Se mira, pero no se toca

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Si los puzzles es algo que gusta a todo el mundo, y las chicas atractivas es algo que gusta al adolescente medio en pleno cúlmen de su desarrollo, está claro que Gals Panic es un juego no iba a pasar desapercibido. ¿Arañas, bolas de fuego, rectángulos, sapos con vestido, ninjas y preciosas japonesas mostrando sus encantos juntos en un mismo título? Es posible.

Todo está en orden y en calma hasta que las hormonas se lanzan al ataque y hacen que a los chavales de finales de los ochenta y principios de los noventa les cambie la voz, comiencen a criar pelo donde antes no había y sientan una especie de nuevos apetitos más maduros.

Una curiosidad tan natural como el respirar que cada generación ha satisfecho de la manera que tenía más mano en el momento. Con el auge de los videojuegos, y más habiendo algunos con ciertos elementos “picantes”, las miradas furtivas a la Interviú y portadas de demás prensa para mayores en los quioscos dieron paso a imágenes digitales formadas ante nuestra inocente retina, que aún sin ser un prodigio de realismo sí prestaban para subir un escalón en el acercamiento hacia el bello sexo. Aunque estuviéramos aún en el semisótano y hubiera que subir a un piso 30, pero todo es empezar. 



Desde luego, lo que pocos por entonces nos imaginábamos era que el asombro y el desconcierto de ver voluptuosas formas femeninas pudiera venir también de los juegos, y mucho menos de los salones recreativos, así de cándidos éramos.

Por eso Gals Panic fue todo un descubrimiento. Que no se entienda mal, tampoco es que el juego sea una película de dos rombos, pero es un divertidísimo título de puzles que además de hacer pasar el rato tan ricamente tenía ese caramelo de recompensa si lo hacíamos bien consistente en dejarnos echar una pícara mirada a varias chicas japonesas cada vez más ligeras de ropa. En un entorno con aroma a hormona brava y pubertad incipiente, eso es hablar el idioma del éxito.

Hay que decir que Gals Panic es un remedo de un juego anterior, concretamente de Qix, un clásico de Atari en el que se nos situaba con un cursor ante una pantalla vacía que debíamos “conquistar” trazando líneas para dividirla en secciones cuadradas hasta completar un 75% de su superficie.

Lo que Kaneko hizo con su Gals Panic nueve años después fue darle una vuelta de tuerca e introducir algunos elementos para aportar algo más de sustancia al invento. El principal, que el objetivo del juego no fuera tan abstracto sino que realmente hubiera algo que descubrir, y en concreto serían 6 guapas japonesas que esperarían a que nuestro cursor fuese desbloqueando las partes ocultas tras su silueta hasta alcanzar un 80% de la imagen, momento en el que la modelo en cuestión se mostraría en todo su esplendor para pasar a la siguiente fase, en la cual, como premio y a semejanza del juego de las prendas, aparecería con menos vestuario. Todo esto, si lo conseguimos en menos de 3 minutos.

La cuestión es que no es tan simple para limitarnos a ir comiendo pantalla a cuadrados para dejar a la chica a la vista sino que tendremos algo de impedimento. Principalmente en forma de un enemigo de gran tamaño que a su vez irá expulsando otros más pequeños que recorrerán la pantalla interponiéndose en nuestro camino.

Esto no tendrá consecuencias si mantenemos el cursor en los bordes o dentro de las mismas líneas que ya hayamos trazado, pero si pulsamos el botón y nos desplazamos para dibujar una nueva línea y los enemigos entran en contacto con ella o con el cursor, significará una vida menos. Si le sumamos que a más espacio descubierto tanto ellos como nosotros tendremos menos libertad de movimiento, tenemos el desafío que presenta cada una de las pantallas. 

Los enemigos no serán lo único que encontremos en nuestro camino. Unos bloques se interpondrán también en nuestro recorrido impidiéndonos avanzar, aunque no a los enemigos. Podremos eliminarlos rodeándolos pero eso nos puede exponer a la pérdida de una vida al vernos forzados a trazar una línea más larga.

Por suerte, algunos potenciadores como relojes de arena que inmovilizarán a los enemigos o un OVNI que desencadenará una lluvia de meteoros que barrerá a los enemigos de menor tamaño y nos facilitará algo la labor. Pero no solo hemos de estar pendientes de la zona de juego, ya que nuestras acciones irán afectando a una barra en la parte superior que se irá desplazando a izquierda o derecha según la parte de la imagen que descubramos.

Si pertenece al decorado, la barra aumentará hacia la derecha, pero si por el contrario mostramos a la muchacha, decrecerá hacia la izquierda, en una especie de baremo de lo “traviesos” que seamos. Si nos pasamos de mirones provocaremos que esta barra entre en una zona amarilla, con lo que nos llevaremos una desagradable sorpresa. La pantalla cambiará y nuestra preciosa musa se convertirá en cosas tan bizarras como una rana con vestido, un ninja o un cocodrilo, todas ellas totalmente anticlimáticas y que incluso nos obligarán a repetir la fase si la completamos en este estado.

Deberemos hacer volver el indicador la zona segura, de modo que el juego nos obliga a ir con ojo y no hacer zonas al tuntún, sino a pensar bien por donde nos movemos. Para rematar, cuando hayamos completado la fase tendemos una especie de ruleta en la que dependiendo de lo afortunados que seamos el juego nos recompensará con alguna ventaja (como aumentando la barra para que podamos ceñirnos más a la parte de la silueta) o nos castigará (dándoles más abrigo y, con ello, haciéndonos retroceder un escenario).

Gals Panic era una de esas máquinas que no podía faltar en todo buen salón que se precie. Si juegos como Tetris o Bubble Bobble debían ser fijos en el catálogo de máquinas, con la de Kaneko había también un buen pellizco de recaudación asegurada. A todo el mundo le divertía por su mecánica simple, pero especialmente a los chicos porque… bueno, sobra decir por qué los adolescentes iban a jugar a una máquina que les daba la posibilidad de ver una imagen de una modelo en top less aunque que fuera pixelada. Por unas cosas y por otras, el caso es que la recreativa ha quedado como uno de esos juegos míticos de juventud, que en este caso llevó de la mano a más de uno a los albores de la edad adulta. 

Pero pese a que no volvimos a saber de Gals Panic su historia no termina aquí. El juego de Kaneko dio lugar a 4 entregas nada menos, y eso solo de su primera saga. Lo que se conoce como Gals Panic S fueron otras 3 entregas numéricas más una Extra Edition, y en ellas lógicamente se hacía uso de mejores técnicas y jugables además de aumentar el número de modelos. Toda una franquicia cuyo primer logro fue poner las orejillas coloradas a montones de chavales en la edad del pavo, que no es poca cosa. Ay, Ayami, siempre te llevaremos en el corazón…

Juan Elías Fernández
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No te quedes solo en el juego:

Película: Showgirls, de Paul Verhoeven

Canción: Cindy Lauper – Girls Just Wanna Have Fun

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