AlfaBetaRETRO: Final Fantasy Legend – El primer rol en Game Boy

De todos es sabido que Square dio en el clavo con Final Fantasy, aquel juego de rol de nombre profético y apocalíptico que, por suerte para lo que nos tendría que llegar después, no acertó en su vaticinio de ser el canto del cisne de la desarrolladora. Muy al contrario, fue un renacimiento del estudio, justo a tiempo para que alguno de sus fundadores y mejores programadores evitara tener que meterse a electricista para subsistir. Y al mismo tiempo, el mejor aval y tarjeta de visita para el equipo nipón a la hora de introducir sus futuras aventuras interactivas en el mercado occidental.

Square y Final Fantasy son un dueto indivisible, pero por ningún medio es Final Fantasy la única bala de Square. La compañía, habiendo tocado la tecla que le permitió plantar cara a Enix hasta que sus camino se cruzaron, dejó otras grandes franquicias en su camino. Como Seiken Densetsu, ahora de moda por el segundo de sus remakes (y nos frotamos las manos tan fuerte de pensar en un Secret of Mana 2 3D que nos sale humo), o como Chrono Trigger, uno de los mejores JRPG de todos los tiempos, de la primera a la última letra.

Otro de estos casos sería SaGa, o Romancing SaGa, o SaGa Frontier, según el momento y la plataforma. ¿Pero se podía arriesgar Square a llevar fuera de Japón una nueva serie nacida en Game Boy? ¿Gustaría igual que Final Fantasy? Bueno, dado que había cierto parecido, la compañía optó por «disfrazar» el juego y retitular Makai Toushi SaGa como Final Fantasy Legend para así aprovechar el rebufo de su gran pelotazo. La pregunta es si realmente Final Fantasy Legend estaba a la altura de su nombre. Resulta que no lo bastante. Pero como el juego no se ha buscado esta comparación, tampoco hay que ser injustos. Hay que conocer a Final Fantasy Legend por quien quiere ser, no por quien le han dicho que debe parecer. Y por lo pronto, estamos ante el primer RPG para una consola portátil. Y además, el primero en la larga tradición de culminar con tener que matar a un dios.  

En tiempos antiguos, el Creador creó cuatro mundos y los juntó en los pisos de una torre central. Para poder llegar al Paraíso, hay que ascender hasta la cima de la torre infestada de monstruos. Un grupo de cuatro héroes intentará alcanzar el punto más alto, pero antes deberán conseguir el orbe que permite la entrada, y por el camino, resolver varios entuertos que les plantearán diversos personajes.

Hay algo que Final Fantasy Legend puede esconder peor que el no ser realmente una entrega de la saga que lleva por nombre. Y es ser uno de los primeros juegos desarrollados para Game Boy. Con poco más de medio año de diferencia desde el lanzamiento de la consola, el juego aparecía en Japón, y a Estados Unidos llegaría solo nueve meses después. En su favor obra ser uno de los primeros de su género (el primero, de hecho) para la pequeña máquina de Nintendo, y esto ha colaborado que se haya granjeado una cierta fama en el país de las barras y estrellas. No obstante, el que cogiera este juego a posteriori tras haber catado la serie Final Fantasy, de seguro se llevaría una buena sorpresa.

Para empezar, la traducción de este primer SaGa al inglés no es que sea la más inspirada. Por no decir que es horrible. No es porque haya casos de engrish en él, es que realmente parece que no se le puso demasiado interés en la localización. Los diálogos son sencillísimos, muchas veces vacuos y en ocasiones hasta impropios de lo que se supone que es un grupo de héroes. Y es que en cierto momento en los inicios de la aventura, nuestros protagonistas asesinan sin remilgos a un jefe bandido por encargo de una joven después de que éste les suplicara clemencia. O eso dicen los diálogos, a saber cómo sería el original, seguramente con algún matiz que le diera sentido. ¿La respuesta de la joven? Que se queda tranquila. Sin más. De todas formas, no es que el guión sea el punto fuerte de Final Fantasy Legend. Y total, por aquel entonces éramos bastante menos de leer y más de jugar.

Así que veamos qué se nos ofrece en este aspecto. La primera diferencia con Final Fantasy es que, de entrada, podemos confeccionar nuestro grupo de cuatro jugadores con varias especies que hacen las veces de clases de personaje. Aquí no tenemos guerreros, magos, ladrones o clérigos per se. En lugar de ello, tenemos humanos, mutantes y monstruos de diversa variedad. Cada uno, claro, con unas características destacadas y una forma de progresar distinta. Los humanos tienen más dotes para el combate al aprovechar su mayor salud, fuerza y defensa, mientras que los mutantes, o más bien psíquicos, confían más en la destreza y en las habilidades especiales que irán aprendiendo. La forma de hacerles progresar es equipar y usar objetos que escalen con sus características más potentes. Aunque también se puede hacer usado objetos que aumentan permanentemente estas características.

Los monstruos son un tema aparte. Y es que en los encuentros aleatorios, similares a los que encontrábamos en Final Fantasy, pero presentados más al estilo de Dragon Quest, tras combatir por turnos y ganar el enfrentamiento, será relativamente común que los monstruos derrotados dejen caer algo de su carne. Lo extraño es lo que el juego da opción a hacer a continuación, y es comerla. Esto, dependiendo de qué personaje la consuma, provocará una transformación que puede, o ver convertirle en un monstruo de una determinada familia a rango 1, o si es compatible con dicha familia en base a combinaciones predefinidas, darle una forma más poderosa, mutando a esqueletos en zombis, en fantasmas, de ahí a demonios, etcétera. Hay más variedad, y de saber hacerlas progresar depende que contemos en el equipo con alguna criatura altamente poderosa de cara al final del juego.

Si el progreso no es convencional, tampoco lo es lo referente al ataque. No es que la mecánica tenga secretos, solo hay que escoger dar el golpe en el menú y seleccionar el arma o hechizo con el que atizar de todos los que tenga el personaje. El quid de esto radica en que existe el desgaste de las armas, y por tanto, su uso está limitado a un número de golpes tras los que habrá que, si no la reparamos, comprar otra. En el caso de los monstruos, sin embargo, pueden golpear con garras, cuernos, picos y demás, o incluso lanzar sus propias tretas mágicas, recargando su número de usos con solo descansar en una posada. Ahí quedaba eso para que Game Freak tomara nota y lo adoptara para Pokémon.

Y no es lo último en que Final Fantasy Legend es, digamos, peculiar a su manera. Inicialmente, el grupo se compone de cuatro personajes, que en la pantalla de estado muestran hasta tres corazones junto a su nombre. Esto es debido a que al morir en batalla, los podremos resucitar en un Templo de la Vida hasta tres veces, una por corazón. Consumida la tercera vida, es un adiós para siempre. Pero no sufras por tener un equipo cojo, porque hay posibilidad de reclutar algunos personajes adicionales, así como de adquirir vidas extra.

A nivel técnico, y teniendo en cuanta que hablamos de una Game Boy, Final Fantasy Legend no es particularmente impresionante ni a la vista ni al oído. Es, sencillamente, un juego primerizo para una plataforma de 8 bits que propone algo que hasta el momento le faltaba en su catálogo. Y en eso, por lo menos, cumple. Final Fantasy Legend no se puede comparar ni a la saga de la toma el nombre, ni siquiera a otras entregas de la suya propia. Pero poder jugar a una aventura rolera allá donde fueres en 1990 debía tener su punto, y no poco. No es ni lo mejor ni lo peor de Square, pero sí es verdad que Final Fantasy Legends, o Makai Toushi SaGa, suponen una primera vez para la Game Boy en varios aspectos.

Juan Elías Fernández

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