AlfaBetaRETRO: Exolon – Maniobras en el espacio

 

De grandes juegos de acción del tipo run and gun no vamos cortos, pero generalmente nos remitiremos a los arcades o a las consolas, donde las grandes desarrolladoras como Konami con Contra, Capcom con Ghosts N’ Goblins, Sega con Shinobi o Nintendo con Metroid tuvieron algo importante que decir en el género. Por suerte para los usuarios de ordenador en la segunda mitad de los ochenta, había vida más allá.

Si has crecido jugando con una consola, asomarte al mundo de los juegos de ordenadores de 8 y 16 bits de la época puede ser un poco duro. Pero en las casas españolas, estaba bastante a la orden del día tener o bien un ZX Spectrum o un Amstrad CPC. Como sabrás, la industria de desarrollo de juegos española no cató las consolas hasta ultimísima hora, y estos sistemas junto con el MSX y el Commodore 64 en según qué casos eran su territorio preferido. Eso era bastante sintomático, y es que en realidad estábamos todavía en un mundo aparte que no se podía ni comparar a lo que se jugaba en las Famicom japoneses. Muchísimo menos a las máquinas recreativas, cuyas conversiones contaban como principal atractivo con que las partidas ya no costaban cinco duros.

No obstante, siempre hay figuras destacadas que llevan el diseño un paso más allá. Raffaele Cecco, diseñador irlandés que tuvo su renombre de 1986 a 1991, fue uno de ellos. Con su Cybernoid, cogió un shoot’em up y le añadió un componente de exploración que lo convirtió en un clásico de su época, algo con lo que ya experimentó en su primer juego, Equinox, tan lejos como en 1986. Y en el 1987, antes de este exitazo, dejó claro que los sistemas domésticos podían tener también arcades más que dignos con Exolon.

Dependiendo del sistema, Exolon no entra en demasiados detalles (en lo que es el juego, directamente en ninguno) si leemos su manual. Pero la intro de la versión Amiga sí presentaba una historia bastante detallada en la que se contaba que los sistemas defensivos instalados en un planeta alienígena se habían vuelto contra los humanos y estaban atacando a sus propias naves. Esto requiere, claro, de un héroe curtido en mil fregados y que no le tiemble el pulso a la hora de enfrentarse a un sistema de contramedidas que abarca el planeta entero. Para ello contará con un exotraje, cohetes, un láser, munición limitada pero reponible y la posibilidad de mejorar su coraza para aumentar su potencia de fuego. El destruir los sistemas defensivos, evitar trampas y aprovechar cápsulas de transporte en su provecho ya corre de su cuenta.

Mezclar churras con merinas, velocidad con tocino y meninges con témporas no suele servir de nada. Por ello, hay que observar los juegos para microordenadores dentro de su debido ámbito. Unos juegos que se controlaban en la mayor parte de casos con cuatro direcciones y un solo botón de acción, generalmente de disparo o de salto. Unos juegos, también, bastante más abiertos a experimentos y a conceptos diferentes, de lo que dan fe las videoaventuras. Skool Daze, sin ir más lejos, es un juego donde un gamberrete de internado británico tenía que robar su propio expediente antes de que le expulsaran por ser un pieza. Esto no suele ser un idea que otros soportes tenga mucho pábulo sin que se transforme en un género bastante más generalista, preferiblemente con mucha acción.

Por otro lado, las limitaciones técnicas de estas máquinas hacen que precisamente el género de la acción palidezca cuando se compara con títulos de sobra conocidos, por mucho que puedan tener conversiones para estos ordenadores. Se necesita un toque extra, y es donde entra Raffaele Cecco. En el caso de Exolon, juego que recordemos que data de 1987,  Cecco aborda el run and gun y no será la última vez que lo haga. Pero por el momento tenemos a un soldado espacial liado a tiros y misilazos. Hasta aquí todo bien, pero si hablamos de ordenadores, estas dos posibilidades de ataque ya son dignas de mención si tenemos en cuenta los habituales cinco inputs.

De este modo, el personaje puede moverse a izquierda y derecha, saltar, agacharse y disparar, pero si mantenemos pulsado el botón de disparo, un cohete saldrá de su chepa para buscar la estructura objetivo más cercana, generalmente misiles, radares, torretas y otros elementos que nos impiden el paso o directamente atentan contra nuestra vida. Contra las defensas como las burbujas o los misiles que vienen hacia nosotros, el cohete no servirá de nada, tendremos que despacharlas a golpe de láser, por lo que hay que variar entre los dos disparos en cada pantalla para poder superarla.

Además, hay unas cabinas que permiten teleportarnos a la siguiente de ellas, algo que podemos usar con estrategia para evitar misiles teledirigidos o simplemente para aparecer en el sitio adecuado en el momento oportuno. La munición no es infinita, disponemos de 99 disparos del rifle láser y de 10 granadas cohete, pero con cierta asiduidad aparecen una especie de mochilas que recargan estos dos tipos de disparo a su máximo, así que mejor lanzar ese cohete antes de recargar para poder llegar con 10 de ellos a la siguiente pantalla. La ayuda que mejor nos va a venir es sin embargo el modelo de traje que da nombre al juego y que nos concederá un disparo doble.

Exolon se centra bastante en la acción y en destruir cosas, pero juega también con el tener que racionar los disparos, usar con cabeza los transportadores, el saltar de plataforma a plataforma para evitar trampas como minas o caer bajo el fuego de una torreta, y el saber colocarse para poder proceder a destruir las estructuras que nos impiden avanzar. No es un juego que lo apueste todo de golpe a la acción, y ahí está parte de su encanto. La otra parte es su diseño, y es que Cecco en esto en un fiera. Hace que los escenarios, aunque no tengan mucha variedad, no se hagan repetitivos y el juego presente un desafío entretenido, que es donde realmente triunfa.

Para dejarnos el dedo machacando un botón frenéticamente ya tenemos otras propuestas. Exolon, en cambio, sabe en qué liga juega y juega muy bien. No lo compares con Metroid o con Contra, simplemente siéntate, carga la cinta, coge el joystick y disfrútalo. Es lo que hacíamos en los ochenta y nos iba muy bien.

Juan Elías Fernández

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