A la caza de los dioses

De la mano de Namco Bandai llega otro título de rol claramente inspirado en el fenómeno Monster Hunter, solo que esta vez cambiando monstruos por poderosas deidades. Se abre la veda.

Es imposible afrontar el análisis de un juego como este sin hablar de Monster Hunter, teniendo en cuenta sus similitudes. De hecho, dado el éxito que ha cosechado el título de Capcom (especialmente en Japón), da la impresión de que ya podemos hablar de un subgénero dentro del rol en la portátil PSP.

Combates encarnizados

Quienes hayan jugado alguna vez a alguna entrega de la saga Monster Hunter o a algo parecido como Lord of Arcana, puede hacerse una idea de en qué consiste este God Eater Burst. Pero, para los que no sepan de qué va la cosa, aquí estamos nosotros. El juego consiste, básicamente, en crear un personaje, con ayuda de un completo editor, con el cual salir a cazar por extensos escenarios todo tipo de criaturas (dioses, en este caso). Un planteamiento sencillo, en teoría, que gana en profundidad a medida que avanzamos en su desarrollo, gracias a la posibilidad de ir mejorando a nuestro personaje. Así, cuanto más fuertes somos, a seres más impresionantes tenemos que enfrentarnos. Todo dividido en el ya clásico sistema de misiones principales y secundarias que tan bien le ha sentado a la ya citada serie Monster Hunter.

Al igual que sucede en la serie de Capcom, hay que reconocer que God Eater Burst está muy enfocado al cooperativo. Dada la fuerza de algunos enemigos, solo podemos derrotarlos con ayuda de otros usuarios, por lo que la colaboración resulta imprescindible. Y añade mucho interés a las cacerías.

Empieza la caza

Donde el juego saca pecho es en aspectos más originales, como por ejemplo su argumento. A diferencia de Monster Hunter, que poco ofrece en este sentido, en God Eater Burst nos encontramos en un mundo apocalíptico, donde formamos parte de un grupo de cazadores llamado Fenrir. Y dentro de este equipo, a su vez, tenemos que enfrentarnos a los monstruos que amenazan el mundo, conocidos como Aragamis. A medida que avanzamos en la historia, el argumento va regalándonos nuevas tramas y matices.

Por otro lado, y aunque no se puede decir que estemos ante un juego demasiado táctico, sí que es cierto que para salir bien parados de los combates que tenemos que disputar es necesario estudiarlos a fondo. O lo que es lo mismo, diseñar un tipo de estrategia determinado en función del enemigo en cuestión con el que nos medimos. Algo especialmente necesario en la recta final de la aventura.

A nivel artístico, el juego se distancia bastante de la competencia, sobre todo gracias a los escenarios y a los enemigos. El diseño de las criaturas resulta bastante variado y en ocasiones sorprende por su originalidad. Y para concluir, hay que citar el único aspecto negativo de relevancia que arrastra el UMD, que no se encuentra traducido, muestra los textos en inglés.

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