Eres un hacha

Si uno pensaba que Golden Axe era el culmen de la saga, o siquiera el punto álgido de Sega con los beat’em up de bárbaros, en solo tres años recibió la réplica por parte de los japoneses en esta secuela no tan recordada y que merece más reconocimiento. Porque Golden Axe: The Revenge of Death Adder es una de las mayores joyas olvidadas de los años noventa.



Bárbaros, esos briboncetes de músculos como el acero y gusto por pasearse en taparrabos. El símbolo de una década. Uno de tantos, es decir, pero uno que creó escuela, y todo gracias a John Milius y su adaptación al cine de Conan, el personaje creado por Robert E. Howard. Es una influencia que el creador de Golden Axe, Makoto Uchida, no puede disimular a pesar de llegar ya bastante tarde al fenómeno, puesto que el mencionado beat’em up es del año 1989 y para entonces toda la fiebre bárbara de la primera mitad de la década ya estaba relegada a un segundo plano por el regreso de los ninjas. Llegó tarde hasta para coger el vagón de cola de los Masters del Universo, pero pese a ser flor tardía era un flor preciosa.

Golden Axe tuvo continuaciones, como sucede con cualquier juego de éxito que se precie. Las tuvo principalmente en Mega Drive, donde figuran Golden Axe II, que viene a ser una prolongación del juego anterior con algunos cambios estéticos y en el sistema de magia, y Golden Axe III, que los fans suelen mirar con el ceño fruncido por considerarlo el más flojo de la trilogía. Sin embargo, entre que se lanzaban Golden Axe II y Golden Axe III, algo se cocía en los recreativos. La placa System 32 albergaba un nuevo desarrollo del grupo AM1 que devolvía a la franquicia a donde debía estar, ahora con todo el poder de su nueva circuitería. Así llegó en 1992 Golden Axe: The Revenge of Death Adder, un arcade injustamente olvidado que brilla a nivel técnico y del que no es descabellado decir que es la mejor entrada en la serie.



Años después de su derrota a manos de Ax, Tyris y Gilius, Death Adder es revivido y vuelve a poseer la poderosa Hacha Dorada. Y encima, en venganza, ha esclavizado a las gentes del reino. Solo cuatro héroes de una nueva generación pueden hacerle frente y liberar a las almas inocentes que aguardan un terrible destino peor que la muerte a manos del villano. Pero éste tiene nuevas fuerzas bajo su control.

Si no saciaste tu sed de sangre y tortas en el Golden Axe original, lo cual ya es raro porque lo cierto es que pese a no ser especialmente largo es un juego bastante intenso, Sega puso a disposición de los recreativos más selectos de 1992 esta secuela directa que o bien ignora la cronología de la serie doméstica, o sencillamente se coloca en un punto futuro para contar su propia historia. En cualquier caso, es un juego que tiene el suficiente empaque como para tener entidad por separado. El regreso de Death Adder clama para que nuevos héroes den un paso adelante, y aunque Ax y Tyris no están disponibles, y Gilius ya tiene una edad como para ir arreando hachazos, los nuevos protagonistas vienen pegando fuerte. Literalmente.

Se trata del bárbaro Stern Blade, un tipo confeccionado a imagen y semejanza de Ax Battler que usa su misma arma, una espada a dos manos, y hasta comparte un sentido estético similar. Eso sí, esta vez es quien invoca la magia de fuego. Le acompaña Dora, una mujer centauro con facilidad para la magia, la cual desencadena una tormenta de rayos y hace que pueda transformarse en humana para subirse a las monturas. Goah el gigante es el personaje con mayor potencia física del grupo y dispone de la magia más poderosa, y por ello la de mayor coste: la entropía, la cual pudre con una espectacular invocación a los seres vivos en pantalla. Además, lleva a cuestas a Gilius, que hace del cerebro del dúo. Y último les acompaña Little Trix, un diminuto pero ágil elfo armado con un tridente cuya magia se corresponde con la naturaleza. Es el único personaje que no dispone de un conjuro de ataque, sino que en su lugar Trix hace crecer pequeños árboles cuyos frutos recuperan vida.

Los cuatro personajes se sumergen un mundo remozado y con mejor aspecto que en el resto de sus versiones, aprovechando las bondades de la System 32. Precisamente dando un toque que un año antes había adoptado otra secuela bárbara, Warrior Blade, la tercera parte de Rastan que se parecía más que nunca a un cómic de Conan de aquellos firmados por talentos como Barry Windsor-Smith o John Buscema. Ese es el estilo y el aire que rodea por momentos a Golden Axe: The Revenge of Death Adder, aunque haga uso de una paleta de colores más viva e introduzca algunos elementos más inusuales que el juego de Taito.



Y es que un Golden Axe no puede ser tal sin los enemigos a los que atizarles y las monturas para poder cabalgar y usar sus demoledores golpes. En el primer apartado, tenemos a los sufridos soldados de a pie que ahora cuentan con la ayuda de unos guerreros tribales albinos de enormes máscaras armados con fémures y mucha agresividad contenida, los habituales esqueletos con cimitarra y unos molestos hombres árbol. También nos topamos con viejos conocidos ahora algo cambiados, como los gigantones calvos, en diversa gama cromática y haciendo de jefes de varios niveles, amazonas en dos variantes y con talla como para jugar en el Unicaja, también en las mismas funciones, e igualmente como guardián de zona los restos del guerrero que en el primer juego se escondía bajo una descomunal armadura, ahora reducido a una osamenta, piezas de ésta y una enorme guadaña.

En lo que a las monturas se refiere, la verdad es que la famosa cocatriz y los dragones de la primera parte no están presentes. No al menos para poder llevarnos a lomos tal como los recordamos, porque la bestia medio ave medio pez introducida en Altered Beast sí puede verse haciendo de animal de tiro, y en determinado momento podemos cabalgar el esqueleto resucitado de uno de los dragones rojos que lanzaba una bola de fuego al suelo causando una explosión. Pero lo que con más frecuencia nos ofrece sus servicios como si de un conductor de Uber se tratase serán unas enormes mantis religiosas, una con el vicio de emitir llamaradas de fuego y la otra más dada a sacudir con sus pinzas y mordisquear cabezas, así como escorpiones gigantes con cola eléctrica. Una selección de monturas bastante curiosa.



Como curioso se ha vuelto el mundo de Golden Axe en esta recreativa. Además de haber ganado puntos en lo visual, las batallas se presentan más cruentas gracias a los rápidos combos que podemos realizar y que los personajes son bastante propensos a causar y sufrir conmociones cerebrales. Y es el remate de nuestras cadenas de golpes (o las de los enemigos) coronándose con porrazos en la cabeza hace que la desdichada víctima dé unos cuantos pasos hacia atrás antes de caer como un saco de patatas. Para levantarse de nuevo o no, eso ya es relativo. Muy vistoso es también el uso de las magias, que ahora no tienen grados de intensidad sino que solo requieren de tener como mínimo el número de pociones requeridas para poder ejecutarse. Y dos de ellas, las de Stern y Goah, cuando son lanzadas sobre la carne de cañón que suponen los legionarios humanos, nos ofrecen una escena la mar de llamativa en la que vemos un primer plano del horrorizado sujeto sufriendo una muerte espantosa por fuego o quedándose como la mojama en una niebla mortal. Además, el juego gusta de lanzar cosas a la pantalla, sean fragmentos de estatuas de Death Adder que romper, o proyectiles rotos al vuelo de un tajo. Es parte de las característica de este hardware que permite hacer uso de zooms y efectos de iluminación aprovechados en la fase de la caverna, con pasadizos ocultos tras paredes que pueden destruirse.

En lo sonoro, la música es de nuevo reminiscente de la percusión y viento con que Basil Poledouris adornó Conan el Bárbaro, pero pese a sonar de maravilla no es tan recordada como las pegadizas melodías de la primera entrega. Es uno de los dos principales puntos flojos del juego, siendo el otro unas pautas compartidas en los jefes que hacen que sus combates sean repetitivos. Sin embargo, el resto es realmente destacable para 1992, y un listón de excelencia para la saga Golden Axe. Aún se vengaría Death Adder alguna otra vez más, pero ya sin tanto brillo.

Juan Elías Fernández

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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