Sangre y vísceras

Tripwire Interactive presenta la secuela de Killing Floor, un shooter en primera persona en el que la terrorífica ambientación se convierte en su principal baza ante un jugador que deberá hacer uso de múltiples armas para acabar con los temibles zeds. Hoy llega a PlayStation 4 y PC apostando por la vertiente online y con un sencillo modo para un jugador en la recámara.

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Killing Floor aterrizaba en PC en agosto de 2009 con una propuesta llena de acción y adrenalina en la que el usuario debía verse las caras con unas terroríficas criaturas de otro mundo llamadas zeds. El mismo equipo de desarrolladores, el estudio Tripwire Interactive, ha trabajado en la secuela del videojuego, que hoy llega a las consolas de actual generación de Sony y PC para ofrecer a sus incondicionales seguidores más entretenimiento sin tregua, tan frenético como sanguinolento.

Por supuesto no hemos querido faltar a la cita y a continuación te ofrecemos nuestras impresiones de un juego que destaca, sobre todo, por la carencia de una campaña con la que extender la experiencia de juego. Aquellos que decidan hacerse con el título distribuido por Deep Silver tendrán que contentarse con la vertiente online, cuyas posibilidades también podrán disfrutarse en solitario a través de una opción offline. Este es nuestro análisis de Killing Floor 2, que hemos podido jugar en PlayStation 4.

Lo primero de lo que nos percatamos al acceder a Killing Floor 2 es que carece del tradicional modo historia con el que suelen complementarse la mayoría de propuestas multijugador. En esta ocasión, los desarrolladores han optado por ofrecer dos únicas modalidades: la partida para un jugador, que nos permitirá disfrutar del juego de manera offline, o el llamado emparejamiento online, que nos agrupará con otros usuarios para confeccionar una modalidad multijugador.

En ambos casos, podremos escoger la duración de la partida, que se medirá en el número de oleadas. De este modo, la más breve será de cuatro oleadas, la siguiente de siete y la más extensa de diez oleadas de enemigos, llamados zeds. El resto de opciones también serán las mismas, permitiendo al jugador elegir entre múltiples escenarios entre los que se encuentran Laboratorio biótico, Selva negra, París arde, Catacumbas o Puesto de contención. 

También podremos acceder a Punto de evacuación, Casa rural, Tierra hostil, Reino infernal, Avanzada, Cárcel y Mansión Volter, ofreciéndonos una amplia gama de posibilidades en las que desarrollar la partida. Localizaciones interiores, exteriors, nevadas, diurnas, nocturnas, en ruinas y muchas otras posibilidades que variarán ligeramente la experiencia con el objetivo de prolongar la vida útil del título, que en su conjunto ofrece unas modalidades de juego excesivamente homogéneas.

Antes de arrancar la partida deberemos configurar otros aspectos, como la especialización del protagonista, que podrá optar por la clase Berserker, Comando, Apoyo, Tirador o SWAT además de Médico de campo, que porta un bisturí en lugar del tradicional cuchillo, Experto en demolición, que utiliza una pistola de granadas y dinamita, Pirómano, que hace uso de un lanzallamas y cócteles Molotov, Pistolero, que apuesta por dos revólveres clásicos, o Superviviente, que siempre iniciará el juego con el arma principal seleccionada de manera aleatoria.

Pese a la especialización escogida, durante la partida podrán adquirirse armas de cualquier otra clase. Para ello, el jugador necesitará el dinero obtenido al acabar con las distintas oleadas de enemigos, que a su conclusión iniciarán una fase de compra a través del llamado mercader, una máquina a la que podrá llegar siguiendo una serie de indicaciones visuales. Una vez allí, y atendiendo a una cuenta atrás, el usuario tendrá la ocasión de comprar munición, reforzar su armadura, potenciar sus armas o adquirir otras diferentes para cuando la situación se complique.

Sin embargo, antes de enfrentarnos a nadie tendremos que escoger también el equipamiento, una característica que se conservará para sucesivas partidas a no ser que deseemos modificarlo. De este modo, el usuario podrá personalizar al protagonista, al que puede cambiarse el color de pelo, la vestimenta y los accesorios, entre los que se encuentran sombreros de varios colores, gafas de sol o de vista, gorras, una máscara de gas e incluso un birrete universitario con el que divertir a los oponentes.

Asimismo, la partida solo se iniciará cuando se seleccione la dificultad, elevada respecto a otros tipos de propuesta. Los usuarios novatos podrán optar por la normal, mientras que aquellos más aventajados quizás elijan la opción difícil, en la que se incrementará la cantidad de zeds por oleada, que además se moverán con más velocidad y entusiasmo. Por su fuera poco, cada una de sus muertes proporcionará menos dinero y el jugador encontrará menos objetivos gratuitos distribuidos por el escenario, como munición u otras recompensas.

Aquellos que deseen complicarlo aún más podrán seleccionar el modo suicida o, en última instancia, la opción infernal, que pondrá en serios apuros incluso al mayor de los expertos. Una vez escogido este último parámetro, habrá llegado la hora de enfrentarse a las hordas de zeds que aguardarán al jugador en cualquiera de las localizaciones. La única diferencia entre el modo offline y el multijugador será que, en la vertiente online, los monstruos también podrán ser controlados por los usuarios además de la IA en el modo Supervivencia VS.

Por lo demás, al margen de las interacciones que supondrán curar a un compañero de equipo con una jeringuilla o con dardos, la partida se desarrollará exactamente igual. El usuario deberá aguardar a cada una de las oleadas que le rodearán con criaturas muy diversas y de diferentes tamaños. De hecho, en cada oleada tendrá que verse las caras con algunos zeds más poderosos que, ayudándose del resto de enemigos, tratará de llegar hasta nuestra posición.

Sin embargo, nada comparable con la criatura que aparecerá en el escenario en la última oleada a modo de jefe final. Escudándose en interminables hordas de pequeños enemigos y escondiéndose en algunas fases, el zed más gigantón del nivel tratará de hacernos daño mientras menguamos su extensa barra de salud, que se regenerará en gran medida en cada uno de sus descansos. Este es el mayor desafío de cada partida que, sin duda, resulta más sencillo en la vertiente online.

No obstante, el jugador no deberá descuidar al resto de enemigos, a los que podrá hacer frente de múltiples formas. Con las armas cuerpo a cuerpo podrá llevar a cabo un ataque normal o uno potente, que le robará más tiempo y le desprotegerá ante el resto de atacantes. Por ese motivo será especialmente útil el bloqueo, que podrá realizarse con cualquiera arma de ese tipo aunque no contra las criaturas de mayor tamaño.

Por si estas opciones no fueran suficientes debemos sumar la linterna y la visión nocturna, que permitirán ver con claridad incluso en las localizaciones más oscuras. En cualquiera de ellas, nocturnas o a plena luz del día, podremos beneficiarnos de otra habilidad llamada “momento zed” que se activará en los mejores ataque, por ejemplo con un disparo a la cabeza o cuando una granada haga explosión entre un grupo numeroso de enemigos. En ese preciso momento el tiempo se ralentizará y dispondremos de unos segundos en los que el tiempo prácticamente se detendrá.

Para finalizar, no podemos obviar el apartado gráfico de Killing Floor 2, un aspecto por el que no destaca especialmente. Pese a que los desarrolladores se han esforzado por ofrecer diferentes escenarios iluminados de maneras muy diversas, la calidad visual se encuentra por detrás de lo que cabría esperar en un videojuego de la presenta generación de consolas. Resulta cumplidor pero en absoluto cumple con las expectativas de cualquier jugador, que tampoco podrá disfrutar de una campaña individual que se echa mucho en falta.

Javier Castillo

JUGABILIDAD: El usuario dispone de diversas formas de hacer frente a los enemigos, a los que puede abordar con armas de fuego, armas cuerpo a cuerpo, granadas o cuchillos. Sin embargo, a los pocos minutos la mecánica de juego se vuelve algo repetitiva ante la carencia de modos de juego adicionales.

GRÁFICOS: El apartado gráfico no está a la altura de un título de la actual generación de consolas. Pese a la fluidez que aporta una alta tasa de frames por segundo, la calidad visual desmerece el resultado final con un diseño de personajes y escenarios que hubiese lucido mejor en otras circunstancias.

SONIDO: Además de los efectos sonoros de rigor los desarrolladores han incluido una banda sonora que casa perfectamente con la propuesta que se nos presenta. La acción desenfrenada se combina, durante la partida, con música con la que acelerar aún más el ritmo. Asimismo, se presenta totalmente doblado al castellano.

DURACIÓN: El uso que el jugador quiera darle dependerá únicamente de su disposición a la vertiente online, en cualquier caso muy poco variada. La opción offline, que carece por completo de un modo historia, reduce las posibilidades jugables del título de forma alarmante.

CONCLUSIÓN: Killing Floor 2 no es sino un shooter convencional en el que los enemigos humanos han sido sustituidos por criaturas de otro mundo. Lamentablemente, las escasas opciones jugables acaban lastrando cualquier posibilidad a largo plazo, incluso en una vertiente online mínimamente desarrollada. Pese a lo entretenido de la propuesta, le mecánica de juego acaba tornándose repetitiva en cuestión de horas, a lo que la falta de una campaña individual y un apartado gráfico por debajo de la media tampoco ayudan en absoluto.

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Killing Floor
 

El juego no incluye campaña individual.

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.

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