. Es decir, que a las voces japonesas le tenemos que sumar los subtítulos en inglés (o en francés o en alemán si os apetece probar idiomas). Este hecho lo tenéis que tener muy claro puesto que tampoco los textos de los menús, ni las explicaciones, ni los tutoriales están en castellano. Por lo que si no tenéis un poco de soltura con la lengua de Shakespeare, aprender a jugar os va a llevar más rato del deseado.

Independientemente del idioma, la historia se desarrolla a través de dibujos estáticos de tipo anime no especialmente inspirados y arropados por un doblaje japonés exagerado en todo. Por si no ha quedado claro que los valores de producción están por los suelos, vamos ahora con el apartado gráfico. Y es que el título podría pasar sin problemas si nos pilla despistados como parte del catálogo de PlayStation 2.

Los polígonos de los gráficos son como legañas para nuestros ojos y el diseño artístico resulta deleznable hasta para los más japonófilos. La localización del castillo basada en varias habitaciones no tiene detalles de interés en sus decorados y hasta hay puntos en el escaso mapeado en el que ya podéis subirle el brillo al televisor o imaginaros que tenéis una linterna, puesto que no se ve.

¿Es preocupante el tema de los gráficos? Pues sí y os vamos a explicar el motivo: el juego basa todo su encanto en crear sofisticadas cadenas de trampas para torturar a nuestros enemigos. Evidentemente, tiene soluciones imaginativas con la que alguna sonrisa va a caer, pero claro, pierde toda su efectividad pues al tener unas animaciones tan pobres, por muy original que sea la muerte, no vamos a disfrutar viéndola.

En el juego, como ya os hemos comentado, nuestro objetivo es hacer el mal y la dinámica es de lo más sencilla. Un grupo de enemigos van andando hacia nosotros muy despacito y nosotros planificamos un conjunto de trampas.

Cuando entramos en el menú de trampas la acción se detiene y entonces vamos colocando los aparejos en las diferentes cuadrículas del mapa. Cuando se le coge el truco el sistema es intuitivo y sencillo (tal vez demasiado teniendo en cuenta que es lo único que vamos a hacer en el juego).

Estas trampas están divididas en tres categorías: las sádicas, las complejas y las humillantes. Nosotros las podemos colocar de manera libre y elegir de entre los diferentes grupos las que nos plazcan, pero, evidentemente, hay trampas que se pueden encadenar y otras que no y que dan más o menos puntos.

Por poner un ejemplo básico: podemos colocar una trampa para osos en una cuadrícula que hará que nuestro enemigo se quede fijado durante un momento en la posición; podemos encadenarlo con una hoja cortante en forma de péndulo que aparte de quitarle mucha salud lo desplazará a varias cuadrículas de distancia donde habremos previsto que le caiga una piedra justo cuando se desplome en la zona.

Dependiendo del encadenado, el momento en el que golpeemos, los tipos de trampa que utilicemos, recibiremos determinadas puntuaciones que irán a las clasificaciones globales y que nos permitirán desbloquear trampas nuevas.

A esto hay que sumar que hay enemigos que son inmunes a ciertos tipos de trampas y que las van a esquivar. Y hay otros que llevan armaduras y que tendremos que descubrir la mejor combinación para romperlas y hacerles el mayor daño posible.

Además de esto, hay tres demonios que nos acompañan a nivel narrativo y que nos van pidiendo que cumplamos tareas de manera determinada en busca de conseguir más puntos. No son obligaciones, pero conseguiremos más puntos si las cumplimos.

Y aquí viene otra de las taras del juego: como no tenemos unas obligaciones claras, tenemos que encomendarnos a nosotros mismos el ser imaginativos y el ir en busca de puntuaciones altas porque el juego no nos lo exige. Por lo que nosotros podríamos dejar un mecanismo fijo en una habitación e ir haciendo que nuestros enemigos caigan en él una y otra vez hasta que no lleguen más.

En el juego tampoco sufrimos unos daños excesivos por lo que no hay tensión: los enemigos son muy lentos y nuestra única función una vez colocada la trampa es orientarnos en dirección a ella para que los enemigos caigan irremediablemente y sin salvación en las mismas. Para esta dinámica, hubiera tenido mucho más sentido que fuera un título de puzles más que una especie de hack and slash medianamente estratégico.

Néstor García

————————————————————————

Valoración final

Jugabilidad: simplona. El juego tiene una premisa interesante que es la de colocar complejas trampas de manera estratégica en el mapa. Pero es un título tan repetitivo y falto de interés que la premisa se echa a perder en los primeros minutos.

Sonido: Una banda sonora que hace honor al juego: repetitiva y simple.

Gráficos: Si nos enseñaran el juego en una cata a ciegas podríamos afirmar con toda la razón del mundo que estamos ante uno de PlayStation 2. Diseño artístico muy pobre para rematar la faena.

Duración: En unas 8 horas lo habremos terminado a lo que podéis sumar el modo libre y el querer buscar una puntuación más alta.

Conclusión

Deception IV: Blood Ties es un juego muy discutible en prácticamente todos sus aspectos por no llamarlo abiertamente malo. La premisa de poner trampas sádicas y humorísticas podría ser interesante si no tuviera un desarrollo tan pobre y repetitivo. El juego tiene unos valores de producción bajísimos que no los compensa con ningún tipo de ingenio. Y para remate de lo poco que se espera de él, el juego viene sin localizar al castellano (ni voces, ni textos, ni opciones ni tutoriales).

———————————————————–

Si te ha gustado te gustará

No te quedes solo en el juego

  • Una película: Saw, la saga
  • Una serie: American Horror Story

Cerrar