Bienvenidos al club de la velocidad máxima

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DriveClub es la apuesta de conducción de PlayStation para la nueva generación. A través de una mecánica basada en una conducción social, experimentamos una sensación de velocidad competitiva al mismo tiempo que nos divertimos peleando sobre el asfalto por nuestro club en variados modos de juego. 

La conducción es uno de los géneros que está apostando con más fuerza por la nueva generación. Tanto Microsoft como Sony se han enfundado el mono y se han subido a sus mejores monoplazas para pelear por la supremacía sobre el asfalto. DriveClub es la apuesta de PlayStation 4 en este aspecto, de la mano de uno de los estudios más consagrados y experimentados para la compañía nipona en este ámbito, Evolution Studios

Desde su anuncio, este esperado título ha estado en boca de todo el mundo jugón. Tras un sonoro retraso en su fecha de lanzamiento, finalmente la acción de los circuitos comienza a rugir en DriveClub y PlayStation 4, tras un desarrollo algo tormentoso. Y, como en AlfaBetaJuega, disfrutamos enormemente del sonido de los motores en plena acción, nos hemos dado unas cuantas vueltas por DriveClub y nos hemos adentrado en su club exclusivo, para no perder el tren de cabeza en la carrera. 

Aunque DriveClub destaca por su amplio componente social, en el que competir junto a nuestros amigos o miembros de club en una experiencia online con jugadores de todo el mundo, esta no es su única virtud. Esto se debe a que el título incluye un modo offline de lo más interesante, con una experiencia completa y que podríamos definir como su propio modo historia, aunque hay poco argumento sobre el que basarse, simple y llanamente debemos pisar el acelerador a fondo para alcanzar la bandera a cuadros. A través de este modo offline podemos disfrutar de una gran variedad de modos de juego, con los que deleitarnos y echarle horas a los circuitos, para ir familiarizándonos con ellos de cara al beneficio de nuestro club, del cual hablaremos más adelante. 

La máxima experiencia de la conducción en solitario la encontramos en el Modo Tour. Aquí podremos realizar todo tipo de acciones con el fin de conseguir un amplio nivel de fama, que será vital de cara a desbloquear monoplazas y subir nuestro nivel como piloto. Con esta premisa nos enfrentamos a diversos retos con objetivos determinados: en estas pruebas tenemos que competir en carrera, contrarreloj o competición de derrapes; en cada una de ellas se nos ofrece un número de estrellas, que se nos otorgan por cumplimiento de objetivos: acabar entre los tres primeros, superar el reto de velocidad media o máxima en determinados tramos, conseguir un tiempo de vuelta rápida, realizar una gran puntuación de derrape… entre otras muchas opciones más. 

Estas estrellas se reparten en un total de 225, con las que podremos desbloquear nuevos niveles de Modo Tour, hasta alcanzar los 50 disponibles, con los que conseguir la fama total como piloto, con las que poder desbloquear y comprar nuevos modelos de coches. En estos retos podremos conseguir una gran cantidad de puntos que se sumarán a nuestra experiencia: alcanzar el rebufo de los rivales, realizar una buena conducción sin dañar nuestro coche, no causar colisiones, un adelantamiento… todo suma y a la vez resta, si no realizamos maniobras con cordura. La única pega puede estar en la escasa variedad de modalidades en este Tour, ya que se limita a las tres opciones mencionadas, con el único aliciente de su incremento de dificultad, que se traduce en una IA más agresiva por parte de los rivales, la desaparición del indicador de frenada en las curvas o el uso de coches con menor potencia que el resto. Superar el Modo Tour no es tarea fácil e incluso nos puede llevar hasta una decena de horas completarlo. 

Sin duda es un gran modo para iniciarse en la experiencia de DriveClub y familiarizarse con su manejo, aunque no es el único del que podemos disfrutar fuera de línea. Ya que también se ofrece la posibilidad de realizar estos tres modos de juego de manera independiente, sin la necesidad de cumplir objetivos y profundizar en los 25 circuitos y 55 rutas diferentes con los que cuenta el juego, divididos en cinco países: Escocia, Noruega, Chile, Canadá y la India, en la modalidad denominada Evento Único.

Pero, adentrémonos en el grueso del título de Evolution, que no es otro que la experiencia online. A través del modo Multiplayer podemos acceder a multitud de oportunidades, pero el signo de identidad del juego es pertenecer a un club. Podemos adherirnos a uno que ya esté creado, siempre y cuando el número de jugadores no sea superior a 6, o podemos crear uno propio. Sin lugar a dudas, esta segunda opción ofrece un amplio nivel de personalización en lo referente a nuestro club, como elegir el símbolo, los colores característicos y muchos aspectos más con los que podemos invertir varios minutos en los menús, hasta dar con la tecla correcta.

Una vez pertenecemos a un club comienza la acción sobre el asfalto. Cabe destacar que a medida que realizamos tareas en conjunto con nuestro club, el nivel de fama del mismo va subiendo, con lo que es posible desbloquear nuevos vehículos a través de este proceso. Con esta modalidad online la función del trabajo en equipo cobrará su máximo esplendor, ya que durante una carrera no solo basta con quedar entre las primeras posiciones, sino que hay que cumplir una gran variedad de objetivos que otorgan puntos a nuestro conjunto. De hecho, si no somos especialmente competitivos o no se nos da muy bien pelear por los primeros puestos, podemos dedicarnos a realizar este tipo de acciones relacionadas con récords de otros jugadores o propuestos por el juego, de modo similar a lo que ocurre en el Modo Tour. Cada cual puede aportar su granito de arena al club conforme a sus habilidades.

Además, para aumentar la competitividad entre clubes, desde Evolution han implementado un sistema de ránking general en el que se muestran las puntuaciones totales obtenidas por cada conjunto, por lo que pueden surgir varios piques con el paso del tiempo, algo que promoverá que los jugadores sigan enganchados al juego, tratando de superar a sus rivales. Pero, ¿y si no queremos participar en carreras por equipo mientras estamos en línea? No importa, porque también disponemos de un navegador de eventos, mediante el cual podemos experimentar en línea nuestra conducción en solitario y sumar puntos como piloto. Por el momento solo se han incluido un par de modalidades de estos eventos que se basan en carreras de resistencia y de vehículos específicos. No obstante, son eventos que se actualizan a cada segundo, por lo que siempre podemos estar activos y acceder a ellos no supone una larga espera (entre 25 y 30 segundos). 

Pero, por si esto fuera poco, también tenemos la opción de competir contra nuestros propios amigos de PlayStation Network, a través de eventos privados. Así nos libramos de los típicos jugadores que se dedican a fastidiarnos la partida si queremos conducir de manera seria y entre amigos, para pasar un buen rato sin la necesidad de entrar en cólera por las acciones de terceros.

Con respecto a la gran comunidad que conforma DriveClub encontramos el último modo de juego que se ha implementado: los Desafíos. Los desafíos se basan en retos que plantean los usuarios a otros jugadores, con el fin de presentarles un verdadero desafío, como su propio nombre indica. La gran diferencia de este modo es que al superar los desafíos de otros usuarios, obtenemos un amplio número de puntos de experiencia, con lo que la subida de nivel se antoja más dinámica, si es que somos capaces de superarlos. La mayoría de ellos se sostienen en recorrer un circuito con monoplazas determinados.

Una vez conocida la propuesta de DriveClub, ¿cómo se trasladan estas ideas al juego? ¿Qué ofrece a nivel jugable? Uno de los aspectos que destaca es la simpleza en la conducción, algo que puede parecer una ventaja a primera vista, pero que se torna en algo monótono con el paso de las carreras, especialmente si jugamos en solitario. La IA de nuestros rivales está lograda, hasta el punto de que son capaces de cogernos rebufo y pasarnos como auténticos bólidos o dificultarnos un adelantamiento de tal manera que debamos abandonar el asfalto. Sin embargo, la experiencia podría haberse visto ampliamente mejorada mediante reglajes, que directamente no existen, por lo que no se tienen en cuenta las características de cada uno de los coches, algo que se traduce en una conducción similar en los 50 modelos disponibles. El único aliciente lo podemos encontrar en el cambio de marchas manual, para dificultar nuestra conducción.

Este es el principal motivo por el que DriveClub no es un simulador de conducción al uso, sino que se acerca más al género arcade. Nos dedicamos a competir, sin preocuparnos en exceso de los métodos y la dificultad de la propia conducción. No obstante, no es algo que reste en exceso la diversión, a pesar de esa sensación de traccionar sobre raíles. Por su parte, se incluye un sistema de penalización que no es excesivo, por lo que si decidimos saltarnos una curva o colisionar de manera violenta con un adversario, el juego nos detiene durante unos tres segundos en una velocidad moderada; también se ha querido evitar la conducción por fuera del asfalto, así que una vez estamos fuera, el juego nos introduce en una cuenta atrás de tres segundos y si no hemos vuelto antes de ese tiempo a la trazada, somos penalizados igualmente. 

Otro de los aspectos a nivel jugable en los que el juego sufre alguna que otra carencia es en el sistema de colisiones. Es cierto que si recibimos golpes en nuestro monoplaza, este se deteriora a causa de ello, pero los desperfectos no se adecúan a lo que sería un golpe real. Un ejemplo lo encontramos en un golpe brutal contra un guardarraíl donde, en lugar de quedar hecho un amasijo de hierros, tan solo apreciamos cómo el faro trasero sufre alguna que otra grieta y arañazos en la carrocería. No habría estado de más obligarnos a mantenernos en los límites de la pista, para no terminar la carrera antes de tiempo contra una de estas protecciones. En nuestra experiencia personal es algo que nos ha aportado la posibilidad de conducir a más de 200 km/h sin la preocupación de colisionar contra los obstáculos, y haciendo caso omiso a las banderas de frenado de las curvas (rojo para frenada fuerte, amarillo para frenada leve y verde para coger la curva a fondo),ya que el monoplaza se puede controlar perfectamente tras ello.

Salvo por estos detalles, la experiencia jugable se disfruta por su nivel competitivo. DriveClub es un título pensado para que no nos relajemos, a pesar de disfrutar de una cómoda primera posición, porque los adversarios estarán siempre al acecho, esperando a que cometamos algún error o dejemos un mínimo resquicio por el que colarse. A pesar de su simplicidad es una mecánica que invita a ser jugada sin demasiadas preocupaciones.

Por último, respecto al nivel jugable, una vez consigamos nuestras recompensas a modo de monoplazas durante el desarrollo de nuestra aventura, podremos visualizarnos con todo lujo de detalles en el garaje del menú principal. Aquí podemos observar los 50 coches disponibles, así como sus características y la posibilidad de personalizarlos con los colores que más nos apetezca. Se espera que mediante diversos contenidos descargables se amplíe la variedad de monoplazas disponibles que resulta algo escasa.

En relación al nivel gráfico de DriveClub podemos decir que lo referente a la conducción pura y dura está bastante cuidado. Los coches están muy bien retratados y trasladados con fidelidad, así como el asfalto y sus elementos característicos. Lo que sí se intuye ciertamente menos logrado es el entorno: aunque podemos ver paisajes verdaderamente bonitos en la intro de la carrera, durante el trayecto de la salida a la meta el escenario pierde mucha fuerza. Resulta especialmente superficial el entorno nevado, ya que la densidad de la meteorología no está trasladada con la fidelidad necesaria. Lo que sí se ha trasladado con algo más de éxito es el sistema de iluminación, especialmente la interna del coche y todos sus elementos. 

Pero lo que más nos ha impresionado en el aspecto gráfico es la transición del día a la noche. Mientras conducimos a altas velocidades nos cuesta mantener la noción del tiempo, algo de lo que se encarga de recordarnos el cielo. Es impresionante la capacidad con la que la iluminación comienza a bajar paulatinamente, dejando paso al atardecer y la caída de Sol, que puede resultar un infierno cuando nos da de cara, dificultando la conducción (especialmente si utilizamos la cámara en primera persona). Los escenarios se tornan más bonitos en estos momentos, dejando a un lado sus deficiencias. Los atardeceres y amaneceres son una auténtica gozada en DriveClub. También merece la pena destacar la conducción nocturna, con una iluminación muy cuidada respecto a lo que los faros nos permiten ver del asfalto.

Entrando en un aspecto algo más técnico el juego alcanza una resolución de 1080p, algo que se traslada de manera sobresaliente en el acabado de los vehículos. Sin embargo, el juego corre a 30 frames por segundo, que, aunque no afecta en demasía a nivel jugable, sí que se denota algún momento de bajón en el framerate cuando alcanzamos velocidades excesivas. Es un aspecto salvable, porque se produce en momentos puntuales, aunque no deja de ser curioso.

Por último, nos gustaría dedicarle un par de líneas al aspecto sonoro. El rugido de los motores está trasladado con una gran fidelidad, resultando absolutamente brillante. Algo contrario pasa con el sonido de las colisiones, el cual abusa del característico “crash” de los cristales. Por no mencionar la ausencia de una banda sonora con algún tema movidito: nos limitamos a escuchar algunos temas instrumentales bastante descafeinados mientras navegamos por los menús. 

Por lo tanto, DriveClub nos ofrece una interesante propuesta de conducción en comunidad, donde podemos tener acceso a grandes posibilidades en el traslado del juego social y compartirlo con nuestros amigos, con lo que se le puede dar un gran uso al botón Share del DualShock 4. Sin embargo, es el comienzo de algo que puede ir más allá, por lo que aún hay grandes aspectos que mejorar en torno a la jugabilidad y los elementos que se incluyen en él. Aun así, es un título entretenido que premia la competitividad, ofreciendo un juego de conducción con el que pasar varias horas apretando el acelerador en favor de nuestro club.

Juan Montes

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Valoración final

Jugabilidad: La jugabilidad de DriveClub es divertida, aunque prácticamente mecánica. Una vez que nos habituamos a la distancia de frenada en las curvas, puede parecer que tenemos la conducción completamente controlada, con lo que el reto de mantener el coche en la trazada se vuelve relativamente sencillo. Algo que se complica sobremanera con el cambio manual, solo apto para los más expertos.

Gráficos: Posiblemente es uno de sus puntos más débiles. Aunque el acabado de los coches es realmente impresionante, así como la transición día/noche, el flojo aspecto de los entornos nos ha dejado absolutamente fríos, dada la magnitud del título y su amplio desarrollo.

Duración: Depende de lo que estéis dispuestos a jugar. La experiencia online es tan amplia que puede aportar decenas y decenas de horas de juego sin descanso, aunque si queréis jugar en solitario, el Modo Tour, por ejemplo, puede completarse en una franja entre las 8 y las 10 horas.

Sonido: Sobresaliente en lo referente al rugido de los motores y el sonido de los derrapes. También destaca la interacción con el entorno, cuando pasamos sobre un charco, por ejemplo.

Conclusión:

DriveClub es un título de conducción arcade que cumple con su cometido, aunque tiene un amplio margen de mejora. Nos aporta grandes posibilidades a la hora de la conectividad con la comunidad de usuarios que, sin duda, es su punto fuerte. 

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No te quedes solo en el juego:

  • Una película: Too Fast too Furioius, la saga
  • Una canción: Fast In My Car – Paramore

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