Mi villano favorito

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En una época donde la orden del día era salvar el mundo enfrentándose  a un enemigo tan malvado como poderoso, Peter Molyneux da la vuelta a la tortilla y convierte a los héroes en villanos y viceversa. Pero ser un señor del mal tampoco es un camino de rosas. 

Héroes, vaya peste. Entran a la mazmorra de uno como Pedro por su casa, lo ponen todo patas arriba, saquean, rebanan a los secuaces en filetes, le frustran a uno los planes y hala, a casita a recibir los vítores y los aplausos de los aldeanos mientras viven felices y comen perdices. Visto desde fuera es muy bonito pero, ¿se ha parado alguien acaso a verlo desde el punto de vista del villano? ¿Es que un señor del mal no tiene derecho a ejercer libremente? Que esto tiene su intríngulis, señores, que no es todo risa tenebrosa y amenazas. Hay una gestión detrás de todo y un esfuerzo de unos duendes que sudan la gota gorda para que venga el primer Lord Buenazo de turno a hacerse una reputación a costa de un trabajo duro. Pero es que este gremio de los malvados es así de ingrato.

Menos mal que vino Peter Molyneux a hacer justicia en 1997 y poner las cosas en su sitio. El desarrollador era la estrella de Bullfrog, compañía que dio obras maestras de la talla de Theme Hospital y Syndicate y devoró con ellos horas y horas de los ratos de ocio y asueto de los usuarios de PC. El nombre de Molyneaux ya era conocido y pronunciado con respeto en los círculos de los ordenadores compatibles, pero Dungeon Keeper fue la puntilla.



Tras muchos años de juegos de rol, o de temática fantástica en general, donde los caballeros de brillante armadura solucionaban la papeleta aniquilando la amenaza del malo de turno, Molyneux nos puso en el punto de vista de la otra parte afectada. ¿Y si fuésemos el malo malísimo que se dedica a ir conquistando territorios para gobernarlos bajo su sabio y próspero reinado de terror, sangre y lágrimas? El tema daba para rascar bastante, porque la verdad es que el giro era bastante novedoso. Hasta el momento no lo habíamos visto de esa forma, y es verdad que levantar y mantener una guarida del mal en condiciones no es tan sencillo como puede parecer.

Nuestra labor en Dungeon Keeper no es tan diferente de otros juegos de estrategia en tiempo real basados en la microgestión, en el sentido de que hay una verdad universal que aquí no tiene excepción. Sin oro no hay paraíso, o infierno en este caso. Si no tenemos recursos para mantener el chiringuito en pie, apaga y vámonos, porque aunque tengamos el control sobre un máximo de 18 tipos diferentes de criaturas tenebrosas, y hasta de vez en cuando les tengamos que arrear un cate para que se den aire con lo que están haciendo, incluso ellos sabrán ver cuándo la cosa no tiene futuro. Por tanto si se quedan sin cobrar o si no les aseguramos la comida, hay un serio riesgo de que les dé un arrebato proletario y a falta de un sindicato al que ir a quejarse pierdan el control y arramblen con lo que encuentren.

De manera que para que eso no pase y nuestras tropas del terror estén debidamente conformes y satisfechas, les tendremos que asegurar riqueza, alimentación y espacio, y eso lo haremos expandiendo nuestra base del mal. Excavando nuevas estancias en las que colocar guaridas, criaderos para la comida, salas de tesoro, cuartos de entrenamiento, talleres, etc., conseguiremos no solo que nuestras filas no se nos vayan de madre, sino que además acudan nuevos efectivos a través de portales que previamente debemos reclamar para nosotros. Así, en función del tipo de estancias y número de casillas que estas ocupen, aparecen nuevas criaturas de diferentes características, desde rápidas moscas gigantes que podemos usar para montar guardia hasta auténticos mastuerzos del inframundo como el Segador Astado, la criatura más potente del juego, pero también la de mecha más corta. Si no le tenemos ocupado o satisfecho, el Segador la tomará con nuestras propias tropas. Pero eso sí, ponedle delante un grupo de bienhechores y veréis que es mano de santo. O de demonio.



Precisamente, los buenos no se quedarán tampoco de brazos cruzados y harán lo que tantas veces hemos hecho nosotros en su papel. Buscarán una entrada a nuestros dominios e intentarán penetrar hasta llegar al corazón de la mazmorra, donde se encuentra el núcleo de nuestro poder. Si el corazón cae, es el fin para nosotros, pero eso vale también para el resto de señores que puedan controlar un mapeado en concreto, de modo que si no somos los únicos en un escenario, eliminar este epicentro ha de ser nuestra prioridad. Podemos complicarles un poco las cosas a los chicos de la película sembrando su camino de trampas, haciendo uso de hechizos o, directamente y de manera literal, agarrando en nuestra mano diabólica a nuestras criaturas, hasta diez de ellas de una tacada, y soltándolas en sus narices para que se enzarcen en combate. Si nuestros chavalotes están bien entrenados no solo harán más daño, sino que podrán hacer uso de armas y algunas habilidades avanzadas. Y si derrotamos a los enemigos, también podemos tener planes para ellos.

Desde obsequiarles con una temporadita en los calabozos para interrogarles en la sala de torturas o, simplemente, dejar que se pudran y que sus esqueletos se conviertan en nuevos miembros de nuestras tropas, hasta usar sus propios cadáveres como reclamo en un cementerio para que acudan vampiros que podamos reclutar para nuestras filas.

Las posibilidades de Dungeon Keeper son muchas y muy originales para el momento en el que salió. Adoptar el papel de un supervillano de fantasía es tan cruel como divertidísimo, es especial en lo que a la motivación de nuestras criaturas respecta. No es solo que se nos pueda ir la mano e inflarles a guantazos para que se den prisa con sus labores, sino que usar elementos como la sala de tortura con ellos mismos puede tener consecuencias, y es que no hay nada más motivador que oir los alaridos de un duende vago para que los demás sepan lo que les espera si no cumplen sus obligaciones con alegría.

Eso sí que sube la moral. Por otro lado, Dungeon Keeeper está pensado para que tanto los fans de la estrategia en tiempo real como los que se acercan al género puedan sacarle punta, ya que durante las primeras misiones de la campaña se nos lleva de la mano para ir descubriendo lo que podemos hacer, e incluso una voz digitalizada en perfecto castellano, al igual que los textos, nos irá avisando de cuándo nos atacan, cuándo hay que ampliar alguna estancia y, en definitiva, todo lo que necesitemos saber.

Dungeon Keeper era uno de esos juegos de una época gloriosa en la que sabíamos cuándo encendíamos un PC pero no cuándo lo íbamos a apagar. Esos juegos de “termino este escenario y lo dejo” que nos atrapaban sin darnos cuenta en un dulce, dulce abrazo férreo casi imposible de romper. Pero sobre todo era Peter Molyneux en su mejor estado de forma, el Molyneux de verdad, el que hacía honor a su reputación. Es bueno ser malo si es con un juego tan excelente como Dungeon Keeper, al que contemplan 16 para 17 añazos y aun así merece la pena rescatar.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:
 

  • Canción: Michael Jackson – Bad
  • Película: Gru, mi villano favorito
  • Novela: Muy pronto seré invencible, de Austin Grossman

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