Explorador blanco británico busca

12465

El encuentro entre el doctor David Livingstone y el periodista Henry Stanley a orillas del lago Tanganica se saldó con estas palabras históricas: “¿El doctor Livingstone, supongo?”. Poco sabían los protagonistas que acaban de bautizar uno de los juegos de la Edad de Oro del software español.

1866. El doctor David Livingstone inicia una expedición en Zanzíbar para encontrar el nacimiento del río Nilo. En 1986, 120 años después, el buen doctor iba a prestar su nombre a un videojuego, algo que ni en sus sueños más locos hubiera imaginado jamás. Claro está que hasta llegar a conectar ambos puntos pasaron muchas cosas. Al bueno de Livingstone le esperaban años agitados y un viaje movidito, tanto que hasta 1871 no se conocería su paradero. Y el responsable de encontrarle fue otro explorador, y a la vez periodista. Henry Morton Stanley, el avezado hombre que partió de Inglaterra con una misión, la cual cumplió cuando pronunció las famosas palabras “¿El doctor Livingstone, supongo?”.

Algo que normalmente hubiese quedado para los libros de texto y el Canal Historia, pero que en 1986 trascendió a un medio como el de los videojuegos en una época en la que prácticamente cualquier idea era susceptible de poder ser llevada a los ordenadores personales y jugarse con un joystick. En ello había empezado a establecerse por su propia cuenta en aquel 1986 Opera Soft, nada que ver con el navegador de Internet, con jóvenes talentos curtidos en la desaparecida Indescomp y que eran parte de una gloriosa camada de cracks divididos a la postre entre la mencionada Opera y el estudio Made in Spain. Por lo que respecta a los primeros, el mundo de los videojuegos era una puerta que se abrían ante ellos, y dado que ya sabían lo que era desarrollar para el Amstrad CPC, esta fue por lo general su máquina de preferencia.



Para su primer videojuego comercial optaron por inspirarse en este episodio de la historia, y más concretamente de la historia de la Inglaterra decimonónica. ¿Qué tendrán esos lores y damas de refinados modales que lo mismo les da por leer periódicos recién planchados en el club de caballeros como que no pierden los anillos por remangarse y bajar a pie de la miasma a desfacer entuertos? Hay que rendirse a la evidencia, un héroe victoriano es un héroe de pies de cabeza, y para cruzarse África sorteando toda clase de peligros que le rizarían los bigotes a otros gentilhombres más timoratos hay que estar hecho de una pasta especial. Y además, que si la familia Week tenía su encontronazo con la negra selva y se llevaban loas y aclamaciones de la crítica en su propia videoaventura, Three Weeks in Paradise, no iba Stanley a ser menos. Aunque lo cierto es que las andanzas de Wally Week y las de Henry Stanley son bastante diferentes.

Mientras que Three Weeks in Paradise era una videoaventura inglesa de pura cepa como Mikro-Gen estaba acostumbrando al personal, Livingstone Supongo empezaba a mostrar las cartas de Opera Soft y del libro de estilo español. Para empezar, una firma de esta empresa ha sido el uso de la paleta de colores del Amstrad CPC en buena parte de sus producciones, y su debut mismo es el caso. Livingstone Supongo se nos presenta en primer lugar con una pantalla de título animadísima con una pegadiza melodía interpretada a todo trapo por unos músicos tribales que están allí mismo dándolo todo. En ella ya podemos ver las habilidades de Stanley, que pasan principalmente por la capacidad de saltar y de usar cuatro objetos diferentes que serán nuestros más fieles amigos en la aventura.

En primer lugar, el boomerang. Un instrumento no muy inglés ni muy propio de África, pero indudablemente útil, y es que su peculiar trayectoria lo hace ideal para dar cuenta de determinados enemigos y activar ciertos interruptores. Más directo es el cuchillo, que podemos arrojar al frente pero teniendo en cuenta que la fuerza de gravedad hará que éste vaya cayendo. Las granadas, al lanzarlas, describen una parábola como es lógico, y huelga decir que Stanley no quiere estar cerca cuando exploten al caer al suelo. Y por último, la pértiga nos da ese impulso mágico que nos permite propulsarnos a nuevas alturas y distancias, en el sentido más literal. La gracia está en cómo se usan estos elementos, ya que el juego incluye una barra de fuerza representada por un marcador de números del 0 al 9 que miden la intensidad del lanzamiento (o la fuerza con la que nos propulsará la pértiga) según el tiempo que se mantiene pulsado el botón de disparo. Así pues, el juego requerirá analizar bien la situación y pararse a pensar cómo hacer uso de qué herramienta para avanzar. Pero sin dormirse, porque no estamos solos.



Si se descuida, Stanley puede acabar en las fauces de una planta carnívora, devorado por pirañas, recibir un cocotazo en todo el colodrillo propinado por un mico, ser tragado por arenas movedizas o caer pasto de los ataques de los indígenas, que no verán con muy buenos ojos que el hombre blanco traspase su terreno sagrado. Y eso sin contar que debemos echar un vistazo de cuando en cuando a los indicadores de agua y víveres porque si llegan a 0 nuestro protagonista se irá para los cipreses. Pero el deber es el deber, y Stanley deberá recorrer el mapeado del juego para localizar los huevos dorados que una sacerdotisa de sensuales bailes exige como pago para abrir el camino a donde se encuentra Livingstone y recibir la confirmación a su histórica suposición. O no…

Livingstone Supongo también apunta algo que se verá en el futuro de Opera Soft, y es que sus juegos no son precisamente fáciles. Ojo, que tampoco es Livingstone Supongo tan inmisericorde como otros de su época ni de los que vinieron después de este sello (hola, Mutan Zone) pero desde luego, y pese a empezar con 7 vidas, más otra extra por cada huevo conseguido, no es en absoluto un paseo. Requiere de calcular con cuidado la precisión de la acción y de tener reflejos para poder encadenar varias de ellas en determinados momentos, lo cual no es sencillo al principio, pero cuando salía le hacía sentirse a uno un superhombre. Y al igual que Stanley y Livingstone se abrían camino por el continente, el conseguir avanzar a nuevas pantallas y encontrar otras zonas del juego transmitía una sensación al jugón de 1986 ciertamente satisfactoria. Igual que resultaba desesperante entrar con mal pie en una pantalla y que el error costase la vida, con lo que las sucesivas reentradas con las siguientes vidas podían tener el mismo resultado.

Livingstone Supongo es un juego que para ser el primer título de un estudio es toda una maravilla. Jugablemente es muy agradecido, también, una vez más, marca de la casa, se muestra en gráficos pequeños y poco detallados pero muy coloristas y agradables de ver, y si bien el sonido no se prodiga mucho durante el juego, la tonadilla de inicio es de las que no se olvidan. Y también es remarcable que pese a que el sistema principal sea el CPC, la calidad del juego no se resienta en los ports. Pero ojo, que hubo secuela. Aunque este ya será un tema para tratar aparte. Las expediciones, de una en una.

Juan Elías Fernández

——————————————————————————–

No te quedes solo en el juego:

Película: Las minas del rey Salomón

Canción: Toto – Africa

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
Cerrar