La vida en rosa

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No es un fontanero, no lleva una corbata con sus iniciales, no corre a velocidad vertiginosa y tampoco lanza burbujas. Pero en la gran familia de las plataformas siempre había sitio para nuevos héroes. Kirby’s Adventure fue la confirmación de uno de ellos.

Si algo bueno tienen de siempre los juegos de plataformas es que son un género muy agradecido. Su mecánica tradicionalmente sencilla no suele invitar a complicarse la vida, y sin embargo ha quedado demostrado que sus posibilidades son muchas y variadas. Y si en un tiempo se asociaban los videojuegos con el concepto de matamarcianos, también hubo años, bastantes de ellos, en los que la idea general cambió para introducir en el imaginario colectivo a personajes saltarines hechos a bloques como imagen típica y tópica de este medio que aún era novedoso. Por algo cuando una empresa quería introducir una mascota propia, solía inclinarse por este género. Hasta las grandes marcas han encontrado en los juegos de plataformas un hueco en el mundo videojueguil que era ideal para que sus imágenes corporativas brincaran alegremente en las pantallas de sus consumidores.

Y sin embargo, pese a que en la parcela de las plataformas se debía estar muy apretado, siempre había un sitio para nuevas propuestas que, de alguna manera, se las apañaban para innovar y sorprender con giros a su jugabilidad. Podríamos empezar a soltar títulos de juegos que han dejado su propia huella y que han terminado por cobrar identidad propia pese a pertenecer a este mismo género y nos quedaríamos solos. Pero seguro que muchos no hace falta ni nombrarlos, ya están acudiendo ahora mismo a tu mente ellos solitos por su propio sí. Sí, nos referimos a ese que estás pensando ahora, y a ese otro también. En definitiva, hubo un momento en la industria del videojuego en que un título plataformero era casi apuesta segura.



Ahora bien que ese momento fuera 1993 ya es harina de otra costal. Ahí ya se notaba un cambio de aires que apuntaba a un cambio generacional muy acusado, más incluso que el que tuvo lugar de los 8 a los 16 bits. En un mundo tridimensional no iban a tener lugar mundos vistos, por lo general, de lado. Algo habría que inventarse, pero mientras tanto había que seguir sacando partido a los sistemas existentes. La Nintendo Entertainment System estaba demostrando ser un hueso duro de roer y se resistía a abandonar la escena, aún cuando ya iba casi hacia la década de existencia. Quedaba todavía quien se preguntaba si aún podía de sí un sistema de 8 bits cuando prácticamente eran ya una antigualla. Y luego toparon con Kirby’s Adventure.

Kirby era el nuevo personaje de Nintendo creado por HAL Laboratory para Game Boy que había triunfado con su cartucho para la portátil, Kirby’s Dream Land, aparecido en el año anterior, 1992. El juego había sido largamente alabado por la prensa especializada, y no sin razón. Su aspecto visual era muy cómico, especialmente diseñado para encandilar a los más jóvenes, pero también capaz de sacar una sonrisa a los más mayores. Su apartado musical era tremendamente dicharachero y pegadizo, y su control era sencillo, como tocaba. En suma era un juego muy divertido, nada complicado, de hecho era tremendamente accesible y, eso sí, corto como él solo. Un bocado exquisito, pero que sabía a poco y dejaba con unas tremebundas ganas de más. Como dice el dicho, pedid y se os dará. HAL y Nintendo se encargan.

Kirby’s Adventure pasa de la portátil a la sobremesa, y aunque mantiene la idea básica y el funcionamiento primordial de su versión original, sus desarrolladores se las apañaron para estrujar la NES a conciencia y sacarle todo el juguillo posible, hasta el punto de dar a luz un juego con un aspecto maravilloso, posiblemente de los que mejor uso hacen de la paleta de colores de la consola japonesa. Y es que Kirby entra primero por la vista en su cambio del monocromo la color, y de hecho es aquí donde descubrimos que Kirby es la adorable bolita rosada que conocemos y amamos, puesto que incluso en la portada de su anterior entrega, el redondito protagonista se representaba casi como un fantasma esférico de color blanco. Eso ya se acabó, y toda una plétora de enemigos con diferentes capacidades espera a lo largo de 8 mundos divididos en una serie de niveles escondidos tras puertas. Pero nos viene de lujo, porque Kirby no ha olvidado sus viejas costumbres.



Como en el anterior juego, Kirby puede saltar y aspirar lo que se le ponga delante, hincharse como un globo y volar o escupir un malo previamente engullido como un proyectil. Pero además, en el año que ha pasado entre juego y juego ha aprendido nuevos trucos. Ahora, si Kirby absorbe a un enemigo con una habilidad especial, puede adoptar ésta al tragarlo, con lo que su imagen en el HUD cambiará para mostrar su nuevo poder. Kirby puede desde lanzar cuchillas, llamaradas, descargas o espadazos a convertirse en un tornado, en un neumático, congelar lo que haya a su alrededor, volverse de piedra, sacar letales pinchos o disparar un láser, entre otras habilidades que estarán disponibles a lo largo del juego, que pueden cambiarse pulsando Select para librarnos de la actual por unos segundos y poder tomar otra o cambiar de idea, y que lo dotan de profundidad. Pero al margen de su apetito, también puede correr o lanzarse en plancha con un barrido como alternativas a sus movimientos usuales.

Entre nivel y nivel, Kirby accede a una especie de vestíbulo donde las puertas a las diversas zonas, e incluso una que le puede transportar a otros mundos ya completados, le permiten seguir su avance. O darle una ayudita, ya que ciertos minijuegos como cazar vidas extra con un juego de grúa o zamparse al vuelo los huevos que lanza el villano Rey Dedede intercalados con bombas podrán hacer aumentar el casillero de puntos y, mejor aún, el de vidas. El colofón a cada nivel lo pone uno de los jefes que Dedede ha situado para custodiar una parte de la Star Rod, la varita que crea los sueños.

Con todo, Kirby’s Adventure sigue siendo un juego que no es precisamente exigente, y que pese a ser más largo que su antecesor, sigue quedándose un poco corto. Precisamente porque sigue siendo igual de divertido, y porque la nueva función de absorber las habilidades, que en adelante será el pilar de las capacidades de Kirby, invita a encontrar todos los poderes posibles y desentrañar todos los secretos del juego es por lo que en este aspecto gana bastantes enteros y termina por redondear uno de los juegos más bellos de los que goza la NES. La composición musical de Jun Ishikawa en el mismo estilo que Kirby’s Dream Land le da un toque de familiaridad y de cohesión al ser un sonido bastante identificable y diferenciado. Y resumiendo, Nintendo ya tenía una nueva franquicia entre manos. Franquicia que, por supuesto, volvería en otros títulos, pero es una pena que Kirby’s Adventure, siendo uno de los mejores de su sistema, queda eclipsado por el momento en el que vió la luz.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Película: Flubber y el profesor chiflado

Canción: Jason Mraz – Too Much Food


 

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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