Final Lifting

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En 2002, PlayStation 2 acogió por vez primera una de las sagas de rol más clásicas, populares e icónicas con Final Fantasy X. Han pasado 12 años y ahora es el momento de revivir esta obra en PlayStation 3.

Nos toca hablaros de Final Fantasy X/X-2 HD Remaster, la última compilación que Square Enix se ha sacado de la manga con títulos de solera, clásicos en el mundillo como hiciera ya el año pasado con Kingdom Hearts 1.5 HD Remix.

Para que quede claro desde el principio y sepáis a que nos enfrentamos esta remasterización y recopilatorio incluye dos juegos completos que son Final Fantasy X y Final Fantasy X-2 además de una secuencia cinemática inédita de unos 15 minutos llamada Eternal Calm, que sirve de nexo entre las dos aventuras y una expansión que solo salió en territorio japonés para Final Fantasy X-2 llamada The Last Mission.

Un recopilatorio generoso con cierto lavado de cara que resulta imprescindible para quien no disfrutara de los juegos en su momento, para los muy coleccionistas pero no tanto para quienes ya los hayan superado con anterioridad.

Como siempre ante estos análisis, haremos caso omiso al hecho de que ya los jugáramos en 2002 y 2004 (fechas europeas ojo) y solo compararemos con las versiones viejas cuando sea necesario por el cambio.

Final Fantasy X, sin ser uno de los mejores guiones de la saga, probablemente sí sea uno de los títulos más queridos dentro de este longevo y basto universo ideado por Square Enix.

La historia gira en torno a Tidus, un jugador profesional del deporte ficticio Blitzbol que es algo así como un juego de pelota, pero submarino. En mitad de un partido su ciudad se ve atacada por un ser llamado Sinh que asola de manera brutal la zona y que obliga a Tidus a convertirse en héroe inesperado, a recordar secretos del pasado y vivir una aventura que transciende al tiempo y a las dimensiones.

No os contamos más porque en este tipo de juegos lo mejor es descubrirlos por uno mismo. La campaña está plagada de momentos dramáticos y emotivos y en su desarrollo de más de 20 horas podremos descubrir un montón de secretos en un universo trabajado pese a lo arquetípico de sus personajes en demasiados ocasiones.

A nivel jugable, Final Fantasy X destacó en su momento por dejar de lado el reconocible Active Time Battle presente en buena parte de los títulos de la saga por un sistema de turnos más puro. 

Los sistemas de turnos, como ya sabéis, tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. A favor, permite otorgarle mucha profundidad a las batallas con una planificación más cuidada a que si estuviéramos todo el rato en acción.

En contra tenemos que el ritmo de las batallas puede volverse muy tedioso y más aún cuando nos tenemos que tragar secuencias de los mismos ataques continuamente dentro de combates que surgen siempre de manera aleatoria (es decir, que los enemigos nos asaltan a placer sin ton ni son y muchas veces, algo propio de Final Fantasy).

El sistema en Final Fantasy X es complejo y a lo habitual debéis sumar un par de detalles curiosos como los Quick Time Events en las batallas para activar algunas habilidades, que le dan ritmo y nos exigen ser ágiles, si queremos acertar con una magia especial, pues tendremos que completar una secuencia de botones antes de que se nos acabe el tiempo.

El segundo punto fundamental del sistema de combates de Final Fantasy X es la inclusión, inédita por aquel entonces, del Tablero de Esferas. Básicamente, los personajes que entran en batalla van ganando puntos de habilidad. Estos puntos podemos canjearlos en una compleja mesa por esferas que podemos colocar en unos nodos. Dependiendo de las conexiones que hagamos, desarrollaremos unas habilidades u otras y condicionaremos nuestros personajes a un fin determinado.

El sistema es muy complejo pero una vez se le coge el tranquillo es muy útil. Cierto es que también se puede optar al principio de la aventura por un modo simple de este Tablero, que no podremos cambiar a lo largo de la aventura. Esta opción es perfecta pues habrá gente que quiera disfrutar de la narración sin tener que estudiar todo un sistema para poder completar el juego.

Aparte de este cambio en el sistema de combates, el juego destila todo el clasicismo de los juegos de rol más tradicionales y se fomenta mucho con el sistema de turnos. A las batallas debéis sumar un importante componente de exploración en el universo de Spira (que lo comparte la secuela), misiones secundarios y horas de conversación con personajes no jugables que nos darán detalles de la trama, descripciones del universo o nos contarán anécdotas para desconectar del tema principal. Un gran juego como fue en su día que se sigue disfrutando a día de hoy asumiendo las deficiencias de un título de hace 12 años y que la remasterización no corrige.

Por otro lado, Final Fantasy X-2, es la continuación argumental del juego del que os hemos estado hablando hasta ahora. Como no queremos destripes, solo os diremos que el protagonismo del juego cambia y esta vez serán tres chicas que forman un grupo de J-Pop las que emprendan la aventura, formando un grupo llamado Las Gaviotas, en busca de nuevas esferas y salvando una situación que quedó abierta en el juego anterior.

Final Fantasy X-2 no solo supone un cambio bastante radical dentro de este "episodio 10" de la saga, sino que es un capítulo bastante extraño dentro del universo Final Fantasy (lo que muchos criticaron y critican hasta el día de hoy).

Lo que sucede con el juego es que el tono de la historia es tremendamente más jovial, intranscendente y desenfadado.

Es cierto que hay momentos de emoción y drama como suele ser habitual en la saga, pero en líneas generales y argumentalmente hablando es un título mucho más liviano.

En este episodio, volvemos al sistema clásico de la saga, al Action Time Battle por lo que se gana 4mucho en ritmo pero debido al tono, las batallas tienen mucho menos gancho y emoción que en entregas anteriores.

Tampoco ayuda nada que en el juego siempre manejamos al equipo de las tres chicas, Yuna, Rikku y Paine sin posibilidad de añadir a nadie al equipo ni cambiarlas. Esto hace que las opciones en el juego sean mucho menores.
Para compensar, hay un basto árbol de habilidades y oficios que hasta pueden cambiarse en mitad del combate y que son muy necesarios para dinamizar lo encorsetado del equipo.

De nuevo en su contra, pese a tener la exploración propia de este género, Final Fantasy X-2 nos plantea una trama de misiones principales mucho más lineal y encasillada y se nota al poco de estar con la aventura. Si sois amantes de la libertad en estos universos, Final Fantasy X-2 va demasiado al grano y, probablemente, este no sea vuestro juego.

 

 

Una vez dicho todo esto, vayamos con uno de los aspectos más interesantes de la versión: la remasterización en sí. Lo que mejor parado sale de esta compilación es la impresionante partitura del maestro Nobuo Uematsu, sin lugar a dudas, lo mejor del juego en su día y el mejor lavado de esta compilación.

No se puede decir lo mismo de su apartado visual, como ya ha sucedido en recopilatorios recientes: el juego luce bien, pero se muestra como un título de final de generación de PlayStation 2 o muy de principio de PlayStation 3.

El problema radica en que los juegos originales no son tan viejos ni están tan desfasados gráficamente como para necesitar ya de un lavado de cara. Así pues, si el cambio no es radical, y no lo es, no es tan necesario que nos quieran hacer pasar el juego como si de Alta Definición se tratara.

Más porque, si bien los personajes están mejor modelados aún conservando sus benditos polígonos de antaño, los escenarios y personajes secundarios apenas han sufrido cambios. Por lo que nos quedamos con una sensación extraña y agridulce y el acabo original no resultaba tan artificial como el de esta remasterización.

Otro cantar es el tema de que el juego tiene hasta tres capacidades gráficas bien diferenciadas aunque esto es muy habitual en los títulos de Square Enix (hasta en los actuales). Nos estamos refiriendo a que las cinemáticas del juego, que eran y son una maravilla, están a años luz de las cinemáticas movidas por el motor del juego que también están a bastante distancia gráfica del juego corriendo cuando lo jugamos.

Esta enorme brecha hace que el juego tenga un aspecto de estar peor acabo gráficamente de lo que realmente está, pero al ojo esto no se lo podemos explicar. Pero lo que realmente chirría en este sentido es que existan secuencias donde en el montaje se intercalen planos de cinemática pura con planos de cinemática movida por el motor del juego. El pegote hace que el resultado de estas escenas sea discutible.

Néstor García
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Valoración Final

Jugabilidad: Dos episodios extraños dentro de la saga a nivel jugable, uno por sistema y otro por tono. El juego funciona como el clásico, sobradamente bien pero sin cambios.

Sonido: La banda sonora de Nobuo Uematsu es magia para nuestros oídos y es lo que mejor parado ha salido del lavado de cara que supone la remasterización. Imprescindible.

Gráficos: El resultado de la remasterización es más artificial que el de los originales acabando con que a algunos no terminará de convencer por la diferencia entre vídees CG y juego. Sin embargo, en líneas generales y sobre todo en el juego general, el título ya era gráficamente muy potente en su época y no ha pasado tanto tiempo como para que el lavado de cara se note mucho.

Duración: Más de 20 horas cada uno de los dos juegos y estamos hablando de una duración sin pararnos a disfrutar de los detalles y el basto universo de Spira. Sumad a esto la expansión de The Last Mission y tendréis juegos para rato.

Conclusión

Final Fantasy X/X-2 es la excusa perfecta para disfrutar de dos juegos clásicos (el primero más imprescindible que el segundo) que en su momento no pudierais o quisierais jugar. Para los fanáticos el añadido de The Last Mission puede justificar su compra. Gustará, sobre todo, a aquellos que lo disfrutaron en su día aunque para los que no, también es una gran oportunidad para conocer uno de los títulos más queridos de la saga Final Fantasy.

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