Una saga con solera

La última entrega de esta veterana serie llega a Nintendo DS cargada de novedades, entre las que se incluye un modo multijugador. Un título que rompió moldes en Japón en lo que a cifras de ventas se refiere.

Dragon Quest es, junto a Final Fantasy, una de las dos series más conocidas y longevas de la compañía Square Enix. Pero, a diferencia de la primera, Dragon Quest nunca ha dejado de tener un estilo que podríamos denominar tradicional. Esta novena parte no es ninguna excepción en ese sentido, a pesar de contar con novedades a tener en cuenta.

Una historia épica

La primera de estas innovaciones es la inclusión de un editor. Por primera vez dentro de la serie, podemos elegir los parámetros de nuestro personaje (ojos, pelo, etc.). Y lo mismo ocurre con nuestros acompañantes que, lejos de tener relevancia en la historia del título, creamos nosotros desde cero. Una vez decidido esto, nos encontramos con una historia bastante “divina”.

En Dragon Quest IX somos un ángel que, tras una serie de misteriosos acontecimientos, pierde sus alas y es “arrojado” al mundo de los humanos perdiendo su condición celestial. Además, una horda de monstruos está arrasándolo todo, por lo que nuestro deber pasa por descubrir qué es lo que ocurre e intentar recuperar la normalidad del mundo.

En líneas generales, estamos ante un juego que mantiene la esencia de siempre: tenemos que visitar distintas aldeas y mazmorras, enfrentarnos a enemigos (que esta vez vemos deambular por los mapas, no surgen de la nada), dialogar con todo tipo de personajes, que son los que nos mandan pulular de acá para allá y reunir objetos y dinero. Y mientras tanto, debemos subir de nivel a los protagonistas, encontrar nuevas armas y reunir nuevos compañeros de aventuras.

Con respecto a esto último, el juego no solo nos permite elegir las habilidades que queremos potenciar de nuestro personaje (a medida que nos volvemos más poderosos), sino también las de nuestros compañeros. Es decir, que el grado de personalización del equipo que manejamos es muy elevado y sigue la estela de títulos como Final Fantasy II.

Por lo demás, los combates han ganado en dinamismo, ya que por primera vez no resultan estáticos, sino que personajes y enemigos se mueven por los campos de batalla mientras ejecutamos las órdenes. Aunque estas contiendas siguen teniendo lugar por turnos, eso no ha variado.

Con respecto al acabado gráfico, nos encontramos con un juego estilo cell- shading (es decir, como de dibujos animados) en el que se alternan personajes en tres dimensiones y otros personajes de estilo bidimensional. Esto hace que el juego luzca con un aspecto intermedio, a medio camino entre El Periplo del Rey Maldito y las anteriores adaptaciones para Nintendo DS.

Por último, decir que también podemos llevar a cabo misiones y combates con hasta tres amigos, aprovechando las posibilidades inalámbricas de la portátil.

Cerrar