Esa loca mezcla

Una de las mayores desarrolladoras españolas de juegos en los ochenta fue Topo Soft, y uno de sus mayores éxitos fue Mad Mix Game. Si no has vivido la época de los Spectrum, los Amstrad y demás y el nombre no te dice nada, te diremos que es un sentido homenaje a Pac-Man. Y esta vez, la palabra homenaje no es eufemismo de plagio.



Opera, Topo y Dinamic, los tres grandes del panorama español, de esa llamada Edad de Oro que a unos solivianta y a otros inunda en la nostalgia. Encontrarse con un juego suyo recién lanzado en las tiendas era casi un evento en sí mismo, y es lo que tiene cuando un sello es por sí mismo una garantía de calidad. Topo Soft venía de haber sido un grupo de desarrollo de la distribuidora Erbe, aquella que editaba las casetes con los lomos de colores según el sistema y que en los expositores de tiendas de electrodomésticos, hipermercados, papelerías incluso, se podían adquirir a veces a precios de risa. Y este estudio en concreto había conseguido notabilidad con algunos juegos que bebían de ciertas fuentes.

No vamos a negar a estas alturas que el popular Emilio Butragueño Futbol era muy parecido al gran arcade Tehkan World Cup, que Metropolis era primo hermano del Trojan de Capcom, como Desperado lo era de Gun.Smoke, también de los nipones. Y si bien cada uno de estos parecidos razonables se las apañaba para tener una entidad propia a los ojos de los jugadores, Rafa Gómez realizó el mayor tributo de todos al que posiblemente sea el videojuego más mítico de la historia, el Pac-Man de Namco. Pero Mad Mix Game está muy lejos de ser un calco del famoso arcade de Toru Iwatani. Mad Mix Game, nos atreveríamos a decir, incluso lo mejora.



Aunque parezca mentira, Mad Mix Game cuenta con un argumento en su manual de instrucciones, aunque de cara al juego no se vea especialmente reflejado. No obstante, es curioso saber que el protagonista, Mad, era nieto de un gran comecocos exterminador de fantasmas e hijo de un vigilante de una fábrica de golosinas, algo que amenaza con cortar de raíz el legado familiar. Pero cuando unos fantasmas invaden Cocovillage y se necesita un héroe que se líe a mordiscos, Mad encuentra la oportunidad de erigirse en el héroe que todos esperan que sean.

Mucho se habla, y con razón, de Mario. Pero si los videojuegos tuvieron un héroe primigenio, ese tendría que ser Pac-Man. El protagonista del juego que creó un género en sí mismo, el de los llamados popularmente comecocos, al igual que Breakout inauguró lo que luego se conocería como rompeladrillos. Tiempos lejanos de bellos nombres para los géneros, pero no divaguemos. Los comecocos no eran extraños en los videojuegos, había títulos que se adscribían a esta mecánica con más bien pocas variantes o directamente con ninguna en los casos de menor vergüenza. Para 1988, año en el que Topo Soft lanza Mad Mix Game, el género comecocos ya está de capa caída, con lo que el mérito del estudio es doble. No solo consigue crear un estupendo juego, sino que de paso le insufla vida a una mecánica que parecía demasiado añeja a ojos del gran público.

Mad Mix Game viene presentado con la siempre necesaria portada de Azpiri y con una pegadiza sintonía del gran César Astudillo, más conocido entre la vieja guardia por su seudónimo, Gominolas. Es un juego que a diferencia de su referente se desarrolla a lo largo de 15 fases diferenciadas entre sí y en el que tras cada 3 de ellas se nos hace el regalo de la vida. De la vida extra. Algo que nos vendrá muy bien para progresar en la gesta, porque en Mad Mix Game no se trata solo de esquivar fantasmas mientras damos buena cuenta de los cocos, píldoras, pastillas o como cada cual quiera llamar a las pequeñas esferas flotantes que Mad devora como si no hubiera un mañana para pasar de nivel en cuanto ha consumido todas.

Ahora bien, si el primer nivel puede parecer que aparte de los consabidos fantasmas, el propio Mad y ese power-up en el que se viene arriba y la presa pasa a ser el cazador no hay nada que Topo Soft aporte a la fórmula, esto salta por los aires nada más empezar el nivel 2, donde ya vemos que el escenario cambia, que hay un nuevo tipo de coco y de power-up, y además un cierto elemento que también da juego. Pero vamos por orden, los cocos con flechas que indican un sentido hacen que Mad los devore siguiendo la trayectoria, lo que lo deja completamente vendido contra los fantasmas, pero a cambio, la baldosa con el icono de la cabeza de un hipopótamo lo transforma en uno de estos mamíferos pudiendo dejar chafados a los fantasmas, que en esta ocasión no huyen de Mad. Son unos locos ajenos al aplastante poder de un hipopótamo.



Como tampoco parece impresionarles que de repente haya una pista de aterrizaje en pleno nivel y que Mad pueda entrar en ella para, moviéndose a izquierda y derecha, ponerse a los mandos de un caza y disparar a los ectoplasmas mientras se mantenga dentro de dicha pista. Las sorpresas siguen aumentando en los siguientes niveles con más enemigos: una mariquita que se dedica a reponer los cocos que Mad come, y que solo la hipopotamizada forma puede destruir, y el llamado Repugnantoso, un bicho verde con muy mala uva que se dedica a incrustar los cocos en el suelo y que Mad tenga que usar una pala excavadora que le impide comer pero le permite extraer esos cocos atascados. Y además, hay puertas abiertas o cerradas en un ángulo de 90 grados con las que poder abrir camino y cubrir la retaguardia, y una nueva pista, en esta ocasión de un único sentido y que nos permite disparar el poderoso cañón de un tanque.

Mad Mix Game no es un simple comecocos. Es una magnífica vuelta de tuerca a un arcade que sentó época hecha con el mayor de los cariños y respetos, pero lo más importante, es una que funciona. Desde la música de Gominolas, un recuerdo imborrable de la época del Amstras (en otras versiones era diferente) a su aspecto gráfico, sus ítems, ese toque de puzzle para compensar el frenesí del original y no limitarte a esquivar fantasmas en sistemas que, por otro lado, no eran en según qué casos tan ágiles para moverlo todo como la recreativa. Mad Mix Game fue un bombazo, pero lo fue también en el extranjero, donde para evitar incurrir en la ira de Namco a Mad le crecieron patitas y se le añadió el subtítulo The Pepsi Challenge y el patrocinio de la marca de refrescos. Es más hubo hasta un concurso en el que se daba como premio un coche deportivo. A ver qué clon puede presumir de todo esto.

Juan Elías Fernández

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Película: Píxels

Canción: Iggy Pop – Eat or Be Eaten

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