Análisis de Doom VFR – El infierno desde dentro

 

 

La compañía norteamericana Bethesda está apostando en los últimos años por traer de vuelta algunas grandes sagas del pasado. La mayoría de ellas son sus grandes shooters de la década de los 90. Quake y Wolfenstein han tenido un éxito dispar, pero Doom se encuadra en el lado de los regresos que han funcionado fantásticamente bien. Fue el pasado año 2016 cuando id Software nos deleitó con un estupendo reboot de este FPS.

Ha pasado más de año y medio desde que pudimos disfrutar de ese reinicio de una de las grandes franquicias de acción en primera persona de la historia de los videojuegos y ahora le ha llegado el momento de dar un paso más a la hora de expandirse. Y es que Bethesda ha apostado por llevar algunos de sus grandes videojuegos a la realidad virtual (hace unos días fue el turno de Skyrim) y en esta ocasión le ha tocado a Doom.

Su nombre es Doom VFR y ya está disponible en varios dispositivos de realidad virtual. Nosotros lo hemos jugado en PlayStation VR (el casco de VR de Sony PlayStation) y hemos podido comprobar sus puntos positivos y negativos. Acompáñanos en las siguientes líneas para descubrir qué tal le ha sentado la realidad virtual a Doom.

La dificultad siempre ha sido uno de los rasgos más característicos de la saga Doom y esta versión para la realidad virtual no iba a ser una excepción. Tenemos tres niveles básicos de dificultad (los que podrían entenderse como el fácil, normal y difícil de toda la vida), pero podemos ir incluso más allá si así lo deseamos. En el nivel Pesadilla todos los enemigos son más mortíferos y, una vez completada la aventura, podemos desbloquear el Ultrapesadilla, en el que morir significará el fin de la partida.

Uno de los grandes impedimentos de los videojuegos de realidad virtual es el movimiento rápido, pues puede generar sensación de mareo a algunos usuarios. Aunque esta es una característica común en todos los Doom Bethesda ha apostado por un sistema diferente de movimiento. Para mirar hacia los lados nos desplazamos mediante pequeños movimientos, de modo que el giro no es tan brusco y nunca llega a marear.

Desplazarnos es una cosa distinta. Para ir hacia adelante tenemos que usar un teletransporte que nosotros podemos situar en el lugar que queramos, así nos moveremos a toda velocidad por el escenario sin posibilidad de marearnos. Igualmente también tenemos una habilidad secundaria que nos permite realizar breves esprints, lo cual se asemejaría más al movimiento habitual de cualquier otro videojuego existente.

El sistema de movimiento es, a nuestro juicio, un auténtico acierto, pero indudablemente no es lo que un jugador “hardcore” de Doom esperaría. La acción, en cierto modo, también se ve resentida por cómo nos desplazamos en esta aventura para la realidad virtual. Y es que el frenetismo y velocidad del Doom de 2016 no se encuentra del mismo modo reflejado aquí. Los enemigos se mueven con algo más de lentitud para facilitar nuestro movimiento, que también es más lento.

Disponemos de un variado elenco de armas para poder atacar a los demonios que nos atacan tanto cuerpo a cuerpo como a distancia, pero la mecánica más particular es la de teletransportarnos a su posición cuando están heridos para hacerles explotar en un amasijo de vísceras y acabar con ellos sin necesidad de gastar munición. Una munición que, por otra parte, no escaseará en casi ningún momento de toda la aventura.

Por el suelo en los distintos niveles encontramos tanto paquetes de munición, como salud o armadura, todo lo necesario para sobrevivir (recuerda que en Doom la salud no se regenera automáticamente para respetar el alma de la vieja escuela). Durante la partida también encontraremos puntos concretos en los que podemos mejorar algunas de nuestras habilidades (como tener más salud base) y también nuestras armas.

Encontramos un buen número de demonios diferentes y eso es precisamente lo que consigue que la aventura no se vuelva repetitiva ni tediosa en ningún momento. Aunque el frenetismo del Doom de 2016 no está tan presente lo cierto es que siempre es un placer llegar a un nuevo nivel y tener que “limpiarlo” de demonios. Todo gana mucho más en inmersión y diversión, además, si hacemos uso del mando-pistola Aim Controller.

Y es que si prefieres sentirte todavía más dentro de la aventura puedes prescindir del DualShock 4 y utilizar el Aim Controller que debutó hace unos meses con el lanzamiento de Farpoint. Puede que al principio te cueste acostumbrarte a él, pero la disposición de los botones es intuitiva y acertada y conseguirá que la acción se vuelva mucho más divertida, cercana y realista de lo que nunca hubiera sido con un mando tradicional.

Doom VFR cuenta con un estupendo doblaje al castellano para que no tengas que estar leyendo textos mientras disparas a los enemigos y con una banda sonora roquera de lo más satisfactoria y adecuada. Gráficamente el nuevo videojuego de realidad virtual de Bethesda no puede estar a la altura del que vimos el año pasado, pero indudablemente cumple con su cometido y se encuentra, diríamos, por encima de la media en los videojuegos de realidad virtual.

Joel Castillo

Jugabilidad: Doom VFR hace cambios en la jugabilidad clásica de los Doom para adaptarse correctamente a la realidad virtual. Nos movemos más despacio (también los enemigos) que en anteriores entregas de la saga, pero todo queda compensado gracias al teletransporte, que funciona muy bien y no causa ningún mareo, al menos en nuestro caso.

Gráficos: Era imposible que Doom VFR estuviera a la altura gráfica del Doom que vimos el pasado año 2016, pero indudablemente Bethesda ha hecho un fantástico trabajo y nos ha proporcionado una experiencia que cumple a la perfección en lo técnico y lo visual.

Sonido: La banda sonora cañera y estruendosa se mantiene intacta en este Doom VFR, lo que le sienta de perlas a un videojuego tan enfocado en la acción como este. Por si fuera poco contamos con un estupendo doblaje al castellano que nos permite no tener que estar leyendo textos mientras estamos en acción.

Duración: En unas cuatro o cinco horas podremos completar la campaña, pero si nos hemos quedado con ganas de más desafío siempre podemos volver a intentarlo en una dificultad superior y te aseguramos que no tardarás tan poco en terminar el juego.

Conclusión: A pesar de los cambios en la jugabilidad para adaptarse satisfactoriamente a la realidad virtual, Doom VFR respeta los pilares básicos de la franquicia de acción y resulta divertido y variado. Visualmente estamos ante un videojuego de VR superior a la media y sonoramente no podemos quejarnos de nada de lo que encontramos en él. Hay dificultades para todos los gustos y la posibilidad de jugarlo con el Aim Controller en PlayStation VR es todo un acierto. De hecho, te recomendamos jugarlo de este modo para disfrutar de Doom como nunca antes lo habías hecho.

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