Demonios y mazmorras

Los autores de Ninja Blade llevan a PlayStation 3 una aventura épica, difícil y oscura que abre nuevas posibilidades dentro de los juegos de rol. Siempre y cuando nos atrevamos con ella, claro…

Demon’s Soul no es un juego para todos los públicos. Eso es algo que se nota nada más empezar a jugar a él. A los pocos minutos el juego nos selecciona (no nosotros a él). Morimos un millón de veces y entonces se demuestra si tenemos la paciencia y el arrojo suficiente como para disfrutar de la aventura o no. Una aventura que, por lo tanto, es de lo más profundo y “hardcore” que se puede encontrar a día de hoy en exclusiva para PlayStation 3.

El camino a la gloria

La historia de Demon’s Souls, que lo cierto es que importa más bien poco durante la aventura, nos sitúa en el reino fantástico de Boletaria. Un típico mundo pseudo-medieval en el que un villano rey está sembrando el terror. Para colmo, en sus constantes experimentos con brujería y magia negra el monarca despierta a una horda de demonios que, como es habitual en los de su calaña, no tienen intenciones muy buenas.

Después de ver la secuencia inicial en la que, a grandes rasgos, nos muestran dicho argumento, pasamos a elegir nuestro héroe, como sucede en otros juegos de rol. En total hay diez tipos de soldados entre los que podemos elegir. Una vez editado este, empieza el juego propiamente dicho. Y lo hace en un paraje que parece sacado de El Señor de los Anillos, donde las ruinas, los bosques y las fortalezas están a la orden del día.

Lo que hace de este juego de rol y acción distinto de los demás no es su desarrollo, en el que tenemos que derrotar a otros enemigos u obtener mejoras para nuestro personaje, sino su endiablada dificultad. De hecho el grado de exigencia de la aventura es tal, que al más mínimo descuido moriremos. En cuanto un rival nos acierte sin darnos tiempo a protegernos, en el momento en el que calculemos mal un golpe… repetir cada recorrido es una constante en Demon’s Soul. Y por si fuera poco, el menú del juego está ejecutado en tiempo real (lo cual nos pone las cosas aún más complicadas en muchos momentos) y tiene autoguardado constante. Vamos, que olvidaos eso de cargar y volver a intentarlo. Si morimos hemos muerto, ya está.

Pero todas estas penalizaciones constantes (o penurias, casi) no hacen que se trate de un mal juego, sino todo lo contrario. Tal y como sucedía en el primer Dead Rising, la fórmula termina por enganchar y el afán de superación se despierta en el jugador irremediablemente, siempre y cuando se busque un reto verdaderamente duro.

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