Perseguido por su pasado

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Solo, sin recuerdos, en un paraje hostil y con una pistola. Así empezaba para el científico Conrad B. Hart la aventura de su vida en la que habría que salvar nada menos que al planeta Tierra. Recuperamos sus memorias y las nuestras en Flashback: Quest For Identity

Si antes decían las madres a sus hijas casaderas que al corazón de un hombre se llega por el estómago, se podría insertar un pequeño añadido para matizar que al corazón del jugón también se puede llegar por la vista. Y no solo por un aspecto gráfico detallado y preciosista. Allá por finales del siglo pasado, uno de los mayores cumplidos que se le podía hacer a un juego era decir que sus animaciones pareciesen de verdad.

Y es que pese a las limitaciones técnicas de los sistemas domésticos de la época, los desarrolladores franceses se convirtieron en todo unos maestros en las artes cinemáticas, consiguiendo exprimir nuestros queridos ordenadores hasta puntos insospechados, máxime cuando la costumbre era ver movimientos compuestos de unos pocos frames.



Pero ver trepar al protagonista de Prince of Persia a semejanza del hermano de su creador, Jordan Mechner, era algo digno de elogio. “Es como si hubiera un hombrecillo dentro de mi pantalla” es una afirmación que hoy puede parecer exagerada pero que entonces era común escuchar.

Claro, que Mechner ya venía curtido de hacer Karateka, otro juego en el que demostraba lo que valía un peine y en el cual los usuarios de Amstrad CPC, entre otros sistemas, se maravillaban viendo como nunca habían visto a un sprite haciendo movimientos de artes marciales. Si Eric Chahi tomó a Jordan Mechner como referente para crear su obra maestra Another World, desde luego no podía haber elegido más adecuadamente ni con mejor gusto para plasmar, en 1991, el juego que pondría en el estrellato a la hoy difunta Delphine Software. Y ambos serían los excelentes modelos a seguir para que Paul Cuisset rematara magistralmente en 1992 un nuevo pelotazo galo.

Esta vez nos moveríamos con agilidad felina en los terrenos de la ciencia ficción, un género ya claramente influido por obras cinematográficas tan influyentes como Blade Runner o Desafío Total, las cuales junto con alguna otra no serán nombradas ahora por última vez.

Pero vayamos al turrón y aterricemos en el año 2142 para conocer a Conrad B. Hart. Poco conocemos del bueno de Conrad, pero lo grave es que realmente sabemos lo mismo que él. En la primera de varias cinemáticas que veremos en el juego, y queremos recordar al respetable que estamos en 1992, vemos a nuestro héroe nada menos que a la fuga de lo que parecen ser agentes del orden no demasiado contentos a juzgar por esos disparos de láser. Conrad afana una motocicleta futurista, por tanto capaz de volar, y se apresura a tomar las de Villadiego mientras que una nave hace lo propio en su busca y captura.

La cosa no podía acabar bien y un disparo termina derribando el vehículo de Conrad, que da con sus huesos en un planeta selvático donde, dentro de lo bueno, parece haber dado esquinazo a sus perseguidores. Ahora, Conrad, es decir, nosotros, deberá averiguar quién es y por qué quieren su pellejo. Así empieza Flashback: The Quest For Identity. Y os pedimos que imaginéis a qué altura quedaba la mandíbula de los jugadores de hace 21 años tras presenciar lo narrado. Lo mejor estaba por llegar.



Tal como nos lo pone Cuisset, parece que pintan bastos para el pobre Conrad, pero por suerte no va a estar indefenso. El protagonista cuenta con algunas pertenencias que le van a ir sacando de apuros para lo que se le viene encima, a saber, un escudo personal que le permitirá aguantar hasta 4 impactos, una tarjeta de crédito sin dinero y una siempre útil pistola. Pronto daremos también con el primero de varios objetos que nos ayudarán a avanzar en la trama y averiguar quién diablos es Conrad B. Hart: el Holocubo.

Una proyección a semejanza a partes casi iguales del mensaje que alberga R2-D2 en La Guerra de las Galaxias y del recado que Douglas Quaid se manda a sí mismo en Desafío Total (os lo avisamos), muestra al propio Conrad indicándonos que para recuperar nuestra identidad deberemos encontrar a nuestro amigo Ian en New Washington, que a partir de ahí sabremos qué hacer.

Más fácil decirlo que hacerlo, pero por suerte Conrad es un tipo con recursos y una agilidad envidiable. Nuestro chavalote podrá andar, correr, trepar, saltar y rodar por el suelo con gracia felina, con una fluidez de movimientos admirable en un aspecto técnico que es para echar cohetes y que verdaderamente da vida al juego. Y no solo Conrad, algunos de los enemigos que encontremos también serán tan persistentes como ligeros a la hora de perseguirnos y enfrentarse a nosotros. Aquí Delphine nos obsequia con una perla que hizo las delicias de los usuarios de la época aumentando el dinamismo de estas animaciones al poder encadenar algunas entre sí, lo cual nos permitía, por poner un ejemplo, rodar por el suelo y, al tiempo que nos levantábamos, hacerlo ya con la pistola presta para el disparo en un movimiento digno de una película de acción.

Pero el otro gran aspecto de Flashback es su ambientación, de la que ya hemos dicho que reflejará un mundo futurista, aunque tendremos que viajar a varias localizaciones diferentes en las que en algunas podremos apreciarlo más que en otras. Así, al salir del mencionado bosque y volver a un entorno urbano, nos encontraremos ya en un lugar con una estética algo reminiscente de Blade Runner (y de nuevo, reaparece la referencia) en especial en lo que a los vehículos se refiere, donde la trama nos instará a ganar algunos créditos para poder tomar parte en un concurso al más puro estilo Perseguido que nos permita comprarnos un billete de vuelta al planeta Tierra y detener una amenaza que Conrad ha descubierto de la más pura chiripa, todo hay que decirlo, pero que bien podría significar el fin de la humanidad. 

Aún dos décadas después todo lo que se pueda decir de Flashback, el juego original, es poco. A lo atractivo de su argumento, su ambientación y su aspecto técnico, con fondos en 2D pero modelos poligonales, hay que sumarle ese toque mágico que hace que uno no pueda, no, no quiera parar de jugar hasta que descubra qué narices sucede con este tal Hart y por qué el héroe de la historia comienza siendo un vulgar fugitivo. Lo sufrieron los usuarios de PC, Mac y de Commodore Amiga, pero también los de Mega Drive, Mega CD y Super Nintendo, los del gran ordenador FM Towns, 3DO (consola de la que fue uno de sus títulos señeros), CDi y Jaguar, y más recientemente en iOS y móviles con sistema Symbian.



Hay que decir que mientras que el Príncipe de Persia ha vuelto por sus fueros en más de una ocasión para saltar de plataforma en plataforma como si no hubiera un mañana, Flashback, como su hermano, que no precuela, Another World ha sido un gran olvidado durante mucho tiempo hasta que hace muy poco se ha lanzado su remake en alta definición para los sistemas actuales. Pero nosotros no queremos dejar pasar la oportunidad de recomendar el original, que aún pasados los años es una experiencia que funciona casi tan bien como el primer día. Conrad volvería en Fade To Black, una secuela ya íntegramente en 3D sin demasiada fortuna, pero nada hay más cierto que aquello de que la primera impresión es la que deja huella. Para ser un juego que nos proponía la búsqueda de una identidad, Flashback la tiene a raudales. Una deliciosa, inquietante, apasionante y encantadora identidad.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:
 

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