Tambores de guerra infernal

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Tras más de una década de espera, Diablo III ya está aquí. ¿Está finalmente a la altura de las expectativas? ¿Tiene al fin el todopoderoso Diablo II un sustituto digno? Descended a lo más profundo del Averno para descubrirlo.

Las grandes expectativas suelen llevar a grandes desilusiones. Sobre todo en casos como Diablo. Series cuya leyenda está por encima de casi todo lo imaginable. ¿Qué podemos esperar de un juego como Diablo II, que todavía sigue causando furor entre los usuarios doce años después de su estreno?

Pero que nadie se confunda. Diablo III es, en cualquier caso, un buen juego. Un gran juego, de hecho. Un título adictivo, que acerca la fórmula de Blizzard a un público más amplio, pero sin perder la calidad a la que nos suelen tener acostumbrados todos los productos de la compañía. Un juego accesible, adictivo y, sobre todo, entretenido. Es cierto que algunas decisiones de diseño son difíciles de entender, pero pese a todo se trata de uno de los estrenos del año.

Diablo III es, pese a sus innovaciones, un juego de carácter continuista. Es decir, que su planteamiento sigue siendo el mismo que llevó a sus anteriores entregas a los altares del videojuego. De nuevo tenemos que recorrer amplios escenarios, enfrentándonos a cientos de enemigos y superando misiones. Para ello tenemos que dialogar con personajes y explorar. Estéticamente, eso sí, el juego ha sido cuidado hasta el detalle. Blizzard vuelve a meternos por los ojos la aventura a base de espectaculares escenas de vídeo y momentos realmente épicos.

La principal polémica del juego (algo que no ha terminado de gustar a los fans más veteranos) viene con el desarrollo de los personajes. Algo básico dentro de los juegos de rol occidentales como este. Un género entre cuyas máximas referencias debería de estar, cómo no, la saga de la que hablamos. Esta vez Blizzard ha dejado de lado la evolución de Diablo II, optando por una más flexible, aunque quizás menos profunda.

Para que os hagáis una idea, en esta ocasión Diablo III permite cambiar entre distintas ramas de habilidades, variando así en función al momento del juego en el que nos encontremos, o al enemigo con el que nos veamos las caras. Habilidades que, además, se pueden potenciar por medio de diferentes runas. De esta forma, es como si tuviéramos “varios personajes en uno”. O mejor dicho, más opciones a la hora de encarar el juego. Por supuesto, esto simplifica en cierto sentido la personalización del personaje. Pero como se suele decir, para gustos, los colores…

Entrando ya en la campaña del juego, esta se ha vuelto más variada y abierta que en anteriores entregas. Sobre todo por la acertada idea (a nuestro entender) de los diseñadores de incluir mazmorras aleatorias en el juego. Esto hace que, si uno quiere conseguir todos los logros y los tesoros del juego, sea necesario rejugar varias veces cada zona. Como es lógico, esto aumenta la duración del título, que por otra parte no es especialmente largo jugándolo en solitario. Aún así, está claro que Diablo III ha sido creado pensado para disfrutarse en compañía, y es junto a amigos como más jugo se le puede sacar.

Eso sí, esto último tiene un hándicap que resulta un tanto complicado de entender: la decisión de tener que estar online para jugar al título, también en solitario. Algo ilógico teniendo en cuenta que no aporta nada positivo a las partidas individuales, pero sí los problemas de servidores típicos de los juegos online, que además han sido demasiado frecuentes durante los primeros día a la venta del juego.

Con respecto a los gráficos, Diablo III es un juego notable, tanto por su elaborado estilo artístico, como por su calidad técnica. Una calidad que permite que nos enfrentemos a un gran número de enemigos a la vez sin problemas de ningún tipo, o que ofrece más interacción con los escenarios que antes. Esta mayor vistosidad no oculta que, quizás, se haya perdido algo del encanto oscuro y tétrico de los clásicos, pero aún así estamos ante una aventura muy trabajada.

La banda sonora, por su parte, tiene una calidad impresionante, a lo que hay que sumar un doblaje al castellano correcto y buena variedad de efectos.

No queremos terminar sin recordarte que toda la información sobre el juego la puedes encontrar en nuestr ESPECIAL DE DIABLO III, una web exclusiva dentro de AlfaBetaJuega para los grandes amantes del nuevo título de Blizzard.

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Valoración final

Jugabilidad: Adictiva y profunda. Más accesible que en anteriores entregas, pero aún llena de posibilidades.

Gráficos: Es la entrega más vistosa de la serie, aunque ha perdido un poco su toque siniestro.

Sonido: Tanto la banda sonora como el doblaje en castellano están a la altura del mito

Duración: La campaña no es muy larga, pero las mazmorras aleatorias y sus muchas opciones prometen que su vida será larga.

Conclusión

Blizzard lo ha conseguido de nuevo. Realizar una digna continuación de Diablo II, con un título divertido y profundo. Quizás diferente a lo que algunos esperaban, pero con una jugabilidad fantástica y un cuidado acabado audiovisual. Seguro que sienta cátedra. 

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