Londres después de medianoche

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Años después de que Konami sumergiera a la NES en el terror de la desesperante pero mítica saga Castlevania, es Sega y el estudio SIMS quienes rescatan al conde para la Master System y la portátil Game Gear en Master of Darkness.

Era bueno tener una consola a finales de los ochenta. Perdón, era bueno tener “la Nintendo” o “la Sega”, así a secas, que era como se les conoció a la Nintendo Entertainment System y a la Master System durante mucho tiempo. Era bueno, decía, porque mientras los usuarios de ordenadores disfrutábamos – lo hacíamos, en serio – de los juegos específicos para nuestras máquinas, veíamos con algo de envidia esos cartuchos de carga instantánea con juegos que ya hubiésemos querido en nuestras pantallas. Los de la Sega, bueno, los de Master System para entendernos, además contaban con una paleta de colores casi hipnótica y muy, muy apetecible. Aunque la NES tenía en su haber cada maravilla de quitarse el sombrero.

Como por ejemplo, Castlevania. Esta franquicia de Konami dejó tres juegos en la NES, aunque el segundo de ellos hay que mirárselo aparte, que fueron de los precursores de Dark Souls en lo que a hacer llorar a personas ya crecidas se refiere. La frustración causada por la dificultad de un juego lleno de saltos medidos entra enemigos de pautas que inundan la pantalla solo podía compararse al grado de fascinación que podía desatar, el suficiente para volver una y otra vez a sabiendas de que no solo estaba en juego el triunfo de Drácula sobre la humanidad, sino también nuestros propios nervios.



A Master System no le vendría mal algo así, principalmente porque su rival le estaba comiendo la tostada en ventas y Mega Drive había marcado el relevo ya hacía tiempo. Pero aunque Konami sí acabaría pasando la saga vampírica a la máquina de 16 bits con Castlevania: Bloodlines, la Master System parecía que iba a quedarse huérfana de un aventurero que se lanzara a saltar plataformas para arrearle un buen estacazo a Drácula. ¿O puede que no? Al fin y al cabo, Drácula ya era una novela libre de derechos, y un juego de plataformas es algo que podría hacer cualquiera. Como el estudio SIMS, un grupo que había sido formado a partir de miembros de Sega y del trasvaso de varios trabajadores de la empresa recientemente adquirida Sanritsu. Solo había que cambiar algunos detalles y el vampiro estaría listo para aterrorizar en el cartucho Master of Darkness.

Pero aunque en principio estaríamos hablando de un trasunto de Castlevania, lo cierto es que tachar a Master of Darkness, o In The Wake of the Vampire en Japón, de una mera fotocopia del juego de Konami no sería del todo justo. Porque donde éste es un tributo a los clásicos del cine de la Universal, con referencias a directores y actores del género en sus propios créditos, en el caso de Master of Darkness estamos más bien frente a algo más propio de la Hammer, un tipo de terror más gótico con más atención a la ambientación y con una historia que arranca, como no podía ser de otra forma, en el Londres de finales del siglo XIX. Allí se suceden una serie de crueles asesinatos que acontecen en las noches de luna llena, lo que lleva al psicólogo y ocultista Dr. Ferdinand Social a tomar cartas en el asunto. Sus medios no son muy ortodoxos pero sí resultan muy efectivos, y es que la tabla ouija le revela la identidad de quien está detrás de la ola de terror: Drácula.

Social se embarca así en una búsqueda a lo largo de 5 niveles en los que tendrá que medir bien sus saltos y mantener la mano firme para lanzar sus golpes a los engendros que le saldrán al paso, desde asesinos taciturnos a esqueletos, pasando por vampiresas, figuras de cera animadas, poltergeist, lobos o los indispensables murciélagos. En su mano no lleva ningún látigo, pero desde luego Social no irá indefenso gracias a las cuatro armas principales y otras tantas secundarias de las que puede hacer uso. Tras las máscaras flotantes que veremos en el decorado aguardan cuchillos (de poco daño y corto alcance), estoques (también débiles, pero de mayor alcance), bastones (más poderosos y también de buena distancia) y hachas (el arma más fuerte, pero corta). Aparte de ellas, y mientras nos queden existencias, podremos disparar balas con una pistola y lanzar boomerangs, bombas (en una parábola) y estacas. Y cómo no, también aguardan otros objetos que nos concederán un bonus de puntuación, recargas de salud, una gema que acaba con todos los enemigos de la pantalla y vidas extra.



Tras leer todo esto seguro que pensarás que el parecido con Castlevania es demasido irrefutable, pero hay que repetirlo. Master of Darkness no es solo una mera copia. SIMS le da los detalles necesarios, para bien y para mal, para que este juego se logre distinguir de su referente y coja algo de personalidad por su cuenta. Empezando por esa ambientación victoriana de la que además de las localizaciones toma sus jefes de nivel, con el mismísimo Jack el Destripador a la cabeza, Seguimos hasta un tétrico museo de cera donde aguarda una medium que provocará una manifestación ectoplasmática y de ahí pasamos a un cementerio en las afueras de Londres y posteriormente a un castillo en el que nos veremos las caras con el Conde Massen, un poderoso mago negro, y finalmente seremos trasladados a la guarida en Transilvania del mismo Drácula.

La lástima en Master of Darkness es que este producto no se haya podido o no se haya sabido redondear como es debido. Su jugabilidad es buena, aunque a veces haya que buscar el punto para poder acceder a las escaleras, pero esto no viene acompañado de una dificultad acorde, no ya alta sino simplemente adecuada. Y es que el Drácula de Master of Darkness es casi un chiste, con uno de los combates más fáciles contra este vampiro en un videojuego, y eso que es el jefe final. Por contra, la curva de dificultad es algo irregular aunque el juego en general no es especialmente difícil. Si nos vamos al apartado sonoro, tampoco hay mucho de donde sacar. Se acompañan los niveles de melodías que cierto es que no están mal y que no dan ningún traspiés, pero que no dejan de ser tan genéricas que se podrían trasladar, por ejemplo, a un shoot’em up en mitad del espacio y no habría ningún problema. Frente a la excelsa banda sonora del espejo en el que se mira, este apartado palidece tanto como el propio vampiro.

Visualmente, eso sí, el juego es bastante notable. Master System hace gala de su potencial gráfico con sprites de buen tamaño y una paleta no muy chillona para crear escenarios que rayan a un nivel bastante alto, con ciertos detalles como las figuras de cera o los sujetos de experimentos en el laboratorio, además de un diseño de personajes bastante bueno. De haber sabido cuidar más su banda sonora y su dificultad, y ya puestos ajustar un poquito ese punto de contacto con las escaleras que puede llegar a desquiciar más que los propios enemigos, Master of Darkness hubiera sido el Castlevania que merecía Master System y hubiera podido rivalizar con éste sin complejos. O Game Gear, que también tuvo un port de este juego prácticamente calcado al de la versión de sobremesa. Pero ojo, esto no quiere decir que no sea un mal juego, es más, es un cartucho perfectamente disfrutable a día de hoy, e interesantísimo de descubrir por vez primera en cualquiera de sus dos soportes, donde figura como una de sus joyas a reivindicar. Qué tendrá el Londres victoriano y ese terror gótico, que suelen ser credenciales de garantías. Siempre y cuando se siga el consejo que ofrece el propio juego y se tenga cuidado cuando se pasee de noche bajo la luz de la luna.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego:

Serie: Penny Dreadful

Novela: Drácula, de Bram Stoker

Canción: Justin Hayward – Something Evil, Something Dangerous

Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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