Limpiando la calle

10518

No es buena idea dedicarse a liarla parda en Metro City, porque su alcalde, Mike Haggar, no es de los que se esconde tras un despacho. Y si se unen Cody Travers y el ninja Guy, entre los tres, y algo de nuestra ayuda, se bastan y sobran para erradicar el crimen de la ciudad en Final Fight.

En la época del miedo a salir de noche, hubo una verdadera explosión de juegos que usaron las tribus urbanas, por aquel entonces eminentemente punks, mods, rockeros y heavies, como parte de su imaginería y para presentarnos unos enemigos que estaban en boga por aquel entonces. ¿Quién no ha cruzado alguna vez la zona conflictiva de su ciudad con cierto respeto y mil ojos por si tras una esquina asomaba alguien indeseable? Para quitarnos el susto, siempre podíamos localizar algún arcade de Double Dragon, la referencia del beat’em up de aquel entonces, y sacarnos la espinita cruzándoles la cara a unos cuantos tipos sórdidos.

La figura del justiciero callejero que actúa como poco menos que un ejército de un solo hombre se presta mucho a ser llevada al videojuego. La prueba es el mencionado arcade de Technos, u otra de los grandes clásicos del género, Renegade, pero su posición en el trono estaba a punto de sufrir un serio revés en 1989. Capcom, que ya había tenido algún éxito en el terreno de las recreativas, estaba preparando una secuela para un título que había lanzado un par de años antes, 1987. El juego no había sido especialmente exitoso, pero sus productores debieron ver potencial en ese tal Street Fighter, ya que otra máquina llamada Street Fighter 89: The Final Fight estaba ya promocionándose en diversos medios.



Al final, Street Fighter siguió su propio camino, pero el proyecto de The Final Fight no fue enterrado, sino que se le ascendió a juego de pleno derecho. Sería un beat’em up, un juego de acción y peleas que iba a tener mucho que decir en este ámbito, porque iba a aportar lo suficiente como para revolucionar este tipo de videojuegos e ir más allá de Double Dragon y de Renegade. Y eso que es precisamente es Double Dragon II una de las influencias reconocidas oficialmente por Capcom para este juego.

Lo que sí que no iba a romper muchos moldes era su argumento. Metro City es una ciudad presa del crimen debido a las actividades de la banda Mad Gear, liderada por el mafioso Horace Belger, un hombre sin escrúpulos con sed de poder que tiene su mayor enemigo en el alcalde Mike Haggar. Siendo luchador retirado, Haggar es más un hombre de acción que de papeleos, alguien que no está tanto por la labor de acabar un polideportivo o de inaugurar una nueva residencia de ancianos como de salir a patear las calles y repartir leña para enseñar a esos bribones que con la gente de bien no se juega. Y la cosa, claro está, no podía acabar bien.

Así que un día, estando en su despacho, Haggar recibe una llamada que le advierte del secuestro de su hija Jessica y de la consiguiente amenaza hacia su integridad a no ser que el bueno de Mike se dedique a mirar hacia otro lado y dejar que los Mad Gear sigan sus actividades, con generosa gratificación bajo mano incluida. Con lo que no contaba esta banda era con que no solo se habían metido con Mike Haggar, sino que de rebote también habían involucrado en el asunto a Cody Travers, artista marcial y marido de Jessica, y a Guy, un ninja versado en las técnicas de la escuela Bunshin Ryu y amigo de la familia. Y si un alcalde enfadado ya era un problema serio con el que lidiar, un trio de luchadores callejeros puede ser la vacuna contra la delincuencia que la ciudad necesita.



Pero Final Fight no es especial por su argumento ni mucho menos, sino que lo es por introducir una serie de elementos que a día de hoy han sentado las bases de la práctica totalidad de juegos de este tipo que siguieron a continuación, y sobre todo le dio a Capcom unas directrices y un motor de juego que aprovecharían a conciencia en futuros lanzamientos como Captain Commando, The Punisher o el celebérrimo Cadillacs and Dinosaurs. Para empezar, cada uno de los personajes tiene su propio estilo de lucha y eso es algo que podemos apreciar a simple vista visto cómo se mueven Guy, Cody y Haggar. El primero usa movimientos cortos y veloces para golpear muchas veces a un mismo rival, mientras que Haggar es el más pesado de los tres pero también el más contundente, aunque puede estampar a sus enemigos contra el suelo con un súplex o realizar una llave en salto tras agarrar a un pobre infeliz. Por su parte, Cody es el término medio entre ambos, pero es especialmente diestro en el uso de cuchillos, algo que veremos al observar que al hacerse con uno no lo lanza directamente sino que puede usarlo como arma cuerpo a cuerpo.

Conforme avanzamos por los seis niveles de los que consta el juego veremos una serie de objetos puestos en mitad del camino, tales como barriles, cabinas de teléfonos, letreros o cajas. Estos elementos pueden romperse, y dentro encontraremos objetos que irán desde simples bonos de puntuación hasta comida para reponer nuestra barra de vida, o armas para atizar mejor a los Mad Gear que nos salgan al paso. Unos adversarios estos que vienen en una alta variedad, y cuyos nombres esconden más de una referencia. Por ejemplo, a algunos de los miembros de la banda de rock Guns’n Roses, en concreto a su guitarrista Slash y su cantante Axl Rose. El gigantón Andore y su familia también son un homenaje, uno dirigido al ya desaparecido luchador de wrestling André el Gigante, cuyo nombre y apariencia toman prestados grandullones. Es particularmente curioso el caso de Roxy y Poison, unos personajes femeninos que no aparecen en la versión doméstica americana del juego porque, bueno, pegarle a una mujer no es algo que se deba tomar a la ligera. Es lo que ciertas voces del país de las barras y estrellas adujeron y por lo que el creador del juego, Akira Nishitani, hubo de salir a la luz para dar una explicación: Poison y Roxy eran, en realidad, dos hombres travestidos. Sin embargo su origen oficial dice otra cosa, pero ahí queda el dato.

Final Fight también se desmarca del resto de juego en que comienza a marcar un ritmo algo más intenso que sus rivales y que sería uno de los sellos de los juegos de Capcom. En pantalla podemos encontrarnos de repente luchando como media docena de enemigos a la vez, y aunque se nos permite jugar a dobles, algo muy recomendado no solo por efectividad sino también por diversión, y disponemos de un golpe especial ejecutado al presionar simultáneamente los botones de salto y ataque, realmente seremos muy capaces de poder enfrentarnos a todos ellos en condiciones normales. Es una de estas características de los beat’em up de la desarrolladora japonesa, que aunque los enemigos acudan en manada siguen siendo nuestros puños y nuestra habilidad a los mandos los que marcan la diferencia, y sobre todo, que no es excesivamente difícil conseguir hacer frente a estos grandes números de rivales siempre y cuando les llevemos a donde queremos que estén.



Sus personajes, sus jefes finales y sus fases de bonus, con ese primer destrozo de un coche a golpes (un coche de un Mad Gear, para más señas, que luego aparecerá para lamentarse) terminan de rubricar uno de los mejores beat’em ups jamás programados. Las partidas a Final Fight son uno de nuestros recuerdos de juventud en los salones recreativos, pero hay que recordar que este juego dispuso de una adaptación para consola recibida a bombo y platillo. Super Nintendo contó como uno de los lanzamientos estrella en exclusiva con un port del arcade que mantenía un elevado grado de fidelidad a la recreativa original, lo cual era decir mucho. Salvo porque de la alineación de protagonistas se caía Guy, quedando solo Cody y Haggar para defender el fuerte. Tiempo después se lanzaría Final Fight Guy, una versión en la que era Cody el sustituido por el ninja de rojo. A Haggar no había quien le moviera del sitio.

La exclusividad de Final Fight en Super Nintendo duró hasta la aparición del juego en el Mega CD de Sega, y posteriomente para Game Boy Advance. Pero la veda ya se había abierto a lo loco en los ordenadores domésticos: Atari ST, Commodore Amiga, Amstrad CPC, Spectrum, Commodore 64 y el ordenador japonés especializado en conversiones Sharp X68000 contaron con su propia versión de Final Fight con diferencias dentro de las capacidades técnicas entre unos y otros. Incluso la NES dispuso de una adaptación del juego en el cartucho Mighty Final Fight, donde sus personajes eran presentados con diseños Super Deformed y cómicos resultados.

Final Fight nos enseñó que el beat’em up podía dar de sí grandes cosas, y que Capcom era la empresa hacia la que había que mirar para poder descubrirlas. El tiempo les acabaría dando la razón. Y Street Fighter consiguió su propia secuela para saltar a la gloria sin escalas. Ya quisieran muchos alcaldes conseguir durante su legislatura todos estos hitos de los que sí puede presumir Haggar acontecidos en su mandato. Con tirantes y talante podemos hacer un mundo mejor. Y si no, un súplex a tiempo obra milagros.

Juan Elías Fernández

——————————————————————————————-

No te quedes solo en el juego:
 

Cerrar