Un violinista en tu consola

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Sony ha presentado uno de los proyectos más novedosos en el terreno de la realidad virtual. Con el objetivo de mostrar el potencial de PlayStation VR al margen de los videojuegos, un equipo de la compañía ha filmado una actuación del famoso violinista Josh Bell y su pianista para componer una experiencia musical, meramente contemplativa, en la que el usuario se convierte en espectador de lujo.

Aquellos que posean el dispositivo de realidad virtual de PlayStation ya pueden descargar, de forma completamente gratuita y a través de PlayStation Store, una propuesta titulada Josh Bell VR Experience. No se trata de ningún proyecto cercano al videojuego, sino a una experiencia musical en la que el usuario asistirá, desde una posición privilegiada, a la actuación de un violinista de éxito.

Se trata del ganador de un Grammy Joshua Bell, que a pesar de sus 30 años ya alberga una larga trayectoria como solista o director de orquesta. Su estrecha relación con Sony, con la que ha colaborado en varios de sus videojuegos, le ha permitido ser el precursor de esta nueva forma de aprovechamiento de las capacidades de PlayStation VR, una inquietud que surgió desde que hace unos años probara un prototipo del casco.

De este modo, en su intención de unir música clásica y realidad virtual, surgió la posibilidad de filmar una de sus actuaciones para ponerla al alcance de los usuarios de la consola. Trasladando un complejo equipo de grabación a la sala Lyndhurst de Air Studios en Londres, en la que se han interpretado bandas sonoras de películas y de muchos de los títulos de PlayStation, Bell y el pianista Sam Haywood pudieron interpretar la Danza húngara N.º 1 de Brahms como nunca antes se había hecho.

Los más interesados en el apartado técnico se preguntarán cómo ha sido posible una filmación de estas características, una información que la compañía nos ha ofrecido con todo detalle. Mediante el uso de varias cámaras Sony FDR-X1000V se ha podido grabar una actuación con sonido adaptativo y seguimiento de la posición, que se traduce no solo en una gran calidad de imagen y sonido, sino en la obtención de unos parámetros variables que dependerán de la posición de usuario.

Al contrario que en la mayoría de vídeos en 360 grados, no solo es posible mirar alrededor y deleitarse con el resultado, sino mover ligeramente la cabeza para acercarse a los elementos que más interesen al usuario. Si nos inclinamos hacia el piano, por ejemplo, podremos verlo con mayor detalle y desde una perspectiva diferente a la inicial. Además, seremos capaces de escuchar otros matices que la situación neutral no nos permitiría oír.

Lo mismo ocurre con el protagonista del espectáculo, el violinista, al que podemos aproximarnos para ver y escuchar con mayor detalles. No obstante, no es posible levantarse y pasear por la sala, solo inclinar la cabeza de forma sutil hacia aquello que llame nuestra atención. El rango de visión no aumentará de forma extraordinaria pero, al menos, evitaremos que la imagen funda a negro al salirnos del rango permitido.

Como en cualquier propuesta para la realidad virtual, la profundidad de los diferentes elementos en pantalla juega un papel fundamental, creando a través del efecto 3D la sensación de inmersión que tanto nos gusta descubrir en cualquiera de los títulos del catálogo de PlayStation VR. La impresión de hallarse en una actuación en directo se incrementa además por la presencia de cables o técnicos de sonido (bastante inmóviles, por cierto) en su cabina de grabación.

El único pero que podemos ponerle a esta experiencia es su duración, excesivamente breve pese a tratarse de un experimento de estas características. Cuando accedemos a Joshua Bell VR Experience nos trasladamos a un sencillo menú, con notas musicales flotando por el ambiente, que hace la función de previo del espectáculo. Una vez iniciado, no habrán transcurrido apenas unos segundos hasta que arranque la interpretación, que no se extenderá más allá de los cuatro minutos.

Teniendo en cuenta el despliegue de medios, resulta incomprensible que solo se haya filmado una actuación de unos minutos. La circunstancia invitaba a grabar más piezas musicales para complementar una experiencia que, de igual modo, resulta atrayente e incluso revolucionaria. Francamente, si a uno le dan un caramelo con tantos matices como este espera que, al menos, le dejen saborearlo el tiempo suficiente.

Javier Castillo

JUGABILIDAD: En términos jugables no presenta ninguna complicación. El usuario debe simplemente sentarse y disfrutar de la actuación, que puede observar en 360 grados y con un estrecho margen de movimiento, de apenas un paso desde el punto de referencia. No se precisa el mando Dualshock 4, pues solo la colocación de la cabeza repercutirá en la imagen que percibe el jugador.

SONIDO: Tratándose de una actuación musical, el apartado sonoro estaba llamado a convertirse en uno de sus puntos fuertes, tal y como ha resultado ser. El sonido se percibe de manera envolvente y, al acercarse a uno u otro instrumento inclinando la cabeza, se aprecian más matices que en posición neutral, donde el eco de la sala hace acto de presencia de manera más destacada.

DURACIÓN: Lamentablemente, el espectáculo se reduce a apenas cuatro minutos, la duración exacta de la actuación con apenas unos segundos adicionales al inicio y a la conclusión. No alcanzamos a comprender el motivo por el que, una vez montado el sistema de grabación, no se ha continuado filmando para así ofrecer una experiencia lo más completa posible.

CONCLUSIÓN: Es fascinante comprobar las posibilidades de la realidad virtual al margen de los videojuegos. Esta pequeña toma de contacto pone de manifiesto una de las opciones más interesantes de la revolucionaria tecnología de PlayStation VR, capaz de transportarnos no solo a mundos extraordinarios, repletos de monstruos o naves espaciales, sino a eventos musicales como el que se nos presenta. Una vez asimilado su potencial, solo el tiempo y la originalidad revelarán el destino del próximo viaje.

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La pieza interpretada es la Danza húngara N.º 1 de Brahms.

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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