Corazón de dragón

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Afila tus armas, abrillanta tu armadura y lía el petate. Nos vamos de aventura a tierras llenas de peligros, pero no pasa nada, no vamos solos. Regresamos a Dragon’s Dogma: Dark Arisen desde el PC para volver a saborear el buen rol de mundo abierto.

La evolución de los videojuegos de rol desde los tiempos de los 16 bits ha sido para no creérsela. Las posibilidades que dan los equipos y componentes más potentes permiten no ya contar una historia con el lujo de detalles y la inmersión que merece, sino trasladarnos a otros mundos a casi todos los efectos. Y esto incluye recorrerlos a conciencia trepando por sus riscos, rodando por su hierba, recogiendo las setas y plantas que ellos crecen, construyendo objetos y equipo, y cómo no, implica luchar contra enemigos de pesadilla que se presentan más reales que nunca. Son tiempos interesantes para el aficionado rolero, no cabe duda.

Por eso, un juego que se adscrita a esta corriente siempre es bienvenido. En esta ocasión es un viejo conocido, pero es un placer recibirle en las pantallas de los ordenadores, porque el sabor que dejó en nuestras PlayStation 3 y Xbox 360 fue muy agradable. Y a la vez injustamente menospreciado, pero es que Dragon’s Dogma lidiaba con gigantes, y no como los que se pueden hacer frente en sus parajes. La alargada sombra de dos de los juegos que han puesto patas arriba el género en los últimos años, The Elder Scrolls V: Skyrim y Dark Souls, es alargada y opresiva. Curiosamente, Capcom con Dragon’s Dogma tomó nota de uno y de otro, así como de cierto juego mítico de PlayStation 2.



Dragon’s Dogma nos asalta primero metiéndonos de lleno en un pequeña introducción donde nos las vemos nada menos que con un animal mitológico, una quimera, para más señas. Y esto sirve para mostrar ya uno de los puntos importantes, como es la mecánica de combate. Teniendo enfrente una bestia enorme como esta, no falta sitio donde golpear, y podremos hacerlo de varias maneras. Con golpes débiles, fuertes y con técnicas especiales según el arma equipada que deberemos ir comprando posteriormente con Puntos de Vocación. Además, siendo el caso de un bicho tremebundamente grande, también se nos inicia en otro factor al que daremos uso regularmente: el de poder agarrarnos y trepar al estilo de Shadow of the Colossus para inflingir daño al ser desde su lomo o cualquier parte de su cuerpo a la que podamos aferrarnos. Casi sin tiempo para asimilarlo, entra en escena el verdadero protagonista, nuestro avatar. Y en el colmo de la mala suerte, resulta ser un pupas extremo al que un dragón surgido prácticamente de la nada le arrebata el corazón de buenas a primeras. Pero lejos de morir, nuestro héroe o heroína resucita como un Arisen, el elegido de esta historia, resuelto a recuperar su corazón y matar al dragón que le ha conferido su condición actual.

Dark Arisen fue, precisamente la ampliación de esta nueva franquicia de los japoneses dispuestos a volver a hollar el terreno del rol, un contacto que no es la primera vez que se produce y que ya antes ha dado buenos resultados. En esta ocasión, sin embargo, se tira por la calle de enmedio con un juego que da al jugador la libertad como para explorar un rico mundo lleno de vida, con ciudades y asentamientos que mantienen su propia actividad, y no solo allí, sino también en las rutas de comunicación donde encontramos transeúntes haciendo camino. Fuera de éste, es donde aguardan los peligros, los más traicioneros especialmente, y en ellos podemos esperar emboscadas y bandadas de enemigos que querrán arrancarnos la piel a tiras. Tanto por la cara más amable como por la menos amistosa, Dragon’s Dogma: Dark Arisen da sensación de mundo e invita a descubrirlo.

Algo que no tenemos que hacer solos. Y es que por mucho que nuestro personaje sea un héroe de pies a cabeza, la particular seña de identidad del juego son los Peones, asistentes que nos prestarán sus servicios y que tienen la particularidad de, en buena medida, ser creaciones de otros jugadores. Para disponer de ellos podremos acceder a un especio conocido como la Falla, una especie de brecha dimensional donde estos hombres y mujeres ajenos a la vida y la muerte esperan para ser de utilidad. Incluido el nuestro, porque llegado el momento tendremos que dar forma y aptitudes a nuestro propio peón, equiparlo y hacer que progrese, al igual que nuestro avatar con sus propios Puntos de Vocación. Y el resultado, como sucede con el resto, estará disponible para que los demás jugadores le den uso. No temás, el peón no puede morir. No dejarás de contar con él o con ella, es más, si forma parte del equipo de otro jugador, cuando vuelva lo hará con un plus de experiencia, e incluso con nuevo equipo, si es que el empleador ha sido tan generoso como para regalárselo.



Y eso sí, bajo nuestras órdenes podemos indicarle que se comporte de una determinada manera (nos lo preguntará el propio peón cuando nos sentemos en la Silla del Saber en el recinto indicado de la ciudad) en diversas situaciones, lo que definirá la táctica de nuestro asistente y su personalidad. Podremos contar con hasta cuatro miembros en nuestro grupo para confeccionar una alegre pandilla de distintas habilidades según su vocación, ya sea Guerrero, Explorador o Mago, y sus sucesivas evoluciones conforme avance el juego que darán pie a nuevas vocaciones a resultas de mezclarlas entre sí.

Con todo lo anterior y un desarrollo a base de misiones, lo que en consolas ya era un juego muy disfrutable, en PC repite por sus fueros, pero además con la mejora que aporta el lavado de cara gráfico y, lo más importante, la estabilidad en los equipos adecuadamente equipados, lo cual hace mucho más placentera la experiencia. Hay que recordar que los usuarios se quejaban de las sempiternas caídas de framerate en las versiones originales, con lo que si le echan el guante a Dragon’s Dogma: Dark Arisen les va a saber a gloria. En realidad no solo a ellos. El PC estaba más asociado un determinado tipo de rol más occidentalizado hasta hace relativamente poco. Y si bien Dragon’s Dogma no es que sea exageradamente japonés, si es un buen soplo de aire fresco que satisfará a quien guste de pasear por bellos parajes y, al siguiente minuto, partir en dos a un bandido que le sale al paso en las montañas. Y si se usan objetos elaborados por uno mismo, con ingredientes recolectados con mimo y dedicación por sus manos y las de su fiel peón, pues mejor que mejor, qué caramba.

Juan Elías Fernández

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Valoración final:

Jugabilidad: Dinámica, sin grandes complicaciones y con habilidades personalizables. Se echa en falta poder fijar el objetivo.

Gráficos: Con un estilo muy japonés, sin la enfermiza obsesión por el detalle que hay en occidente, pero agradables. Y desde luego, mejorados en esta versión.

Sonido: Voces en inglés, pero que no cunda el pánico, que los textos están en castellano. En el apartado musical, acompañamiento correcto sin grandes estruendos.

Duración: Otro gran punto a favor. Muy extensa, puede llegar hasta las cien horas, sin contar los contenidos extra.

 

Conclusión

Llegar tarde no es sinónimo de llegar mal. Dragon’s Dogma se ha hecho de rogar para pasarse al PC, pero hay que reconocer que cuando lo ha hecho, lo ha hecho con honores. Visualmente es estupendo, y jugablemente está a una altura fantástica. Lo tiene difícil para ser el mejor en lo suyo, pero es que cuando los mejores tienen tanto nivel de excelencia, incluso a un muy buen juego como es el caso le cuesta escalar a ese trono. Que los árboles no te tapen el bosque y dale una oportunidad si no lo has hecho ya. Te puede sorprender muy gratamente, aún casi cuatro años después.

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Juegos relacionados:

Dragon’s Dogma
Dragon’s Dogma Online

Si te ha gustado te gustará:

Dark Souls
The Elder Scrolls V: Skyrim

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No te quedes solo en el juego:


Anime: Record of Lodoss War

Libro: El ojo del cazador, de Dennis L. McKieman

Canción: DragonForce: Through The Fire And Flames
 

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.

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