La leyenda del caballero nudista

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La vida era buena para Sir Arthur. Ser el mejor caballero del reino le reportaba no pocos honores y algunos placeres, como la admiración y devoción de la princesa. ¿Quién iba a decir que un demonio la raptaría, obligando al héroe a atravesar la Tierra de los Demonios para acudir al rescate?

El rescate caballeresco, qué grandes historias y aventuras nos ha dejado este género. Las gloriosas gestas de valientes paladines en brillantes armaduras han formado desde hace siglos parte de las leyendas y cantares tradicionales. Pero pocas pueden equipararse a la de Sir Arthur en Ghosts’n Goblins, una épica que no escucharéis cantar a ningún trovador. Ni falta que hace, porque esta la podemos jugar nosotros mismos.

Makai Mura, título que vendría a significar “El pueblo del mundo de los demonios”, llegó a occidente bajo el también bastante descriptivo nombre de Ghosts’n Goblins (Fantasmas y Duendes). Apareció en los salones recreativos en 1985 con el sello de Capcom, compañía que ya había dado muestras de una gran calidad, y que las seguiría ratificando en el futuro con unos juegazos inmensos, pero eso es otra historia. En la que nos ocupa, el verdadero monstruo no era el enemigo final del juego, sino la máquina en sí, un verdadero engendro tragamonedas de la mayor crueldad que hacía añicos la paciencia y los ánimos de los jugadores, por no hablar de sus ahorros. Pero el mal tenía que ser derrotado y aquello era demasiado bueno como para darse la vuelta sin más.

La secuencia de introducción nos mostraba a Sir Arthur, cómodamente tumbado sobre el césped disfrutando de unos momentos de relax junto a la princesa Prin Prin en las inmediaciones de un cementerio. Pues para que luego digan que estos sitios son un remanso de paz, un sirviente del demonio Astaroth aparece de la nada y se lleva a la princesa. A nuestro barbudo protagonista no le queda otra que levantarse de la hierba y embutirse de nuevo en su reluciente armadura plateada para acudir de inmediato en auxilio de su dama.

Así comienza un juego de plataformas con scroll eminentemente lateral, en el que debemos avanzar hacia adelante combatiendo todo bicho viviente que nos salga al paso. Aunque lo de viviente es un decir, porque mayormente serán criaturas sobrenatures las que se interpongan entre Sir Arthur y su enfrentamiento con Astaroth. Zombis, espectros, gárgolas, demonios, enormes ogros y un largo etcétera no venían dispuestos a ponerlo nada fácil, como bien pronto comprobábamos. Estos monstruos se lanzaban directamente sobre el caballero con la malsana intención de privarle de una de sus tres vidas de rigor, y dada su insistencia no era extraño que tuvieran éxito.

Por suerte, Sir Arthur no iba desprotegido en esta aventura. Su fiel lanza, la cual puede lanzar como si fuera un dardo, es su principal arma, y la que se asocia por defecto a este personaje, pero cabe remarcar que no era la única. Ciertos enemigos que cargan con una especie de tinaja a cuestas podían soltar nuevas armas que se intercambiarían por la que llevásemos activa. Cada una de ellas tenía sus características y había que saber elegir bien. Por ejemplo, los cuchillos ofrecían una velocidad de disparo mayor y se lanzaban en línea recta al igual que la lanza. Pero el hacha y la antorcha describían una parábola que en el caso del hacha atravesaba obstáculos. A cambio, el fuego que provocaba el impacto de la antorcha permanecía durante un par de segundos, dañando a los enemigos que lo atravesaran. Más avanzado el juego, Arthur podía adquirir una quinta arma, indispensable para poder derrotar a Astaroth.

 

 

Otra característica de nuestro protagonista era su propia armadura. Su fiel compañera que le protegía de un golpe y solo uno, puesto que en ese mismo instante saltaba en pedazos, dejando al pobre Sir Arthur en paños menores. Una triste estampa para un héroe, la de pasearse por ahí combatiendo el mal únicamente en calzoncillos de algodón, que es la que ha quedado para la posteridad como imagen de Ghosts’n Goblins. Sir Arthur, ese modelo de Abanderado precoz de los videojuegos, posteriormente luciría otros modelos de ropa interior en sucesivos juegos, incluso con algún que otro estampado. Pero, nuevamente, esa es otra historia.

La dificultad del juego solo puede calificarse por momentos como “demencial”. Llegar a dominar los primeros niveles a golpe de moneda de cinco duros podía suponer un gasto ingente para la chavalada de aquel entonces. Y había seis niveles en el mapa que nos hacía de guía. Pero eso no significa que tuviésemos que atravesar seis fases. Ghosts’n Goblins se guardaba un as en la manga en su afán de sacar cuantas más monedas de los bolsillos mejor, uno de esos que sientan como una losa de 10 toneladas, y es que cuando ya nos encontramos ante la habitación de Astaroth descubrimos que hemos sido víctimas de un engaño y que toca volver a atravesar los seis niveles nuevamente. Eso sí, esta vez por el camino recogemos ese arma especial que puede permitirnos acabar con el demonio de una vez por todas y ver el auténtico final.

Pero entonces, ¿por qué no nos liábamos a patadas con la máquina de pura frustración o simplemente echábamos a correr entre sollozos con nuestras ilusiones echas añicos y servidas en bandeja? Pues veréis, porque Ghosts’n Goblins, con todo lo difícil y exigente que era, tenía algo especial que te animaba a seguir jugando, a sabiendas de que seguramente nunca tendrías lo necesario para completar la misión. Y quizá fuese esa promesa de que, de conseguirlo, valdría mucho más la pena.

Qué diantre, sarna con gusto no pica, y Ghosts’n Goblins se desveló como una de las primeras obras maestras de Capcom, un juego legendario, divertido, con una mecánica simple y una ambientación atractiva para lo visto hasta entonces. El juego fue portado a los sistemas domésticos contemporáneos: NES, Spectrum, Amstrad CPC (en una versión verdaderamente lamentable), Commodore 64, Commodore Amiga, Atari ST, PC, X68000 y posteriormente a Game Boy Color, Game Boy Advance, WonderSwan, la Consola Virtual de Nintendo y los recopilatorios Capcom Classics Collection para PS2, Xbox y PSP

Ghosts’n Goblins también dió lugar a una secuela, Ghouls’n Ghosts, que subía un peldaño en todos los aspectos. De este se hizo una especie de remake para Super Nintendo bajo el título Super Ghouls’n Ghosts. Esta consola recibió también un spin-off: Demon’s Crest, también llevado a NES y Game Boy bajo otras encarnaciones, y ya en la generación de PlayStation 2 vió la luz Maximo, que gozó de dos entregas mientras que el protagonista original, Sir Arthur, se paseaba haciendo apariciones estelares y luciendo gallumbos por otros parajes tan poco propios de él como la saga Marvel vs. Capcom. Sí, socios, Sir Arthur nos enseñó que no había desafío lo bastante grande ni bastantes monedas de cinco duros en el bolsillo, pero sobre todo, lo más importante, que siempre hay que llevar una muda limpia de calzoncillos. Hasta para ir al mismísimo infierno.

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No te quedes solo en el juego:

Película: El Ejército de las Tinieblas de Sam Raimi

Canción: Demon (Claudio Simonetti – B.S.O. Demons, 1985)

Libro: Leyendas, de Gustavo Adolfo Becquer

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