Acción de serie B en piezas

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«¡Sabía que no serías capaz de dejar de fumar! —¡Lo hago para olvidar mi problema con las galletas para perro! —¿Qué problema? —Mira, últimamente persigo muchos más coches y cada vez que intento lamerme las pelotas me caigo del sofá.»

Sirva esta cita de la gran Arma Letal III para entrar en la situación y el tono que nos vamos a encontrar en el divertidísimo LEGO City Undercover.

LEGO City Undercover es una caja de arena, no en la que nuestro gato hace sus cositas, sino en la que los niños que somos podemos jugar a hacer castillos con granos de grava, o piezas de LEGO. O como decimos los técnicos, un sandbox. Un juego tipo Gran Theft Auto, por si no ha quedado claro aún con esta farragosa explicación.

Pero evidentemente, no tiene nada que ver con el tono del título de Rockstar, no es un juego violento, pero tampoco peca de un recato ofensivo. Aunque, eso sí, si recoge las mecánicas de la saga GTA.

LEGO CityUndercover nos permite explorar una enorme ciudad por primera vez en un mundo LEGO, y tenemos total libertad para ir a nuestro antojo, destruir y construir cosas y hacer todas las tonterías que se nos ocurran.

Una sensación muy entretenida que se refuerza por lo bonito del diseño de la ciudad donde hay una combinación muy acertada entre imagen real con todo un mundo en construcción LEGO.

Es uno de los aspectos más logrados del título, su ambientación, que mide muy bien su toque infantil, humorístico y relativamente veraz para un público más adulto. Es decir, los terrenos por donde se va a mover constantemente el juego.

Pero no solo de exploración vive el hombre, aunque lógicamente, podemos estar horas y horas y horas casi hasta la extenuación buscando los secretos escondidos, personajes extra, piezas de LEGO especiales y minijuegos desperdigados por la ciudad. Toda una tarea titánica.

Pero a lo que íbamos cuando decíamos que «no solo de exploración vive el hombre», que nos desvíanos de nuestro hilo argumental. Precisamente eso toca analizar, el argumento.

El juego cuenta con una campaña principal que mueve una historia. Somos Chase McCain, en claro homenaje a un tipo que completaba sus misiones diciendo aquello de Yippee-ki-yay hijo de p… Ya sabéis, ¿no? Es un policía que vuelve a la ciudad después de un tiempo exiliado por haber cometido un error en una investigación que delata a la chica de la historia como testigo frente al malvado Rex Fury. Además, el actual jefe de policía, que fue nuestro compañero, se colgó la medalla de la detención de Fury. Y claro, ahora Rex Fury ha escapado y el único hombre que puede detenerle es Chase.

 

¿Estáis pensando que el argumento es tan tópico como serio? Pues nada más lejos de la realidad. Cierto que la línea argumental principal es una mera excusa como ha pasado siempre en el género y como pasa 9 de cada 10 veces en el thriller policiaco.

Pero es que aquí no está la gracia. La gracia está precisamente en la tremenda gracia de los diálogos y situaciones del guión. Sin lugar a dudas el punto más conseguido del juego. Y es que vamos a estar en un estado de carcajada constante si decidimos entrar en un humor que mezcla las ideas absurdas enfrentadas, los juegos de palabras, un componente de evidencia desenfadada para los niños y de miles de referentes destinados al público más adulto, que se pueden escapar para los pequeños de la casa.

Por ejemplo, en un momento determinado un personaje mafioso del juego le suelta a Chase: «como no hagas bien tu trabajo tu trabajo te mandaré a dormir con los peces como al último que me falló». Ante la reacción de Chase, el mafioso aclara: «sí, ahora trabaja como vigilante de seguridad en el acuario«. Y puede llegar a unas cotas de surrealismo que te ven a obligar a reír.

Es como mezclar en una batidora a los Hermanos Marx, con la saga Loca Academia de Policía y todas las buddy movies que se hicieron en los 80, con policías que se van haciendo colegas con el paso de la trama (bendita seas, Arma Letal, otra vez), con todos los referentes que ellos conllevan que se hacen bien palpables en todas las situaciones del juego.

Todo esto sin contar con los cientos de cameos en versiones totalmente delirantes de Harry El Sucio, Starsky y Hutch y hasta Sherlock Holmes y Watson. Fijaos hasta dónde llegan los cameos que incluso la ciudad tiene los suyos propios. Imaginaos ir por una urbe moderna tan tranquilos, coger un yate para desplazarnos a una isla, y por el camino pasar por un barrio que es un calco de los canales de Venecia.

A ver, pero esto no es una película, es un juego, así que volvamos de vuelta. Los controles y las dinámicas de LEGO City Undercover son muy sencillas, lo que no implica que no haya hueco para la variedad. Sencillas porque responden al canon clásico de un juego de plataformas: un botón para saltar, un botón para atacar y un botón para hacer acciones.  Esta sencillez también se expone en parte de las misiones del juego que contestan a lo que habéis visto en todos los títulos LEGO hasta la fecha: tenemos una fase y tenemos que ir atravesándola y desentrañando los puzles (fáciles) que se encuentran en ella hasta llegar a la siguiente fase.

Pero claro, en LEGO City esto se combina con una segunda vertiente. Y es que, por si todavía no se os había metido en la cabeza, esto es un sandbox, y tenemos más variedad de misiones que pasan por persecuciones en vehículo o a pie, escuchas policiales (con las funciones especiales del GamePad de Wii U) o las carreras de coches, entre otras que iréis descubriendo.

La sencillez también se rompe con el conjunto de disfraces que vamos desbloqueando de Chase, ocho en total. Cada disfraz nos permite hacer acciones totalmente distintas y, por supuesto, cada traje nos dejará acceder a zonas determinadas y resolver puzles determinados. Por lo que estaremos obligados a pasar por un mismo sitio e incluso repetir misiones si las queremos dejar cerradas al 100% porque, claro, no contamos con todos los trajes de serie.  Esto suma horas a un título de por sí, bastante largo.

Por desgracia, hay detalles que lastran un tanto el buen hacer de un juego más que notable, probablemente el mejor título hasta la fecha de LEGO en lo que llevamos de consolas.

 

 

Por ejemplo, la escasísima velocidad en la enorme variedad de coches. Aunque pulsemos el turbo que llevan incorporados algunos siempre nos da la sensación de no ir demasiado deprisa (tal vez, no tan despacio como la huida de Rex Fury en un tractor pero no como para ganar una carrera ilegal).

Las funcionalidades del GamePad son muy útiles y hacen aún más accesibles unos controles ya de por sí bastante fáciles de coger y aunque es muy entretenido tirar fotos y hacer uso de la realidad aumentada, las posibilidades en este tipo de juegos podían haber dado para mucho más, (¿que la conducción se hiciera con el acelerómetro del mando, por ejemplo?) Pese a que con lo que haya lo pasemos bien.

Pero sin duda, lo más sangrante son sus imperdonables tiempos de carga antes de entrar en el juego y en las misiones y que nos hacen añorar la época de las Spectrum en la que cargabas un casete, te ibas a duchar y a cenar, y a tu vuelta probablemente estuviera cargado el juego.

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Valoración final

Jugabilidad: Su aparente sencillez da mucha variedad tanto por las situaciones de las misiones, las funciones especiales del GamePad y los diferentes trajes de Chase. Solo en el innecesario sistema de combate flojea.

Gráficos: La ambientación de la ciudad es magnífica aunque no estamos ante un referente gráfico.

Sonido: Como el de las películas policiacas de los 80 y principios de los 90 cargada de grandes dosis de humor.

Duración: Incalculable, pero muy largo. No solo es la extensión de la campaña y la necesidad de rejugarlo. Si queréis completarlo al 100% anulad vuestros compromisos una temporada.

Conclusión: Un juego con un sentido del humor desbordante, obligado para los más pequeños de lo casa. El resto lo vais a pasar bien con su variedad, referentes y lo entretenido de la propuesta. Aunque podría haber dado más de sí.

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No te quedes solo en el juego:

Película: Arma Letal de Richard Donner

Canción: JungleBoogie de Kool & The Gang

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