Hora de divertirse

La conocida serie de Nintendo, Mario Party, hace su debut en Wii. Y, como no podía ser de otra manera, lo hace plagada de minijuegos y muy orientada a su principal baza: el multijugador.

Vaya con Mario… está claro que el fontanero no es capaz de parar ni un solo segundo. Además, casi todo lo que toca se convierte en oro, se trate del género que se trate. Después de verlo en los últimos tiempos conduciendo karts, jugando a deportes como el fútbol o el baloncesto o, cómo no, protagonizando mil plataformas, ahora ha decidido montarse una fiesta. Una fiesta a su manera, a la manera de Nintendo, claro.

Todos estáis invitados

Bueno, como sabéis, una buena fiesta no es especialmente divertida si no se monta con amigos. Y eso es algo que Mario tiene muy claro. Por esa razón todos sus compañeros más cercanos se han sumado al evento. Es decir, personajes y mascotas tan conocidos como Luigi, Peach, Wario, Donkey Kong, Bowser, Yoshi… así hasta un total de dieciséis.

Todos ellos tienen un fin común: pulular por una serie de tableros que, a su vez, están sacados de las aventuras de Mario y de Nintendo en general. ¿El objetivo? El mismo de siempre: encontrar una estrella. Pero no es tan fácil, claro, puesto que a medida que avanzamos por las casillas, el juego nos reta con variados minijuegos, tal y como sucedía en las anteriores entregas vistas en GameCube. De hecho estamos ante un juego que sigue a pies juntillas aquellas entregas en la anterior máquina de la compañía japonesa.

Los juegos, ya decimos, son de lo más variados y en total hay sesenta. A su vez éstos están diseñados para enfrentar a dos jugadores, tres o hasta cuatro (el total de usuarios que pueden competir). Y ya se sabe, cuantos más jugadores, más divertido. Sobra decir que estamos ante un juego enfocado a ser jugado en compañía. No es que Mario Party 8 no se pueda usar solo, pero la cosa pierde mucho interés como es lógico si jugamos en solitario.

A nivel visual, ocurre lo mismo que muchas otras series que también han dado el salto directamente desde GameCube: la evolución gráfica es casi nula. El aspecto del título es muy similar al de sus anteriores ediciones. Esto no quita, no obstante, para que luzca una apariencia desenfadada y colorida, con personajes, animaciones y escenarios que transmiten ese “encanto” de dibujos animados que Nintendo suele dar a sus propias producciones. En definitiva, otro variado programa de videojuegos pensado para picarse con los amigos o la familia. Es una lástima que si estamos solos la gracia prácticamente se diluya.

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