¡Salta, Gómez, salta!

Le ha costado lo suyo, pero al fin Fez llega a los sistemas de Sony. Uno de los desarrollos independientes más destacados de los últimos años llega con una carambola a tres bandas para poderlo jugar en PlayStation 3, PlayStation 4 y PS Vita.

Si habéis visto el documental Indie Game: The Movie, y si no es así os lo recomendamos porque la verdad es que es muy interesante, sin duda os quedaríais con el rostro y la historia personal de un tal Phil Fish. No en vano, es al creador al que se le dedica más metraje en esta cinta y de fondo subyace la historia de un desarrollo de media década plagado de problemas. Fez es un nombre corto y sencillo para un juego que, a primera vista, parece otro gancho directo a la nostalgia por esa estética retro. Esa hermosísima estética retro.

A Phil, hay que reconocerlo, sus declaraciones le pierden. Hasta su reciente retirada de escena, tan lejos como el año pasado, y precisamente poniendo punto y final al desarrollo de la secuela de este juego que vamos a tratar, este programador ha sido bastante asiduo en los titulares, especialmente en los dos últimos años cuando su juego Fez, tras no pocas vicisitudes ya había sido publicado y los jugadores podían disfrutarlo. En primer lugar en Xbox Live, donde dispuso de exclusividad temporal antes de dar el salto a Windows a través de la plataforma Steam, y de ahí a Linux y OS X. Precisamente algunos problemas con la plataforma de Microsoft, y en especial con la publicación de parches para solucionar problemas graves que podían dar al traste con toda una partida, fueron el motivo de un desencuentro de Fish con los de Redmond que trajo consigo varias rajadas al respecto.



Pero al César lo que es del César, de lo que Phil puede presumir es de tener en su haber es una medalla que no se cuelga cualquiera. Porque si hacemos balance desde que los juegos independientes han comenzado a ganar notoriedad entre el gran público, podríamos afirmar, y si nos equivocásemos sería de bien poco, que junto a títulos como Braid, Limbo o Super Meat Boy, Fez es uno de los más destacados en el campo de los desarrollos de bajo presupuesto. Un juego que hasta ahora falta en la librería de los sistemas de Sony y a lo que ha sido un estudio español, Blitworks, con sede en Barcelona, quien se ha ocupado de llenar este vacío dejado por la obra de Polytron en los sistemas japoneses. Y lo hacen matando tres pájaros de un solo tiro, ya que gracias a la función cross-buy, la adquisición de Fez para PlayStation 3, PlayStation 4 o PS Vita garantiza su uso en cualquiera de los tres sistemas.

Fez nos traslada a un mundo bastante surrealista en el que moran una especie de hombrecillos de color blanco que parecen habitar mundos dispuestos en forma similar a torres, con varios niveles de plataformas a lo largo de los cuales podemos desplazarnos saltando, trepando por enredaderas o dejarnos caer para llegar hasta la parte deseada del mapeado. En esas estaba Gómez, el protagonista de esta historia, cuando un día recibe un regalo inesperado: un fez, es decir, un sombrero de caballero propio de la cultura musulmana, que le confiere a Gómez un don muy especial. Aparte del de la elegancia, claro está.

Y es que a partir de ese momento, al protagonista se le abre, literalmente, una nueva dimensión y su mundo que hasta entonces era plano y solo regido por lo horizontal y lo vertical, de repente puede ser rotado a su antojo sobre su eje alterando la disposición de las plataformas por las que nuestro héroe puede saltar, así como revelando puertas o elementos del decorado que hasta entonces permanecían ocultos a sus bidimensionales ojos.



Que algo parece trastocarse es un detalle que vemos desde el mismo momento en que Gómez se pone el fez, instante en el que juego, en un genial guiño, simula un bug y un reinicio imitando incluso la pantalla de una BIOS de un ordenador personal al uso, pero al recomenzar la partida veremos algunas diferencias. La primera, claro está, que Gómez lleva la prenda roja sobre su sesera, pero además de eso, comenzarán a aparecer elementos que lanzarán a nuestro héroe a la aventura, siendo los primordiales de ellos los cubos, nuevos objetos tridimensionales que nos permitirán viajar a nuevos lugares sin conseguimos completarlos y reunir el suficiente número de ellos para abrir las puertas que los comunican. 


De este modo, la mecánica de juego de Fez es algo tan simple sobre el papel como localizar las ocho piezas que conforman cada uno de los cubos en cuestión y repetir todo este proceso el número de veces necesario para que los portales nos vayan concediendo acceso a nuevas zonas. Para ello, con los botones laterales o los gatillos podremos rotar el decorado sobre el eje vertical a izquierda o a derecha de manera que jugaremos con las perspectiva para que esa plataforma que parecía inalcanzable a nuestros saltos quede, noventa grados después, más a la mano vista desde su nuevo enfoque, ya que dado que Gómez se sigue desplazando en dos dimensiones, las separaciones que haya en el plano de la profundidad no le afectarán cuando camine en horizontal sobre una superficie que al haberse rotado parezca continua. No obstante, al hacer los giros sí que es posible que Gómez quede en uno de dos posibles planos de fondo, pudiendo pasar hacia adelante o hacia atrás por ciertas aberturas, o inclusive caer por huecos.

Pero bajo esta premisa tan aparentemente sencilla se esconde un juego al que se le saca muchísimo jugo y que es una lección de peso dentro del género de los puzles. Porque Fez, a pesar de su componente de plataformas, es en realidad un juego de inteligencia donde hallar las piezas de los cubos acaba siendo algo tan enrevesado que nos obliga a recorrernos medio mundo abriendo entradas ocultas y asegurándonos de no dejarnos sitio por inspeccionar en sus cuatro costados para localizar no sólo estos elementos sino también sus numerosos secretos.



La baza de Fez de poder jugar con las perspectivas no sería lo mismo si sus gráficos no se prestaran a ello. Y en este sentido la estética pixelada y cubista de Fez no sólo resulta simpática y muy agradable a la vista, además de variada y con elementos de gran colorido que nos da la sensación de estar realmente atravesando zonas muy diferenciadas, sino que es perfectamente plausible para que, a la hora de rotar el mundo, según qué elementos queden ocultos a la vista mientras que otros se insinúen levemente dándonos alguna pista de por dónde seguir. Gómez y sus congéneres son personajillos adorables, pero es que el juego no podría funcionar igual si fueran de otra forma. Y a este aspecto visual brillante se le une una suavidad en su ejecución que hace que la experiencia de juego vaya sobre ruedas.

De acompañamiento, tenemos una banda sonora muy buena al estilo chiptune que sirve para ambientar nuestra partida sin grandes estridencias, lo que pide un juego que ha de tomarse de manera sosegada, pensando bien el siguiente movimiento y decidiendo cómo alcanzar ese punto en pantalla que se resiste. Y creednos, hay veces que hacerse con esos condenados cubos es algo desquiciante. La dificultad de Fez asegura un buen reto, aunque nos llegue con retraso con respecto de los usuarios de otros sistemas, sin embargo, la posibilidad de poder retomar nuestra partida entre cualquiera de las máquinas de la familia PlayStation es una novedad que nos permitirá que nuestro progreso en Fez no encuentre límites si queremos llevárnoslo detrás en PS Vita.

En el fondo, Fez es un juego que invita a la reflexión, a buscar la perspectiva de las cosas. A veces, como en la vida misma, conviene pararse y mirar todas las opciones que tenemos ante nosotros desde todos los ángulos posibles. Quizá sea casual, o quizá es que Fish quiso hacer una especie de alegoría con este juego. Lo que sí podemos decir es que jugar con Gómez es enamorarse al instante de él. Será el sombrero.

Juan Elías Fernández

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Valoración final

Jugabilidad: Como los grandes juegos, sencilla pero bien aprovechada. Moverse, saltar, interactuar con objetos y girar el escenario, poco más hace falta.

Gráficos: Factor nostálgico aparte, el apartado visual de Fez es maravilloso. No serán gráficos ultrarrealistas, pero es el aspecto que mejor casa con el propósito del juego. Y además es muy creativo.

Sonido: De nuevo sin grandes alardes pero con un estilo en su banda sonora que le viene como un guante.

Duración: Fez no requiere mucho tiempo para ser completado. En aproximadamente 6 horas puede terminarse, en torno a 12 si queremos localizar todos sus secretos.

Conclusión: A estas alturas, dos años después de que viese la luz comercialmente, no vamos a descubrir Fez a nadie, y menos a quien ya lo haya probado en los sistemas anteriores. Esta versión para la familia PlayStation asegura juego a 60 fps, la posibilidad de retomar la partida entre sistemas, y en el caso de PS4 algunas virguerías gráficas y el uso como indicador de la luz del Dualshock 4, pero en esencia es el mismo juego que nos maravilló en 2012. Y es lo mejor que se podría decir de una nueva versión de Fez.

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