Análisis de Hellblade: Senua’s Sacrifice – Un pasillo hacia el infierno

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Hellblade: Senua’s Sacrifice captó la atención del mundo de los videojuegos desde sus primeros compases. Tras su trabajo se encuentran unos auténticos genios como Ninja Theory, por lo que, desde el primer instante, las expectativas se situaron por las nubes respecto a lo que podría ser este ambicioso título tratado desde un desarrollo independiente por un pequeño grupo de la compañía, pero con un aspecto soberbio a la altura de las grandes producciones.

En Hellblade, el jugador se pone en la piel de Senua, una joven guerrera que debe hacer frente a su destino y a su propia mente. La psicosis que sufre le hace escuchar continuas y contradictorias voces en su cabeza, lo que hace aún más complicada la difícil tarea de adentrarse en Helheim (el infierno de la mitología nórdica) para intentar rescatar el alma de su amado Dillion. Para ello, Senua debe hacer frente a algunos de los dioses nórdicos más temidos por su gente, lo que lleva a la joven a partir hacia un viaje cargado de una maldición y de cientos de peligros que tiene que afrontar para conseguir su ansiado objetivo.

Y si bien es cierto que las expectativas de Hellblade: Senua’s Sacrifice han sido muy altas desde los primeros compases, se puede decir que el juego cumple con ellas… a medias. Es un producto muy redondo, con una historia apasionante e inmersiva que mantiene al jugador enganchado en todo momento a lo que está sucediendo. Además, explorar la mitología nórdica del modo en el que lo ha hecho Ninja Theory es una premisa realmente atractiva y que incluso puede servir de anticipo para todos aquellos que estén deseando jugar a la nueva entrega de God of War. Nada que reprochar respecto al tratamiento del argumento como de su desarrollo.

No obstante, no todo es tan soberbio en lo nuevo de la compañía. Cabe destacar que el aspecto visual es sencillamente sensacional, a la altura de todo un triple A de algunas de las compañías con más presupuesto del panorama actual de los videojuegos. Sin embargo, esto es posible gracias a entornos pasillescos y excesivamente cerrados que no dejan lugar a la exploración en ningún momento; el juego se desarrolla en la una línea recta y con una mecánica muy simple. Todo lo que puede llegar a sorprender a nivel argumental lo pierde por el camino en lo jugable: es repetitivo y fácil de intuir, lo que a la larga produce una pequeña sensación de pereza a la hora de realizar los mismos puzles o, especialmente, los mismos combates una y otra vez. Aunque esto es algo a lo que se le intenta poner solución bien avanzado el juego, tal vez algo más tarde de lo que debería.

Pero vamos a ir desgranando cada aspecto poco a poco en este análisis. Y vamos a comenzar con las cosas positivas que tiene Hellblade: Senua’s Sacrifice que, lejos de lo que pueda parecer, no son pocas. Para empezar, la calidad gráfica en un absoluto deleite en todos los sentidos, especialmente en lo que se refiere a PlayStation 4 Pro, de la que consigue extraer un gran rendimiento a 60fps más que estables. Los entornos, paisajes y la propia Senua, así como los enemigos están cuidados hasta el más mínimo detalle, haciendo especial hincapié en las luces y sombras que cuentan con una gran importancia en el desarrollo de la aventura. Así como otros elementos como el agua o el fuego, con un desarrollo fotorrealista que traslada una imagen como se ha visto en pocos videojuegos. Además de una distancia de dibujado tremenda que permite ver con todo lujo de detalles lo que se encuentra en el horizonte.

En este aspecto destaca notablemente el trabajo realizado en la captura de movimiento por la bella actriz Melina Juergens, cuyos gestos introducen al jugador en la tortura que la propia mente de Senua le imprime a la protagonista de este viaje hacia Helheim. Un trabajo soberbio que aporta una personalidad muy marcada y totalmente diferente a lo que la industria está acostumbrada; un tratamiento magnífico. Del mismo modo que todo lo que tiene que ver con la cultura y mitología nórdica, haciendo referencia a algunos personajes reconocibles y dioses como Odín, Loki, Surt o Hela, entre otros a través del propio argumento o relatos de varios dólmenes a modo de recuerdos que se distribuyen por los escenarios. Todo ello sumado a un entorno nórdico que puede estar en la mente de cualquier persona y que se identifica a la perfección con lo que se quiere mostrar.

Otro de los aspectos que sorprenden sobremanera es el tratamiento de la psicosis de Senua. Cabe destacar que el movimiento de Ninja Theory en este sentido era muy arriesgado en un principio y salen muy bien parados con el experimento: consigue aportar ese mal trago de sentir que las voces de la mente de Senua la persiguen y torturan constantemente hasta desquiciarla, algo que se extiende al jugador. En muchas ocasiones también sirven de ayuda respecto a la resolución de puzles, o incluso pueden reírse del usuario si está haciendo algo mal. Pero lejos de todo ello, producen un mal rollo constante digno de admirar por lo que el equipo de desarrollo pretendía mostrar.

Con relación a esto último, Ninja Theory incluso aconseja jugar a Hellblade con auriculares para experimentar mejor las sensaciones sonoras que tienen que ver con la psicosis y con los diferentes elementos que interfieren en la aventura. Y desde AlfaBetaJuega también recomendamos esta premisa, ya que aporta muchas más experiencias y consigue provocar una experiencia mucho más inmersiva e intensa.

Lamentablemente, a nivel jugable no se pueden extraer gratas sorpresas. No obstante, cabe destacar un esfuerzo enorme de Ninja Theory por incluir innovación y mecánicas diferentes en los compases finales del videojuego, aunque resulta un poco tarde, dado que los primeros momentos han de ser los que enganchen al jugador para seguir avanzando en la propuesta. Sin embargo, en esta ocasión discurre al contrario y es en las zonas del desenlace donde se aprecian combates y puzles más dinámicos, variados y exigentes, aunque cimentándose en la misma base de lo visto con anterioridad.

En la parte negativa, como se avanzaba con anterioridad, hay que lamentar que el juego sea un pasillo constante. Se entiende que al tratarse de un desarrollo independiente no se pueden exigir entornos con una enorme amplitud, pero tal vez sí que se pudiera esperar algunas zonas con rutas alternativas y que no lo hicieran todo tan intuitivo. De este modo, la resolución de puzles se averigua de manera sencilla, lo que no implica una gran dificultad.

En cuanto a los puzles y los retos a los que somete Hellblade al jugador, hay que destacar que son ideas muy buenas y originales… la primera vez que se descubren. Por desgracia, se quedan en esa primera impresión, ya que se repiten constantemente a lo largo de todo el juego. El preferido de Ninja Theory es, sin duda, encontrar runas nórdicas entre los escenarios para abrir puertas, aunque también hay otros desafíos basados en ilusiones ópticas que hay que resolver a través de portales y la visión de concentración de Senua. Algunos otros puzles se basan en el entorno, contando con algunos laberintos y zonas en las que hay que huir de perseguidores y alcanzar los puntos de luz, aunque estos últimos ejemplos se desarrollan de manera más constante hacia el final del juego. En las primeras horas todo se basará en runas y efectos ópticos.

Por desgracia, otro de los puntos en los que adolece Hellblade es en los combates. Aparte de la escasa movilidad a la que se ve sometida Senua en cuanto desenfunda su espada, los enemigos son muy escasos y los combates son mecánicos; es decir, siempre cuentan con los mismos ataques y movimientos, lo que hace muy fácil contrarrestar sus acometidas. Otro de los problemas en este aspecto es que, además de los jefes finales de cada zona, solo hay cinco tipos de enemigos y casi siempre atacan en solitario o grupos de la misma condición. Solo en los compases finales, ya en Helheim hay una variedad notable en este aspecto y los combates se convierten en un desafío: el número de enemigos aumenta, pudiendo enfrentarse a grupos de cuatro demonios, además de mezclar a los diferentes tipos de enemigos, lo que hace más complicado trazar una estrategia contra todos ellos. Si hubiera sido así desde un principio…

En definitiva, Hellblade deja un gran sabor de boca, pero también la sensación de que hubiera sido un producto redondo y a tener muy en cuenta si hubiera contado con un presupuesto mayor, ya que podría haber alcanzado a otros títulos de renombre como Horizon: Zero Dawn, ya que en lo gráfico no tiene nada que envidiar a la obra de Guerrilla Games. No obstante, las carencias de esta falta de presupuesto convierten a Hellblade: Senua’s Sacrifice en un gran juego que se queda a caballo entre un gran título independiente y un más que aceptable Triple A. Algo que, lamentablemente, termina siendo un quiero y no puedo.

Juan Montes

Jugabilidad: Por desgracia, es la peor parte del juego. Al avance pasillesco por los escenarios hay que sumarle una mecánica repetitiva tanto en combates como en puzles, lo que dota al juego de una falta de dinamismo impropio de un título de estas características. Una auténtica lástima, aunque no todo es negativo, ya que el juego en su conjunto consigue aportar lo que pretende y, salvando estos detalles que vuelven la acción un pasillo conocido, el título puede disfrutarse de principio a fin por su propuesta narrativa.

Duración: Ninja Theory ya advirtió que Hellblade: Senua’s Sacrifice no es un juego muy extenso, aunque sí que lo es más de lo que se podría prever. Para completar la historia se requieren unas 10-12 horas, todo dependiendo del grado de dificultad con el que se le quiera hacer frente. El problema radica en que no es un título con rejugabilidad, ya que cuenta su historia (soberbia, todo sea dicho) y una vez que lo hace, ya no hay mucho más que exprimir.

Gráficos: Sin duda, el punto fuerte de Hellblade. Tanto las características de Senua, como el trabajo realizado en los entornos, así como el realizado en las capturas de movimiento con Melina Juergens, son un deleite para los sentidos y conforman un producto que pocas veces se ha visto en el mundo de los videojuegos. Ninja Theory ha conseguido un videojuego a nivel gráfico que nada tiene que envidiar a las grandes producciones de hoy en día. Un excelente trabajo digno de admirar.

Sonido: Otro de los puntos fuertes e imprescindibles de la obra protagonizada por Senua. La psicosis que sufre la joven guerrera se hace latente a través del sonido, con las turbias voces de sus acompañantes, así como los relatos que se pasean por su cabeza y las amenazas de Hela para evitar que se interne en Helheim. Además, algunos puzles también se resuelven mediante el sonido, por lo que el uso de auriculares hace la experiencia mucho más inmersiva y cómoda. Por otro lado, el doblaje en inglés y la banda sonora son también elementos a tener en cuenta, ya que aportan mucha más inmersión a lo que está sucediendo en cada momento.

Conclusión:

Por lo tanto, Hellblade: Senua’s Sacrifice es un juego difícil de catalogar. Tiene muchas cosas positivas que hay que valorar, aunque también cuenta con elementos negativos que enturbian en gran medida la experiencia jugable. La sensación que deja el título una vez se ha superado es que podría habérsele sacado un mayor partido si hubiera contado con un presupuesto mayor, lo que abre la esperanza a que en un futuro se pueda ver un nuevo videojuego de estas características con todas las prestaciones de un Triple A. No obstante, con Hellblade, Ninja Theory ha conseguido aportar grandes dotes gráficas y ofrecer un producto notable, al que le faltan cosas por pulir. Pero así también se comienzan a extraer los diamantes.

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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