El levantamiento de los caídos

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Vuelve Diablo III con su primera expansión, Reaper of Souls. Muchas novedades nos aguardan y, entre ellas, una nueva clase, el cruzado. ¿Cómo le ha sentado el cambio al juego?

Hace dos años Blizzard sufrió uno de su peores lanzamientos en toda su carrera, y fue justo cuando veía la luz una de sus sagas mejor valoradas, que llevaba más de una década aparcada en el olvido, la tercera entrega de Diablo. No pocos fueron los problemas que acompañaron su salida: conexión a internet permanente y obligatoria, errores en los servidores que hacían imposible la conexión de los jugadores, y cuando estos conseguían acceder, el juego los echaba inexplicablemente. Pero la cosa no quedó ahí, ya que cuando todo se estabilizó nos encontramos con un juego muy bueno pero que achacaba algunos errores de diseño que hacían que la experiencia se echara a perder tras haber completado la historia, con una rejugabilidad un tanto cuestionable y un sistema de botines pobre, que hacia proliferar la casa de subastas que se había incluido en el juego, a modo de compra-venta de los objetos que encontrábamos a lo largo de nuestras partidas.

Desde entonces Blizzard ha estado escuchando el feedback que le iba proporcionando la comunidad, creando y añadiendo parches al juego que mejoraran las carencias que poseía, y que necesitaba desesperadamente. Todo ese trabajo será culminado con Reaper of Souls, la primera expansión de Diablo III, que termina de solucionar los errores de los que habían ido quejándose los aficionados, a la vez que añade nuevo contenido, con una nueva clase con la que jugar y un nuevo acto que se añade a los cuatro que componían la historia de Diablo III.

Esta historia nos lleva a Nueva Tristán, una de las muchas urbes que conforman el mundo de Santuario, que casualmente ya había sido castigada por el azote de los demonios años atrás, donde una estrella ha caído desde el cielo estrellándose en la catedral de la ciudad, haciendo que inexplicablemente los muertos, que hasta ese momento permanecían enterrados en sus tumbas, se levantaran y caminasen una vez más por la tierra de los vivos, como una horda que deja muerte y desesperación a su paso. Un héroe desconocido se acerca al lugar y termina descubriendo que la estrella no es más que un Ángel que pronostica el fin del mundo, pues los demonios que habitaban en el infierno se encuentran trabajando en la sombra para apoderarse de todo Santuario, exterminando a toda la humanidad e instaurando un dominio de terror. 

Es nuestra labor detener a estos demonios, Belial y Azmodán, antes de que puedan ejecutar su plan, para ello deberemos recuperar la Piedra de Alma Negra, que ya sirvió en el pasado para encerrar el alma de Diablo cuando éste se encontraba reduciendo el mundo a cenizas, para encerrar a los demonios en ella y devolver a Santuario a la paz que merece, pero todo sale mal y Diablo acaba regresando, poniendo en jaque tanto a la tierra como los cielos, donde concentra su ataque. Pero una vez más el héroe se alza contra la maldad, pudiendo encerrar de nuevo a Diablo en la piedra, erradicando el mal de una vez por todas. Justo es en este punto donde da comienzo Reaper of Souls, cuando un nuevo enemigo hace aparición en el momento en el que la renacida orden de los Horadrim está escondiendo la Piedra de Alma Negra que contiene a Diablo de los ojos de cualquiera, tanto ángeles, como hombres. Malthael, antiguo y desaparecido Ángel de la Sabiduría, regresa como el Ángel de la Muerte y roba la piedra, la cual no dudará en usar para llevar a cabo su particular plan para acabar de una vez por todas con la eterna guerra que enfrenta a los Ángeles con los Demonios, comenzando así el quinto acto que añade Reaper of Souls a los que se contaban en el juego original.

Este nuevo capítulo nos lleva a Westmarch, ciudad capital del reino de las tierras del oeste que lleva el mismo nombre, y que se encuentra asediada por Malthael y sus ejércitos, succionando las vidas de sus habitantes para pasar a engrosar las poderosas filas del ángel de la muerte, que va haciéndose cada vez más poderoso. Es debido a esta situación por la que encontraremos una Westmarch muy oscura, con edificios góticos que bien podríamos haber visto en cualquier región de la época medieval. Sumida en el caos, la decadencia y la muerte más extrema, sus habitantes ven, sin poder hacer nada al respecto, como los ángeles que un día veneraron están cosechando sus almas sin ningún tipo de piedad. En contraposición a lo que podíamos encontrar en la entrega original, esta ambientación más apagada y oscura nos acompañará durante todo lo que dura el Acto V, que se puede terminar entre 6 y 10 horas (dependiendo de nuestro nivel, equipo, o lo que nos guste explorar), donde no solo recorreremos la ciudad, si no que también nos adentraremos en sus bosques pantanosos, mazmorras secretas, o incluso viajaremos al Pandemónium, el lugar donde se libra la eterna guerra entre el bien y el mal.

Tampoco serán los mismos enemigos que nos encontraremos en nuestro camino. Cuando los demonios eran los que asolaban Santuario, veíamos sucumbir ante nuestras armas a todo tipo de criaturas sacadas del mismísimo averno, como zombis, diablos, chamanes satánicos, arañas demoniacas, o monstruosas abominaciones. En cambio ahora nos enfrentamos a las huestes de la muerte, por lo que nos las veremos con espíritus, esqueletos vivientes, sacerdotes fantasmales y otras creaciones fantasmagóricas. Se hace notable mientras jugamos la aparición de un número mayor de enemigos, no solo en este último acto, si no en todos los del juego, lo cual supone una mejora que acompaña a las correcciones que ha sufrido el juego, por lo que tenemos que andar con cuidado para no vernos superados por más criaturas de las que podemos hacer frente, teniendo que adaptar a nuestro personaje para que pueda salir de este tipo de situaciones.

Es en este capítulo donde conoceremos a un nuevo personaje que nos ayudará a personalizar el equipo de nuestro héroe hasta el más mínimo detalle, la Mística. Este NPC nos ayudará a personalizar el aspecto físico de nuestro personaje gracias que es capaz de imbuir a cualquier objeto que tengamos el aspecto de otro que hayamos tenido, es decir, si tenemos un objeto muy poderoso pero que no es parte del conjunto de armadura que lleva nuestro personaje, y desentona mucho frente al resto, por una módica cantidad de oro la Mística podrá darle el aspecto de la armadura que queramos, pudiendo disfrutar de un personaje más homogéneo visualmente sin sacrificar las mejoras con las que cuentan los objeto de mayor nivel. Por si fuera poco, también podremos cambiar a nuestro gusto las propiedades con las que cuentan estos objetos, ya que en alguna ocasión no siempre serán de nuestro agrado. Gracias a la transfiguración, cambiaremos las propiedades que no nos sean útiles, o que no queramos, por otra al azar, que puede sernos de una mayor ventaja a la hora de equipársela a nuestro héroe. De esta manera, podremos elegir las características de nuestro equipo, haciéndolo mucho más eficiente al potenciar solo las que más nos benefician.

Como expansión, Reaper of Souls cuenta con el mismo estilo visual del que hacía gala Diablo III, aunque parece mejorar el nivel técnico. Con unos escenarios y personajes totalmente tridimensionales, el juego da el do de pecho cuando nos encontramos en las multitudinarias batallas en las que nos enzarzaremos, ya que se tienen que mover una gran cantidad de personajes a la vez que cada uno de los ataques que se realizan generan todo tipo de efectos especiales, como rayos, aureolas, entornos destructibles, etc. Aunque todo dependerá de la maquina donde juguemos, todo ocurre con gran suavidad y sin tirones, viendo así el trabajo de Blizzard a la hora de cuidar el aspecto grafico de Reaper of Souls. Todo esto viene acompañado de una gran banda sonora, con temas orquestales que le sientan realmente bien a la historia que rodea a Malthael, y que son capaces de ponernos en tensión justo cuando se lo proponen.

Pero este nuevo añadido argumental no es todo lo que podemos esperar de Reapers of Souls, ya que otras de las novedades que trae dicha expansión es la de añadir una nueva clase a las que disponíamos en Diablo III. Ahora, el Monje, el Cazador de Demonios, el Mago, el Bárbaro y el Medico Brujo tienen un nuevo compañero: El Cruzado.

Dentro del juego cada clase tiene una motivación especial para embarcarse en la aventura de salvar a la humanidad de las garras de todos aquellos que buscan acabar con ella, y el cruzado no iba a ser menos. Los cruzados son una orden que surge de la religión Zakarum que busca limpiar del mundo de la corrupción que hizo que su fe se desmoronara y pasara a ser uno de los innumerables mitos de la historia antigua de Santuario. Cada cruzado cuenta con un aprendiz, que hereda tanto su nombre como su escudo cuando este muere, así como la motivación para seguir con la cruzada, que les lleva a cualquier rincón donde el mal aceche, que es lo que hace a nuestro cruzado ir a Nueva Tristán cuando la estrella caída hace que los muertos aterroricen la ciudad.

Los cruzados, acompañados siempre por su escudo, son personajes fuertes y muy corpulentos que destacan por su aspecto físico, gracias al cual son capaces de ponerse pesadas armaduras y acarrear con armas que canalizan esa fuerza. Esto hace que el cruzado sea uno de los personajes más versátiles del juego ya que es un autentico tanque blindado a la hora de aguantar estoicamente los ataques enemigos, gracias a su férrea defensa y a las habilidades que potencian su capacidad de curación y su armadura. Pero es igualmente poderoso cuando se trata de asestar golpes mortales a las criaturas que se cruzan con él, ya que su fuerza ofensiva es igual de buena que su defensa, pudiendo atacar con su escudo y barrer con su espada a multitud de enemigos a la vez. También cuenta con habilidades que aumentan su velocidad de ataque, así como poder llamar a los compañeros caídos de la orden para que luchen junto a él, montar a caballo por el escenario mientras daña a los enemigos que se crucen en su camino, o invocar a la luz que le guía para que destroce a los malignos que se encuentren bajo ella. Todo un festival de destrucción es lo que acompaña al cruzado, posicionándose como una clase muy poderosa y sin duda, divertida de jugar, gracias a su buen hacer en cualquier aspecto del personaje.

Como decía Jesse McCree en la entrevista que pudimos hacerle hace unos días, Diablo III trata de matar monstruos. Matar monstruos y conseguir recompensas. Hasta ahora ese objetivo no se había cumplido, pues el sistema de botines y recompensas que nos proponía Diablo III en su origen era bastante pobre, ya que los enemigos soltaban muy pocos objetos, y cuando lo hacían, estos eran muy malos, o no terminaban de encajar en absoluto para la clase que estábamos usando. Desde entonces Blizzard ha estado intentando enmendar ese error, primero con el cierre de la polémica Casa de Subastas, y mejorando dicho sistema en los sucesivos parches, terminando de ajustarse gracias a la nueva actualización que trae Reaper of Souls. Durante nuestras aventuras por Santuario, no es difícil notar que a medida que derrotamos enemigos estos casi siempre sueltan objetos que podremos recoger, y que además cuentan con unas propiedades mejor repartidas, por lo que no es extraño encontrar equipo que vayan mejorando nuestras estadísticas cada poco tiempo, sorprendiéndonos de tener equipados objetos raros en los primeros compases del juego, algo que antes solo podíamos encontrar en los niveles de dificultad más exigentes. Con esta mejora, también se ve beneficiada la aparición de objetos legendarios, algo de lo que los jugadores más acérrimos se quejaban, que son los objetos más infrecuentes y poderosos del juego, y que ahora se ven más frecuentemente al derrotar a determinados enemigos, incluso en las dificultades más bajas.

No solo se pueden conseguir buenos objetos a partir de los monstruos con los que vayamos acabando, si no que también podremos hacerlo creándolos nosotros mismos gracias a personajes como el herrero. En Reaper of Souls se ha dado especial importancia a la creación de objetos, ya que si nuestros NPC están en un nivel alto, podrán hacer equipo mucho mejor al que encontramos en los páramos de Santuario, pero además, para facilitarnos las cosas en ocasiones los enemigos soltarán materiales y recetas necesarias para poder obtener piezas poderosísimas, esenciales para crear al personaje perfecto.

Otro de los problemas que se le criticaban a Diablo III, era la inexistencia de un end game a la altura, es decir, las pocas cosas que se podían hacer tras haber completado la campaña o haber alcanzado el nivel máximo de nuestro personaje. Hasta ahora, cuando completábamos el juego, teníamos que repetir una y otra vez el modo historia en dificultades superiores para tener acceso a los objetos más poderosos, o como opción para ir perfeccionando a nuestro personaje, lo cual se hacía extremadamente repetitivo, y le restaba diversión al título. Para solventar ese problema Blizzard ha incluido un nuevo modo de juego llamado Modo Aventura, al que solo podremos acceder tras haber completado la historia con cualquiera de nuestros personajes, y en el que podremos visitar de nuevo todas las localizaciones del juego, pero esta vez para cumplir una serie de objetivos especiales, que se conocerán como contratos. Las zonas estarán divididas por los actos a los que pertenecen, y aunque aparte de los contratos habrá más objetivos que podemos cumplir, solo habrá cinco contratos que realizar en cada uno de los capítulos. Los objetivos son totalmente aleatorios y variados, pudiendo consistir en limpiar una mazamorra de enemigos, derrotar a algún jefe en concreto o acabar con un determinado número de enemigos, y al cumplirlos iremos obteniendo experiencia, y nuevo equipo que soltaran los enemigos al ser derrotados, siendo una excelente manera de subir el nivel de nuestros personajes o conseguir armamento nuevo para estos.

Cuando completemos los cinco contratos disponibles de un mismo acto, se nos dará acceso a una mazmorra especial llamada Falla Nephalem, donde podremos encontrar enemigos aun más poderosos que los que hemos combatido anteriormente, comandados por un oponente especial, aun más duro de derrotar, lo que significa mucha más experiencia, y objetos raros y mejores, dependiendo la dificultad en la que estemos jugando. Gracias al nuevo sistema de botines, y a este nuevo modo de juego, la experiencia con Reaper of Souls se vuelve aun más divertida y gratificante, además de extremadamente rejugable, ya que vemos recompensados nuestros esfuerzos a la hora de cumplir con los contratos que se nos marcan con nuevo equipo y experiencia para nuestro personaje, lo cual viene de perlas, ya que aunque hayamos conseguido el nivel máximo, ahora establecido en el nivel 70, podremos subir niveles de Parangón, otro añadido de Reaper of Souls.

Con este nuevo sistema, seguiremos ganando experiencia con la cual subiremos niveles de Parangón, con los que obtendremos puntos del mismo nombre. Estos puntos podrán ser usados para mejorar las estadísticas de nuestro héroe, repartiéndolos a nuestro gusto entre las diferentes categorías que tendremos a nuestra disposición: Básica, Ofensiva, Defensiva y Utilidad. En cada una de ellas habrá diferentes atributos a los que podremos asignarle los puntos, como por ejemplo, la velocidad de ataque, la fuerza, la vitalidad, reducir el tiempo de reutilización de las habilidades, o la posibilidad de golpe critico, lo cual nos abre un sin fin de variedad a la hora de configurar nuestros personajes, que pueden ser totalmente distintos incluso perteneciendo a la misma clase. Los niveles de Parangón que vayamos subiendo no estarán ligados a un solo personaje, por lo que todos los puntos que obtengamos usando a nuestro personaje principal también estarán disponibles en el resto de personajes que tengamos, ayudando a que podamos configurarlos a nuestro gusto desde el principio, algo que sin duda agradeceremos.

Álvaro Moral Arce

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Valoración final

Jugabilidad: Desde el lanzamiento de Diablo III, esta ha sufrido diferentes mejoras que la hacen tremendamente divertida y adictiva. Ahora con Reaper of Souls nos encontramos con un sistema de botines excelente y muy gratificante, diferentes ajustes a las clases, que se ven reforzadas con el Cruzado, un nuevo y potente personaje muy divertido de jugar, así como la inclusión de necesarias mecánicas como la de poder transfigurar nuestros objetos gracias a la mística.

Gráficos: Reaper of Souls no pretende impresionar al público con gráficos excepcionales, aunque en sus CGI impresiona debido a la alta calidad de estas, y se mantiene continuista respecto a Diablo III. Esto no tiene por qué suponer un problema porque cuando jugamos, lo que nos interesa es obtener una experiencia que no necesita entrar por los ojos, aun así, los diseños de los escenarios y los personajes son soberbios, con un gran trabajo por detrás, y los efectos especiales se suceden en la pantalla con toda fluidez.

Sonido: En este apartado no encontramos muchos cambios, salvo por la genial banda sonora que se ha compuesto especialmente para Reaper of Souls, cuyos temas orquestados oiremos a lo largo de todo el Acto V, en cambio, encontraremos conocidos los efectos sonoros del juego. Se agradece también el detalle de encontrar el juego totalmente en castellano, tanto textos como voces, ya que todos los diálogos han sido doblados a nuestro idioma, y además, por voces muy familiares y de gran calidad.

Duración: No debemos olvidar que Reaper of Souls es una expansión, por lo que nunca puede durar lo que duraría un juego completo. Aun así, el Acto V que trata sobre la historia de Westmarch y Malthael puede durar entre seis y diez horas, dependiendo de nuestra rapidez, pericia y nuestras ganas de explorar cada rincón, a las que se debe añadir las otras muchas que pasaremos con el juego original si decidimos empezar un personaje nuevo desde el principio. Pero el juego no solo expande el modo historia, si no que añade un modo aventura que aumenta considerablemente el tiempo que pasaremos con el, casi ilimitado.

Conclusión

Reaper of Souls insufla una nueva vida a Diablo III con una excelente ambientación, un nuevo capítulo que añade se añade a la historia del juego, junto con nuevos enemigos y personajes, como la nueva clase del cruzado, tremendamente poderosa y divertida de jugar. Además arregla los problemas más graves que arrastraba su entrega original, como el sistema de recompensas, mucho más satisfactorias ahora, y el end game, que se ve sobradamente ampliado con el Modo Aventura y las Fallas Nephalem, donde pasaremos horas y horas entrenando a nuestros personajes y obteniendo el mejor equipo para ellos. Si habéis jugado anteriormente Diablo III y no os gustó lo que visteis, no dudéis en probar Reaper of Souls y ver como el juego ha cambiado para mejor. Si nunca habéis jugado a la saga, aprovechad esta ocasión para hacerlo, ya que seguro que os enganchará. Reaper of Souls convierte a Diablo III en lo que debió ser desde un principio, y sin duda Blizzard se ha puesto las pilas para conseguirlo. Aunque tarde, esto sabe a Diablo.

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No te quedes solo en el juego:

  • Un libro: Diablo III: El Libro de Caín.
  • Una canción: Fear of the dark, de Iron Maiden.

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