Robando carteras

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Corría el otoño de 1997 y PlayStation ya le había ganado de largo la partida a Sega y Nintendo en esa generación. La primera consola de Sony tenía un catálogo con clásicos instantáneos (Final Fantasy VII) e iba a recibir en breve joyas a la misma altura (en el 98, Metal Gear Solid o Gran Turismo, sin ir más lejos).

Y dentro de este dream team de la primera PlayStation (y también de PC) hay otro juego que se cuela por méritos propios: Grand Theft Auto. Su entrada tiene, además, una dificultad añadida: los otros títulos que cito fueron en su momento prodigios de la técnica mientras que GTA no dejaba de tener un apartado gráfico justito en el que, a vista de pájaro, controlábamos a un macarrilla de barrio con ínfulas de Robert de Niro en Uno de los Nuestros.

Entonces, ¿por qué tanto revuelo con Grand Theft Auto? Por un término tan sencillo como la libertad de movimientos. Libertad no sólo para escoger las rutas que más te convinieran para conseguir tus objetivos (ya en el 85, Sir Fred, un juego español, permitía llegar al final a través de caminos alternativos), sino para hacer lo que te diera la real gana. Si te apetecía pasear por Liberty City en coche y viendo el paisaje, podías hacerlo; si lo tuyo era saltar de coche en coche (robado, el matiz es importante), también podías hacerlo; y si se te cruzaba un cable y querías acabar con ese grupo de insoportables hare krishna vestidos de naranja y perfectamente alineados, podías hacerlo.

No habías tenido más libertad desde aquel día en que te escapaste de casa con trece años. Y Rockstar (o lo que pronto iba a ser Rockstar) se había sacado de la manga un juego normalito en lo técnico pero brillante tanto en su concepto como en su ejecución.

Acostumbrados en los últimos años a que cada entrega de la saga se limite a una ciudad, o una región como mucho, el primer GTA juntaba de un plumazo todos los escenarios conocidos en suelo norteamericano: Liberty City, Vice City y San Andreas, que en el caso de esta primera entrega era la recreación virtual de San Francisco. Dicho sea de paso, nunca llegué a salir de Liberty City, entre lo paquete que es uno y que en aquel momento no tenía memory card, era una tarea titánica cambiar de ciudad en un par de horas de partida.

Un par de años más tarde, los seguidores del juego tuvieron como premio un par de expansiones que no se han vuelto a repetir en la historia de la saga: GTA London, 1969 y GTA London, 1961. Ambas ambientas en la capital de Inglaterra, han sido el único caso de toda la saga en la que la localización ha mantenido el nombre original del lugar en el que se basa.

Para acabar, una de notas. Lo que ahora son todo elogios, fueron palos en su momento. La recepción crítica del juego fue más que tibia con notas que fueron del seis al ocho. Fue la calle la que dictó sentencia: a los jugones de 1997 aquel cóctel de libertad y tiros les pareció un divertimento más que sano. Tanto, que ha creado un monstruo capaz de fagocitar la red cada vez que se anuncia una nueva entrega. Por cierto, el juego se puede descargar de manera gratuita desde la web oficial de Rockstar, en este enlace.

Jaume Esteve

Twitter: @jaumeesteve

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