Bárbaros con sabor a clásico

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Los mundos de fantasía heróica siempre han sido una de las temáticas favoritas de los videojuegos. Sega dio con la suya propia en Golden Axe, una recreativa que nos convertía en aguerridos bárbaros, solos o en compañía.

Si tuviésemos que hacer una lista de las palabras que mejor definen los años ochenta, es muy posible que una de ella fuese “bárbaros”. La Conanexploitation perduró durante una buena temporada tras el estreno de la película dirigida por John Milius y su secuela, favoreciendo la proliferación de alegres mozos y mozas en taparrabos y/o bikini según su circunstancia personal, generalmente haciendo gala de enormes y brillantes espadas u otras armas de templado acero, que se paseaban por mundos de fantasía que intentaban rememorar algo similar a las novelas de Robert E. Howard. La kilométrica lista de subproductos cinematográficos surgidos a la sombra del film protagonizado por Arnold Schwarzenegger habla por sí sola, y lo cierto es que no muy bien en términos globales tirando más a la serie B y hasta la Z en no pocas ocasiones.

Los videojuegos, que muchas veces acabaron siendo reflejo de su época, no tardaron en acoger con los brazos abiertos la figura del bárbaro, y hay que decir que afortunadamente con mejor tino del que tuvieron sus sosías de celuloide. Títulos como Barbarian, de Palace Software, Rastan, de Taito – del cual es un hecho poco conocido que acabó siendo una trilogía – o el juego que nos ocupa, Golden Axe, fueron algunos de los títulos más recordados por los jugadores de esta década. Y en el caso de la recreativa y posteriormente cartucho de Sega, con muy buen motivo.

Mientras que el trabajo de Palace se adscribía al género de la lucha 1 contra 1, con ese inolvidable movimiento de decapitación como sello propio, y la máquina de Taito se decantaba por las plataformas, Golden Axe queda como el referente por excelencia de los hack’n slash, los juegos de acción con armas de filo, y que además podía jugarse en compañía dando momentos y recuerdos impagables.

Golden Axe, placa arcade publicada en 1989, nos trasladaba al reino de Yuria donde el rey y la princesa de aquellos lares se encontraban en poder del malvado Death Adder, el poderoso poseedor de una legendaria hacha dorada que gustosamente hundiría en sus gaznates a menos que los habitantes del susodicho reino le reconociesen como su soberano.

Ante la perspectiva de cambiar de monarca a pelo y teniendo algunas rencillas pendientes con Death Adder, tres personajes dan un paso al frente y prestan sus espadas y hacha para enfrentarse al tirano. Ax Battler, un bárbaro que perdió a su madre a manos del malvado. Tyris Flare, amazona cuyos padres fueron asesinados por el ejército de Adder. Gilius Thunderhead, enano que perdió a su hermano también por obra del villano. Como para llevarse a este señor a una comida familiar.

Los tres son los personajes a seleccionar tan pronto como comenzamos la partida, y como era de esperar los motivos para la venganza no eran la única diferencia en la que basar nuestra elección. Ax, como supuesto protagonista de la historia, es el más equilibrado de los tres en cuanto a velocidad, alcance y capacidad mágica, mientras que Tyris es la más ágil y dotada para la magia pero a costa de un menor alcance y Gilius compensa su escaso nivel mágico con un mayor alcance para sus golpes.

Ya que mencionamos la magia, uno de los elementos característicos de Golden Axe son unos risueños gnomos con un saco a sus espaldas que a base de puntapiés nos otorgarán unas pociones azules. Estas pociones, o más bien el número de ellas que tengamos, indicará cuál es el nivel del conjuro que lanzará el personaje al presionar el botón para tal efecto, siendo sus resultados más o menos potentes. De esta manera, Ax provocará terremotos y erupciones con su magia de tierra, Tyris en cambio se inclinará por los conjuros de fuego y Gilius hará honor a su apellido Thunderhead invocando devastadores rayos.

La mecánica de Golden Axe no da para llenar muchas páginas, y ni falta que hace. Avanzar y golpear, así de simple, así de divertido. Ese era el espíritu de las recreativas aunque, claro está, hace falta ese algo más que te invite a seguir jugando. En este caso podríamos nombrar las animaciones de los personajes en plena batalla, llevando a cabo una auténtica coreografía de combos una vez enganchábamos a algún pobre desdichado que podía acabar de diversas formas, o bien despedido por un clásico sablazo, o lanzado por los aires por el héroe o heroína, o con contundentes golpes de empuñadura en la sesera y una buena jaqueca. Podríamos buscar ese factor diferenciador también en las monturas, un elemento no muchas veces visto y que en Golden Axe significaban un plus de potencia al aprovechar las habilidades de los seres a los que nos encaramásemos tras derribar a su anterior jinete.

Precisamente en las monturas, Sega se hizo un autohomenaje rescatando a una criatura que ya se dejó ver en otra recreativa previa, Altered Beast. La cocatriz, una extraña ave rosada con larga cola capaz de propinar fuertes latigazos, es el primero de estos seres que tenemos ocasión de cabalgar.

De ahí pasamos a mayores con los dragones azules y sus chorros de fuego al suelo, y a los dragones rojos que ya disparan sus proyectiles ígneos en línea recta. Pero cuidado, ya que al igual que nosotros podemos derribar a los enemigos que los usen, ellos también podrán quitárnoslos con el mismo método hasta que el animal se canse y opte por la sabia opción de tomar las de Villadiego.

El mapeado era también un elemento que quedaba en la retina al jugar a Golden Axe, en especial dos de sus niveles que transcurren, literalmente, encima de una tortuga y de un águila gigantes. Entre toda la jarana de mandobles, el momento en el que los titánicos animales resultaban reconocibles a los ojos del jugador novato era uno de esos bautismos de fuego que uno recuerda con los años.

 

 

Y por si quedaba duda, el mapa que nos mostraba la transición entre fases nos dejaba bien claro mediante garabatos dónde acabábamos de estar. Una transición que, una vez más, era otra de estas marcas de la casa. Ni el reposo del guerrero se respecto cuando los mencionados gnomos, esta vez con compañía, vienen a robarnos las pociones. Por supuesto, la suela de nuestra bota en su cara es la mejor manera de pedirles amablemente que las devuelvan con intereses, y hasta con comida para rellenar nuestra salud, gentileza de los asaltantes con ropas verdes.

Las magias, los escenarios, las monturas, por supuesto la música, con una memorable sintonía para el primer nivel pero que solo es el preludio de lo que viene después (mención aparte a los gritos digitalizados) y, como no, no podían faltar los enemigos. Si estamos en un universo de bárbaros, bárbaros tiene que haber, y a ese colectivo pertenecen nuestros oponentes.

Bárbaros y amazonas, que también las hay y con mala idea. Hasta esqueletos acudirán a la batalla a partir de cierto punto del juego. Si les sumamos enemigos de mayor envergadura, como unos orondos calvos con martillos de tamaño respetable, unos gigantones enfundados en una imponente armadura o el propio Death Adder y el ataque a distancia de su Golden Axe, el plantel no queda nada mal pese al manido recurso de cambiar la paleta de colores entre fases para aparentar más variedad. No es el único cambio en realidad. Los enemigos se vuelven más ágiles en sus golpes y nos costará más encadenar los golpes sin que nos rompan la combinación y nos den su propia medicina en los momentos álgidos de la curva de dificultad, curva mucho más llevadera en pareja.

Todos estos serían los elementos que Golden Axe luciría en su currículum como juego mítico de los salones recreativos por derecho propio. Eso y posiblemente una de las mejores y más divertidas secuencias finales de la época. La máquina lo tenía todo. Se veía bien, sonaba muy bien y se jugaba aún mejor. Para echar los cinco duros con un colega mano a mano no tenía precio. Y eran bárbaros, que como hemos dicho al comienzo era lo que pegaba por entonces, en más de un sentido. Sega, además, obsequió a los dueños de su consola Megadrive con una genial conversión doméstica, aunque tampoco se quedó para nada corta Master System. PC, Amiga, Atari ST, Amstrad CPC, Spectrum, Commodore 64 y PC Engine tuvieron también su ración mientras que Game Gear recibía un spin-off en forma de RPG llamado Ax Battler: A Legend of Golden Axe. Posteriormente reeditado en recopilatorios de Sega y en versiones de descarga para dispositivos móviles, Xbox Live, Consola Virtual o PSN, Golden Axe aún perdura hasta nuestros días. Cuando un juego es así de bárbaro, es lo que hay.

Juan Elías Fernández, colaborador de AlfaBetaJuega

 

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No te quedes solo en el juego

Película: Conan el Bárbaro, de John Milius

Libro: Conan, de Robert E. Howard

Canción: Riddle of Steel / Riders of Doom – Basil Poledouris 

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