Análisis de Little Nightmares – El escondite – Breve, oscuro e intenso

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Little Nightmares se ha consagrado como uno de los videojuegos más sorprendentes de los últimos tiempos a pesar de tratarse de un título de corte independiente. Su estilo comparado hasta la saciedad con las grandes obras de Tim Burton y su esmerada jugabilidad, con puzles de lo más elaborados y ciertos tintes de terror y “malrrollismo” han llevado a la obra de Tarsier Studios a ser una de las aventuras más destacables de 2017.

Y como suele ocurrir en este tipo de situaciones, los desarrolladores no quisieron quedarse en el juego base donde el jugador controla a la pequeña Six, sino que quisieron dar un paso más allá para contar muchos más secretos escondidos en Las Fauces. Y todo ello se desarrolla mediante la aventura protagonizada por el homónimo Runaway Kid, otro de los chicos encerrados en el barco del infierno y que intenta escapar por todos los medios posibles, continuando de manera directa los sucesos acaecidos en Las Profundidades.

En esta ocasión, el nuevo DLC se titula El Escondite y Runaway Kid debe seguir su incombustible avance escapando de los peligros que aguardan en una nueva zona desconocida hasta el momento y cuyos pasadizos están conectados hasta una caldera, que resume el puzle principal de la nueva trama. Para conseguir resolverlo, el joven necesita ayuda y la encuentra en las criaturas más inesperadas.

Lo cierto es que nos encontramos ante un análisis de lo más breve, ya que esta nueva adición a la aventura de Little Nightmares tan solo aporta un par de horas a nivel jugable. Lo cual no quiere decir que se trate de un mal DLC o que resulte insuficiente, sino que no hay mucho que contar que no haya podido verse ya en anteriores momentos del videojuego. No obstante, también dispone de sus propias características, especialmente en lo relativo a los puzles.

A este respecto, Little Nightmares – El escondite incluye una nueva forma de resolución de puzles de lo más divertida y acertada. En esta ocasión, Runaway Kid cuenta con compañía y es que los gnomos son vitales para poder resolver la gran mayoría de puzles que se emplazan en esta nueva expansión. Por ello es vital rescatarlos y hacerles ver que el protagonista es de confianza para que cooperen de diversas maneras: ayudando a empujar objetos de gran tamaño, lanzándolos para accionar palancas o la más importante, cargando la caldera del puzle final con carbón para permitir avanzar a su compañero humano.

Lo cierto es que es una novedad de lo más llamativa y divertida que aporta un gran soplo de aire fresco a la dinámica que Little Nightmares venía mostrando. De hecho, los puzles están mucho más elaborados y obligan a pensar de manera diferente a como se había acostumbrado al jugador, por lo que siempre habrá un gnomo al que recurrir si falta alguna pieza que no encaje en el rompecabezas que proponen los amigos de Tarsier Studios. Además, todos los puzles están conectados unos con otros para que puedan converger en el punto central del episodio, donde se encuentra la caldera en la que los gnomos deben arrojan carbón para que se active el mecanismo del ascensor que lleva a Runaway Kid hacia su última aventura.

Lo que sí se echa profundamente de menos en este nuevo episodio es la tensión latente de un peligro que aceche al protagonista. Aunque es cierto que en determinados momentos debe hacer frente con sigilo al incombustible “brazos largos”, no supone una gran amenaza y, de hecho, da la sensación de que la IA de este enemigos ha empeora respecto a ocasiones anteriores. Parece algo más torpe y no explora todos los rincones con la misma fiereza que en Little Nightmares o en Las Profundidades, por lo que se hace mucho más fácil escapar de sus brazos y esconderse en lugares que antes podían suponer un riesgo y ahora son intocables.

Por el resto, cabe mencionar que el ambiente que sigue generando el entorno en el que se desarrolla cada aventura de Little Nightmares sigue siendo estremecedor. La oscuridad es el principal elemento y el trabajo de Tarsier para contrastar esos elementos oscuros con los tintes de luz es magnífico, sigue siendo una auténtica gozada adentrarse en este mundo lleno de contrastes y que adentra al jugador hasta las entrañas más terroríficas de la infancia.

Juan Montes

Jugabilidad: Todo lo que contiene Little Nightmares en líneas generales, más la adición de los gnomos como elementos fundamental para la resolución de puzles. Una idea acertada y que consigue aportar algo nuevo e interesante a nivel jugable.

Duración: Bien es cierto que el precio de El Escondite se encuentra ínfimamente reducido respecto a otros DLCs de grandes videojuegos, pero las escasas 2 horas que contiene se hacen muy cortas y tampoco deja mucho lugar a la rejugabilidad por la escasez de coleccionables.

Gráficos: Una absoluta maravilla, al igual que ya ocurría con sus episodios previos. El juego de las sombras y la iluminación ha descubierto a los chicos de Tarsier Studios como unos auténticos genios y provocar que la industria esté expectante respecto a sus próximos trabajos.

Sonido: Otro de los elementos fundamentales para poder disfrutar de El Escondite, así como del resto del contenido de Little Nightmares. La música aporta la tensión necesaria en este tipo de videojuegos y lo convierte en algo mucho más tétrico apoyándose en el entorno.

Conclusión:

Aunque es bastante breve, El Escondite se ha convertido en uno de los elementos más novedosos de Little Nightmares. La posibilidad de utilizar a los gnomos en el beneficio de Runaway Kid es de lo más divertida e interesante, lo que convierte la jugabilidad en algo novedoso y desconocido. Como suele decirse, lo bueno si breve, dos veces bueno.

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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