Amor de coche

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Una de las grandes verdades del mundo del videojuego y motivo de su tremendo éxito es que nos permite hacer cosas que en la vida real o son imposibles o están al alcance de unos pocos (pero pocos, pocos). Por la misma manera funcionan tan bien el cine, la literatura, el arte… pese a que sea por la interacción por la que los videojuegos terminarán siendo el rey.

Toda esta preciosa chapa que os hemos dado en el primer párrafo tiene sentido, tranquilos. Y tiene el sentido de que Forza Motorsport 5, uno de los grandes juegos que arranca el catálogo de lanzamiento de la nueva generación de manos de Xbox One, es ni más ni menos que la traslación exacta de lo que supone conducir absolutamente casi cualquier tipo de coche.

Ahí está la gran baza y la excusa argumental que mueve al último trabajo de Turn 10: nuestro objetivo no es labrarnos una carrera como piloto, ni huir de la policía porque nos han acusado de un crimen que no hemos cometido, ni llegar a ser el más buscado haciendo tropelías en la carretera.

Es todo mucho más sencillo que eso: nuestro objetivo es ganar carreras sí, pero hacerlo con una variedad de coches que se ríe de los garajes de cualquier jeque árabe. Y esa es la esencia y a lo que nos anima el juego constantemente: a ver las sensaciones que produce conducir diferentes clases de coches y dentro de cada clase, diferentes modelos.

Para ello han tomado una decisión que es digna de aplaudir y que denota lo cuidado que está el juego hasta el más mínimo detalle: vamos a tener comentarios al arrancar el juego y antes de empezar cualquiera de las tropecientas (son un montón) ligas y eventos en el modo para un jugador de los narradores del popularísimo programa de la BBC, Top Gear.

Estos comentarios satisfarán tanto a los muy amantes de la automoción como a aquellos que empiezan a interesarse por el mundillo (incluso aquellos a los que ni les va ni les viene), porque dan explicaciones muy claras que además entre técnica y técnica introducen chascarrilos para tenernos enganchados.

Debido al motivo de la incursión de Top Gear (que también dará para disfrutar del circuito del programa de televisión donde nos someterán a eventos de lo más graciosos como derribar bolos o atravesar el ficticio tráfico de una ficticia Londres), se produce una curiosidad de doblaje que en principio podría parecer un error pero que no lo es.

El juego está doblado al castellano pero solo en la narradora que nos va acompañando por los menús y nos presenta los circuitos ofreciéndonos una ayuda muy cómoda y curiosidades de por dónde vamos a correr. Sin embargo, a los comentaristas de Top Gear simplemente los subtitulan y aquí tiene todo el sentido pues da gusto oírles en versión original y al ser solo voces se hubieran cargado ese halo de guest stars si hubieran colocado a actores de doblaje.

Tal vez en el apartado sonido, ya que nos hemos metido a hablar de él, la decisión más discutible haya sido la de la selección de la banda sonora. Más que nada porque han elegido meter temas orquestales con cuerda y coros que parecen celestiales que le son más propios a un God of War o un Ryse: Son of Rome. Lo curioso es que al ser música de contraste, muchas veces funciona estupendamente. Sin embargo hay ratos en que esta se apodera de nuestros oídos y nos damos cuenta de que hay demasiada épica en unas carreras en las que al final no vamos a matar a Zeus.

Pero claro, la banda sonora está en un segundo o tercer plano y más si atendéis a los efectos de sonido del juego: cada coche, y son unos cuantos, tiene su propio sonido grabado de la realidad y se nota muy muy mucho en carrera y favorece a una inmersión que es máxima.

Este punto de que cada coche tiene sus propias características, insistimos, cada coche, no cada tipo de coche, afecta enormemente a la jugabilidad. Y cuantas más ayudáis os quitéis y más cerca esteis de alcanzar el punto de simulación máximo más lo vais a notar.

Y es que no es lo mismo conducir un coche deportivo normalito como un Subaru que hacerlo con Muscle como un Dodge Challeger, o con uno de esos carros de última tecnología que más bien parecen cohetes que con un Mini de los años 70 (los coches vintage son una maravilla). No solo porque unos corren más que otros, evidentemente, sino porque tienen puntos de aceleración distintos, puntos de cambio de marcha distintos (que hay que dominar con cada coche si queremos ser alguien en esto de las carreras) e incluso se destrozan de maneras distintas y empiezan a fallarnos en zonas determinadas que otros coches no lo harían.

De nuevo el tema de los destrozos (si lo ponéis en simulación máxima) sigue siendo uno de los distintivos de la saga Forza. Fijaos hasta que punto afecta a la jubabilidad del coche que, si nos salimos un poco de carretera y pisamos tierra, vamos a notar como la ventilación del coche se ensucia y el coche se calienta antes o como aumenta el desgaste de neumáticos. Por ello, dependiendo del nivel de dificultad en el que juguemos, que se puede variar en dos ramas, chocar contra otros vehículos para ganar no es una opción viable en las cotas más altas.

Decimos lo de que la dificultad se puede variar en dos sentidos y os explicamos porqué puesto que es muy interesante: por un lado podemos alterar un montón de parámetros en lo referido a la conducción como, por ejemplo, seleccionar entre los tres tipos de marcha, tener o no algún tipo de asistencia en frenada, cambiar la visibilidad de la trazada que ayuda indudablemente a los más novatos, establecer el nivel de daños y calentamiento de motor que sufren los coches… cada parámetro que modificamos aumenta la dificultad y este aumento se traduce luego en que nos dan más puntos de experiencia al terminar las carreras que nos servirán para comprar coches que es de lo que va el asunto principal del juego y que cuyo proceso aceleraremos si jugamos con mayor dificultad (también hay opción para comprar créditos con dinero como en los free-to-play para los que tengan excesiva prisa).

La segunda rama de dificultad que podemos modificar es la de nuestros rivales y aquí también hay algo de lo más interesante y que solo podemos ver en la nueva generación. Nuestros rivales se llaman Drivatares y Forza nos explica que en el juego no existe la Intelegencia Artificial.

¿Qué quiere decir esto? Que cuando jugamos en modo de un jugador, los rivales contra los que vamos a competir son avatares que han cogido la experiencia y los modos de conducir de la gente real que está alimentando la comunidad de Forza Motorsport 5. ¿Qué produce esto? Que nuestros rivales no responden a una serie de pautas generadas por la IA del juego sino que se crean avatares que representan a gente que juega a Forza y que también se clasifican por dificultades que vienen definidas por la forma de conducir que tiene la gente. Todo esto gracias a lo que Xbox One no deja de repetir, aquello de “El porder de la nube”.

Y la consecuencia lógica de esto, a la que seguro que muchos ya habéis llegado es, sí amigos, nosotros también tenemos nuestro Driveatar que se va creando con nuestra pericia al volante, que se subirá a la nube y que competirá contra jugadores que estén jugando solos. Y sí, cuando nuestro Driveatar esté compitiendo por ahí, nos traerá recompensas en forma de experiencia con la que luego comprar coches que, por si no ha quedado claro, es de lo que va el asunto.

Este tipo de cosas que parecen anecdóticas pero que no lo son es de lo que va en buena medida la nueva generación de consolas. Pero, no solo eso, sino también de potencia gráfica. ¿Queréis ver el baremo de potencia gráfica que tiene Xbox One en sus primeros tiempos? Pues Forza Motorsport 5 es el vivo ejemplo de ello.

Gráficamente es una bestia parda, sobre todo en la recreación de vehículos. Los circuitos son una auténtica pasada aunque hay casos que rozan lo magistral (como Praga, que es una auténtica delicia visual y correr por sus calles es una de esas experiencias jugonas que hay que vivir) y algunos un poco menos atractivos visualmente, no tanto por la potencia gráfica, sino porque los entornos son simples y feos (hablamos de Mount Panorama, por ejemplo). Pero insistimos en la mayor, es una delicia visual, que de nuevo vuelve a favorecer lo perfecto de este título, que es la inmersión total tanto por vista, por oído como por sensaciones.

Los dos úncios “peros” que podemos ponerle al juego y que para nada lastran el conjunto es que puede que vaya un poquito excaso de circuitos (hay 14 pero los vamos a recorrer muchas veces) cosa que no pasa por ejemplo en el increíble plantel de coches, tanto en variedad como jugabilidad. El segundo “pero” es que el modo individual no fomenta en exceso la competitividad de disputar torneos como sucede en otros juegos del ramo en el que vamos sumando puntos por carreras y que un mínimo fallo puede darnos al traste con una hora de juego, por ejemplo. Sin embargo, este último aspecto está solventado en el multijugador que es una verdadera delicia y que va a llevar las horas de Forza Motorsport 5 hasta que nos cansemos.

Pero sin lugar a dudas, lo que hace que Forza Motorsport 5 se convierta en uno de los simuladores de conducción más atractivos, e indispensable si nos hacemos con una Xbox One, es el que el juego va a resultar interesante a los que gusta de la automoción como a los que no tienen ni el más mínimo interés en sacarse el carnet de conducir. Y cuando un simulador consigue eso, y no todos lo hacen, es que estamos ante un gran juego.

Néstor García

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Valoración Final

Jugabilidad: Cada coche tiene su forma de conducir y hay mas de 50. La simulación es perfecta y fascinante, además como se pueden modificar un montón de parámetros se adapta a todo tipo de jugadores y no es nada prohibitivo en sus niveles de dificultad más bajos.

Gráficos: La muestra perfecta de lo que van a ser lo primeros meses de Xbox One. Un portento gráfico que en algunas cotas como la recreación de los coches y los impactos o en circuitos puntuales como el de Praga llegan a puntos magistrales.

Sonido: La recreación de los efectos de sonido es sobervia y cada coche suena de una manera distinta. Su banda sonora puede que sea demasiado épica pero, a ratos, funciona muy bien como música de contraste

Duración: La campaña de un solo jugador no es larga, es lo siguiente. Además hay que conseguir desbloquear todos los coches, lo que nos llevará su tiempo y, evidentemente, el modo multijugador es infinto.

Conclusión

Forza Motorsport es probablemente el simulador de conducción definitivo y cumple la máxima que deberían seguir todos los simuladores: que encandile a los amantes de la conducción pero que pueda interesar a los que odian coger el volante. Muy variado, muy entretenido y es un indispensable para los primeros meses de vida de Xbox One. No os lo perdáis.

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– Juegos relacionados

– No te quedes solo en el juego

  • Película: 2 Fast 2 Furius de John Singleton
  • Anime: Initial D de Suichi Shigeno

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