AlfaBetaRETRO: Dyamite Düx – La rebelión de los animales

 

 

La irrupción del “yo contra el barrio” popularizada por Technos y sus juegos de Kunio-kun, con un necesario lavado de cara con la estética de The Warriors, y el mítico Double Dragon hicieron mucha mella en los arcades. Como generalmente suele pasar, cuando un género se revela como una mano triunfadora, no faltan los alumnos aventajados que acuden a arrimarse a ese ascua. Pasó con Karate Champ y pasa en este caso, aunque cuando aportan mejoras, variedad u otro toque diferente, al final es algo que el jugador agradece.

Con los beat’em ups, está claro que la que mejor nota tomó para arrebatar el trono de Technos fue Capcom, que primero con Final Fight y luego con máquinas de sobras conocidas como Cadillacs and Dinosaurs o Captain Commando, hizo suyo este dominio. Otras compañías intentaron también poner su pica en este Flandes lleno de macarras de callejón midiéndose el lomo entre sí, pero si la lucha en las calles era cruenta, en el propio negocio de los arcades también. La diferenciación era la mejor arma, mejor que una botella rota o que un bate de béisbol. Y mejor que encontrarse un pollo al ast en un cubo de basura.

Sega probó suerte en este género y no salió mal parada. Prueba de ello es Golden Axe, que además sirve de exponente a un subgénero denominado hack and slash, que vendría a ser el beat’em up con arma blanca. No obstante, la jugada más curiosa fue mirar hacia los coloridos juegos de animalitos más propios de empresas como Konami o Taito y llevar este achuchable elenco a una batalla campal. Así fue como Dynamite Düx llegó y se hizo con nuestro corazoncito.

Los patos Bin y Pin están retozando felizmente en un bucólico prado lleno de flores con su dueña Lucy, cuando de repente aparece un extraño individuo que la apresa en una burbuja y se la lleva. Lucy está prisionera de un hechicero llamado Achacha, y a falta de un héroe de acción en las inmediaciones, Bin y Pin se atan los cordones de sus zapatos ortopédicos, se ajustan la pajarita y se repeinan el flequillo para salir al rescate. Si hay que sacudir tollinas y patadas por todo el mundo para que Lucy vuelva sana y salva, pues se sacuden.

Dynamite Düx es una rara avis, valga la expresión, dentro del catálogo de Sega y dentro del género del beat’em up en general. En ninguno de los dos brilla especialmente, pero al mismo tiempo es un juego que tiene su culto. Buena parte de la culpa es de su aspecto simpático y humorístico, y es que sus diseños son bastante paródicos. Sega nos ofrece en esta recreativa el peculiar placer de ver a una colección de animales humanizados y bastante expresivos, la verdad sea dicha, recibir puñetazos, patadas, disparos y bombazos de parte de dos patos con pajarita y un crochet demoledor, que además propinan con un puño gigantesco si mantenemos el botón pulsado como si emularan a Popeye tras un buen chute de espinacas.

Bin y Pin recorren varias fases en este arcade de Sega a base de golpes y saltos. La elección no es muy amplia, un toque sencillo del botón propina un puñetazo, una pulsación prolongada hace que giren el brazo y al soltarlo golpeen con más fuerza, llegando a lanzar una onda expansiva que se lleva a varios enemigos por delante, y si lo pulsamos en salto atizan una patada. El problema que la naturaleza no bendijo a los patos con un especial don para las artes marciales, y de hecho, si en Dynamite Dúx queremos ir a tumba abierta a por los rivales, que aparecen a veces en nutridos números, podemos salir trasquilados.

El corto alcance de los golpes de Bin y Pin queda mitigado por ese gancho mortal que nos llevará un par de valiosos segundos cargar, pero hay más alternativas. A lo largo de los niveles nos encontramos con armas, algunas de las cuales alegrarían el día a Clint Eastwood. El tono paródico y absurdo se acentúa cuando vemos a nuestros repeinados patos liarse a pedradas, lanzar bombas (que por alguna razón tienen ojos pintados, y que es que este juego casi todo tiene ojos), disparar ametralladoras, cohetes, guantes de boxeo a propulsión, lanzallamas o pistolas de agua. Que poca broma, porque contra un enemigo que es todo él una llama de fuego, es lo que mejor nos puede venir.

Lo que tienen enfrente es un verdadero zoológico de lo más variopinto y bastante loco. Tenemos zorros patinadores (con casco, porque la seguridad es lo primero), cabezas de perro que amenazan con darnos una poderosa dentellada, cocodrilos boxeadores, cerdos practicantes de sumo, topos ninja, lobos militares, rinocerontes quarterbacks, conejos con un muelle por piernas… Y todos ellos tiene un toque cómico cuando caen derrotados, porque realmente no entran en la pelea contra los patos. Los patos son, en verdad, los únicos macarras del juego, ofreciendo muchos de los enemigos una resistencia pasiva, que eso sí, merma la salud de los ánades con cualquier contacto. Por otro lado, los lobos que nos acribillan a tiros o a morterazos y los cocodrilos que nos arrojan su dentadura, bien es verdad que muy dados a resolver las cosas hablando, no parecen.

Tampoco los jefes son nada convencionales. Aquí Sega parece querer compensar el diseño artístico del juego con unos enemigos que intentan mostrar más músculo a base de efectos de rotación principalmente. Y es que muchos de ellos consisten en un núcleo (por supuesto, con ojos) rodeado de llamas, nubes, rocas y demás, que van orbitando a su alrededor y que debemos esquivar. Otras veces serán enemigos estáticos que nos arrojarán algo al alimón, pero generalmente no disponen de unas pautas muy variadas. Es lo que se le puede achacar a Dynamite Düx, que como beat’em up, no es de los mejores.

Pero pese a ello, es difícil explicar el encanto de este juego, que lo tiene. Quizá sea por su sencilla jugabilidad, por su banda sonora pegadiza, su colorido o por algunos toques de humor surrealista nipón, como el que el mismísimo Coronel Sanders deje sus labores como mascota de KFC para arbitrar la fase de bonus, consistente en un combate de boxeo entre Bin y Pin. Será por lo que sea, pero Dynamite Düx tiene su gracia. Y conversiones múltiples, certificado de éxito. Los usuarios de Amstrad, Spectrum. Commodore 64, Amiga, Atari ST y Master System tuvieron ports de esta curiosa recreativa. Lo que sí está clara es una cosa. A los jovenzuelos de los ochenta nos gustaban los animales de ojos grandes. Y si llevan armas y están en pie de guerra, mejor.

Juan Elías Fernández

Juegos Relacionados Si te gusta juega a… No te quedes solo en el juego

Sonic The Fighters

 

Serie: Patoaventuras

Canción: Seguridad Social – Que te voy a dar

Cerrar