El cénit del rol japonés

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¡Hola, socios y socias de lo retro! A partir de hoy comenzamos con AlfaBetaRetro, una nueva sección dedicada a repasar los grandes juegos de ayer, las joyas perdidas y algún que otro clasicazo a reivindicar que en su momento pasara desapercibido. Sí, retro con todas las palabas. Desde el inicio de los tiempos hasta, de momento, la penúltima generación de consolas.

Y no se nos ocurría mejor título para alumbrar esta sección que Final Fantasy VII, del que el próximo 31 de enero se cumplirán 15 años de su lanzamiento en Japón, que se dice pronto. Si tuviéramos que contar con los dedos de una mano los títulos que mejor representan a la generación de PSOne, Saturn y N64, la séptima entrega de la saga Final Fantasy sería uno de esos imprescindibles, por varios motivos.

Primero, porque popularizó a lo bestia un género, el JRPG (los juegos de rol japoneses) que tenía un nicho de mercado muy concreto. Que los japoneses hacían unos juegos de rol cojonudos era vox populi… pero entre los jugones. Al estilo de lo que ha conseguido Skyrim en la actualidad (salvando las distancias, tampoco nos volvamos locos), FFVII le dio un empujón más que considerable al éxito del género en occidente.

Pero quizá si por algo sobresalió la apuesta de Square (a secas, aún no estaba unida con Enix) fue por crear el mundo y los personajes más trabajados que se le recuerdan. Ya sabéis que cada entrega de la saga es independiente de las demás, lo que fue una bendición para FFVII y un lastre para todos los juegos que vinieron detrás: Square creó algo tan grande que aún no ha sido capaz de moldear un título con personajes a la altura de Cloud, Aeris (no digáis que no echasteis una lagrimita cuando murió) o Sephirot.

Además de todo esto, Square hizo un trabajazo a nivel gráfico. Recuerdo las campañas de publicidad en televisión, un hecho bastante inusual en aquella segunda mitad de los noventa, en la que a todos se nos cayó la baba viendo cómo lucía el juego. Vamos, el que no tuviera una Play, una memory card (imprescindible para poder jugar a lo largo de los ¡tres! discazos que componían el juego) y su copia de FFVII era el pringadete de clase. Que sí, que hoy en día el juego luce como luce, con unos polígonos como el estado de Arizona, pero ponedlo al lado de cualquier otro contemporáneo de su época y sabréis a qué nos referimos.

Al éxito de FFVII también contribuyó el hecho de ser el primero de la franquicia que se publicaba en Europa. Después de haber triunfado durante seis entregas en Japón y otras tres en Estados Unidos, el lanzamiento en los tres mercados, unido a todo lo que ya hemos explicado, supuso un empujón definitivo para colarle entre los imprescindibles de su generación y en un título capital para entender la historia del videojuego.

Y, ojo, que en su día ya todos los medios cayeron rendidos, o sino echadle un vistazo al tráiler. Vale que no se llevo el 40/40 de Famitsu, pero su 92% en Metacritic deja bien claro dónde situó Square el listón. Un listón que lleva sin superar desde ese 31 de enero del 97. Hay ocasiones en las que cuando uno hace un juego tan rematadamente bueno, es mejor dejarlo todo y vivir del éxito.   

 

Jaume Esteve

(Twitter: @jaumeesteve)

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