Análisis de Gal*Gun 2 – Quemando cartuchos de feromonas

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Hay muchas costumbres de países extranjeros que, a la hora de enfrentarse a la perspectiva occidental, chocan con una fuerza que duele solo de pensarlo. El país del sol naciente es algo que nunca deja de fascinarnos por las bases que rigen su cultura, por todo el movimiento que ha provocado en la industria del juego o por el músculo que ha demostrado tener en el terreno de la animación, por esa magia con la que es capaz de plasmar unas historias hermosas y delicadas.

Pero Japón, como cualquier otro lugar, es una cara con dos monedas, y la otra es bastante turbia. Dentro del anime o incluso de los juegos nos topamos con el terreno del “ecchi”, esas obras bastante subidas de tono con cierta facilidad para eliminar ropa en chicas cuya edad no queremos siquiera saber o con ese afán por gozar de unas físicas que buscan resaltar atributos que todos podéis imaginar.

Es de ese lugar tan extraño y a la vez delicado del que procede Gal*Gun, una franquicia que nació en 2011 de la mano de una Inti Creates que, en un alarde de valentía, quiso estrenar esta propuesta primero en Xbox 360 (para que luego digan). Desde entonces, este sello se ha asentado con bastante fuerza en territorio nipón, con un total de cuatro entregas que poco a poco se han ido abriendo terreno más allá del océano.

Así, nos encontramos con Gal*Gun 2, título que, a pesar de parecer secuela, es la cuarta entrega de la franquicia que sale a la luz. Su estreno es algo prácticamente inminente tanto en PlayStation 4 como en Nintendo Switch en nuestro territorio, a pesar de que en Japón ya lleva un tiempo danzando por las estanterías de las tiendas. Y, por extraño que parezca y por ruborizante que pueda ser en ocasiones, es un título que puede tener cierto atractivo a pesar de caer en un género tan aparentemente falto de posibilidades como son los Shooters sobre raíles. No vamos a adelantar más, así que seguid leyendo.

Gal*Gun 2 es un juego que coge elementos del “ecchi”, los mezcla con los anime y los manga de tipo harem y le añade una capa de realidad virtual a todo. El resultado, a nivel argumental, es una locura sin pies ni cabeza, pero que valdría perfectamente para vestir cualquier serie de animación que entrara en el género que hemos citado. Por supuesto, con una cantidad de fan service que podría tumbar al más duro de los fans.

La historia es sencilla. Un alumno de secundaria recibe por sorpresa una aplicación en su móvil y, tras esto, un casco de realidad virtual junto con una pistola de aspecto extraño. Lo que a priori parece un set de accesorios propio para un jugón, resulta ser un paquete de herramientas con el que parar los pies a unos demonios que están haciendo trastadas por todos lados a base de disparo de ferómonas. La misión del jugador es, por tanto, acabar con todos estos problemas.

El detalle de las ferómonas no es algo que se nos haya colado por error. Nuestra arma las dispara no solo para aturdir a esos pequeños demonios que hay que aspirar, sino también para frenar a esas chicas que, por razones que escapan a nuestra comprensión, quedan completamente encandiladas de nosotros al ponernos este casco de realidad virtual que, casualmente, es imposible de retirarse hasta que se cumpla una cuota de demonios a parar.

Este hilo central tan surrealista es lo que construye las bases de un argumento en el que no falta una asistente que en poco tiempo te llamará maestro, una chica demonio que rivaliza con ella y tiene la culpa de todo y, por supuesto, amoríos de infancia, vecinas con un comportamiento a medio camino entre la atracción y la locura y, por supuesto, toneladas de chicas que te persiguen para besarte.

Como veis, todo entra dentro de una lógica que se escapa a la mente de cualquiera, pero que tiene en mente un público absolutamente claro. Es evidente que hay cierto nicho al que se orienta, que no es más que aquel grupo de espectadores de las series de este tipo, aquellos que disfrutan por completo de estas propuestas que provienen de la factoría de producciones de Japón.

A nivel jugable, destaca un planteamiento la mar de simple. Gal*Gun 2 es un shooter sobre raíles que se juega como si estuvieras en un título de Realidad Virtual. Tu personaje, estático, permanece en un sitio disparando amor a las chicas que tratan de tirarlo al suelo para besarle, le gritan su amor o le golpean con cartas en las que revelan sus sentimientos. Cuando acabas con una oleada, se te brinda la posibilidad de dispara a otro lugar para desplazarte a él, y así hasta que logras amansar a las víctimas de esta extraña revolución hormonal, además de cazar a los pequeños demonios que hay esparcidos.

El planteamiento, tan sencillo, tiene ciertos giros que lo pueden volver más desafiante de lo que parece a priori. Por ejemplo, todas las féminas tienen puntos débiles que permiten calmarlas de un único disparo (para ello hay que revisarlas de arriba a abajo mientras se mueven), o también es posible hacer que tu mirada las incomode tanto como para pararse y provocar que un disparo calme a todas las de la zona. Además, claro de esos diablillos a los que aspirar con otra pulsación de botón.

Es de agradecer que, en mitad de esta locura “kawaii-desune” de chicas que se repiten, de posturas exageradas y de gritos propios del anime más ramplón, haya sitio para algo más de profundidad. Es un buen punto a favor que se permita el control por movimiento en ambas versiones, o que se hayan introducido misiones secundarias para conseguir algo más. Se nota un especial interés para no quedarse solo en lo superficial y profundizar en lo jugable. De hecho, hay cerca de una decena de finales distintos en función de las decisiones tomadas en las conversaciones, las misiones realizadas y las puntuaciones conseguidas.

Pero esto de las misiones secundarias trae también de la mano otra modalidad que puede levantar muchas ampollas: el modo Doki Doki. Este consiste en tener una cita con una muchacha con la que se haya conectado especialmente, de todo el elenco que hay, para poder intimar más a disparos mientras posa y, si se hace de cierto modo, conseguir que poco a poco se vaya desprendiendo de más ropa. Podríamos hablar largo y tendido sobre esto, pero nos quedaremos con que Japón puede ser tan fascinante como extraño e incómodo.

Dejándolo a un lado, y echando un ojo al terreno técnico, lo primero a señalar es la fidelidad total a los 60 fotogramas por segundo. Los modelos de los personajes están bastante bien definidos y, aunque algunas animaciones acaban siendo repetitivas, consigue un conjunto que no funciona mal. La ambición en este terreno no ha sido algo a seguir, aunque tampoco es algo que se haya querido perseguir en conjunto con Gal*Gun 2. Tiene una finalidad muy clara, y para ello no hay que mirar al Olimpo.

También puede hacerse algo cansado escuchar una y otra vez las exclamaciones de esas chicas con manía persecutoria, pero hemos venido a jugar y a meternos de lleno en esa faceta del anime que tanta expectación causa entre sus seguidores. Desde luego, refleja a la perfección lo que te encontrarías en cualquier serie que siguiera algo por el estilo.

– Jugabilidad: Las mecánicas de juego son simples a rabiar. Gal*Gun 2 es un shooter en primera persona que encaja perfectamente en aquellos que transcurren sobre raíles, pero que se limita al introducir un sistema de desplazamiento propio de un juego VR. Añade una buena tanda de misiones principales y secundarias, amén de algún modo o elemento bastante peculiar, pero peca de repetitividad a pesar de tener un núcleo que puede resultar incluso divertido.

– Gráficos: No quiere exprimir al máximo la circuitería de las consolas en las que se mueve, y es algo que queda patente desde el momento en el que termina esa secuencia de introducción que da paso al menú principal. Bastante sencillos, quizá demasiado.

– Sonido: La banda sonora peca de esa repetitividad que también se le achaca a nivel jugable y de la simpleza que aplaca a su apartado visual. Las melodías se te taladran en la cabeza de la misma forma que los chillidos del ejército de enamoradas que te espera en cualquier rincón. Para mal.

– Duración: Superar esos 20 días con el casco de Ar Co. no se lleva más de una decena de horas, incluso menos si te ciñes a las misiones principales. Explorar la forma de conseguir sus diferentes finales y sacarle el máximo jugo a todas sus misiones principales y secundarias le da bastante cuerda. De hecho, ayuda bastante a la rejugabilidad.

– Conclusión: Gal*Gun 2 es un título pensado para un nicho bastante específico. Si no te disgusta la idea de ir por ahí lanzando feromonas para acabar con una plaga de demonios mientras ves a chicas gritar o acabando en paños menores, si te gustan los “Harem” o cualquier serie de corte “Ecchi”, entonces es perfecto para ti. Si no, un par de partidas pueden hacer que lo sueltes mientras te preguntas por qué. Tiene su objetivo más que claro, y dispone de las herramientas adecuadas para conseguirlo.

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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