Análisis de LUMO (Nintendo Switch) – El laberinto de las habitaciones

 

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Es posible que ya hayas disfrutado de LUMO en otras plataformas, por lo que hablarte de la nostalgia que transmite no supone nada nuevo. En caso de que no lo hayas jugado todavía debes saber que se trata de un título independiente que nos transporta hasta la época de Spectrum gracias a su homenaje a diversos clásicos como por ejemplo el clásico Knight Lore.

El estudio Triple Eh? fue fundado en 2014 y hasta la fecha su único videojuego ha sido LUMO, el cual llegó a lo largo de 2016 a distintas plataformas y ahora a finales de 2017 hace lo propio con Nintendo Switch.

Además de salir a la venta en formato digital, el próximo 24 de noviembre recibirá su correspondiente versión física exclusiva para nuestro país, por lo que si eres de los que estas de enhorabuena si eres de los que disfrutan viendo las cajas de sus juegos en la estantería.

Ante nosotros tenemos más de 400 salas en vista isométrica que explorar mientras avanzamos en el viaje lleno de nostalgia que nos ofrece este llamativo título. Cada una de las salas o habitaciones no suele tener muchos elementos, de forma que podemos encontrar algunas que son meramente de paso u otras en las que sí tenemos que prestar más atención y superar algunos puzles y trampas. En cualquier caso el diseño de las mismas acostumbra a ser bastante minimalista, aunque también esconden secretos que no están a la vista.

Como ya has podido imaginar la exploración es el pilar sobre el que gira toda la experiencia y por ello nos topamos con un laberinto de salas que en un principio empieza a aparecer abrumador, aunque poco después te das cuenta de que no es para tanto. Un poco de memoria y saber situarnos sobre el mapa es más que suficiente para no perdernos y poder disfrutar de cada rincón que ofrece el juego.

Avanzar por las salas no es la única de nuestras funciones, aunque sí la primordial para llegar al final de este laberíntico escenario. Además de ello se esconden diversos secretos que nos invitan a buscar lugares o estancias escondidas, ya que en ellas puede haber coleccionables, así como algunos minijuegos para hacer la experiencia algo más variada.

Nuestro protagonista va descubriendo algunas habilidades a lo largo de su aventura con las que en algunos casos podemos volver atrás para llegar a ubicaciones que aún no habíamos podido visitar. No pienses que estamos en un Metroidvania, que ni de lejos lo parece, y precisamente este es uno de los puntos negativos de la experiencia, ya que se echan de menos muchas más posibilidades en este aspecto y nuestro avance se base en la resolución de los puzles que nos topamos.

En los tiempos que corren hay muchos jugadores que han disfrutado de pocos o ningún juego en vista isométrica, por lo que la experiencia se les puede hacer algo extraña en un comienzo. Medir la distancia y orientación de los saltos es primordial. De esta forma sus mecánicas pueden ser algo costosas de asimilar para aquellos que tengan problemas para situar os objetos de una sala con este tipo de vista. En cualquier caso es cuestión de práctica, ya que el juego tampoco llega a presentar la dificultad endiablada que antiguamente protagonizaba tantos títulos. Cabe destacar además que se ofrecen varios tipos de controles, para así adaptarse a las necesidades de cada uno.

Aunque ya hemos avanzado que el título no llega a ser tan difícil como lo eran antaño, sí que tenemos la posibilidad de seleccionar entre varios niveles de dificultad. Para los que echan de menos los retos se ha incluido el modo clásico, en el que no se puede guardar la partida y además ofrece un número de vidas limitado. Si ves que esta experiencia es demasiado dura para ti siempre puedes acceder al modo fácil en el que podemos morir tantas veces como sea necesario, así como nos permite guardar la partida para continuar el otro momento.

A nivel artístico nos encontramos ante un juego bastante sencillo a la par que bonito. Disfrutarlo en el modo portátil de Switch le viene como anillo al dedo a la experiencia, ya que es un título que luce realmente bien en la consola. Ante nosotros tenemos una aventura que nos puede deparar unas 5-6 horas de diversión y en la que desgraciadamente no encontramos novedades respecto a las versiones de otras consolas.

Alberto Hernanz

Jugabilidad: Sus mecánicas son realmente sencillas y hace que la exploración y resolución de los puzles que nos encontramos sea bastante entretenida. Eso sí, se echan de menos más habilidades o posibilidades para hacer más variada la experiencia.

Gráficos: Artísticamente tenemos un título bastante simple en el que el diseño de sus salas se lleva todo el protagonismo.

Sonido: Las melodías no acaban de ser destacables y hacen la mera función de acompañar la acción, de forma que en muchas ocasiones no prestamos atención a las mismas.

Duración: Ante nosotros tenemos un título que no es precisamente largo, más teniendo en cuenta en la filosofía que presenta su modo clásico. En cualquier caso ofrece una duración bastante razonable para el precio que ofrece, por lo que te puede durar en torno a 5-6 horas o un poco más, dependiendo de tu habilidad.

Conclusiones: Lumo tiene una misión clara y es transmitir nostalgia a los que disfrutaron jugando a muchos de los clásicos de los años 80. El título independiente presenta una propuesta realmente sencilla, pero es capaz de entretener y divertir de principio a fin.

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