Espionaje de leyenda

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La franquicia Metal Gear vuelve a estar de actualidad por el lanzamiento de Metal Gear Rising y la perspectiva de una quinta entrega. Pero más que por su futuro, vamos a interesarnos por sus orígenes. Infiltrémonos en Outer Heaven para repasar su primera entrega para el ordenador MSX 2.

Desde finales de los años noventa, la compañía Konami ha visto su nombre asociado a la que posiblemente sea hoy por hoy su principal franquicia con permiso de Castlevania. Y no es que de eso vaya mal servida. La desarrolladora japonesa cuenta con series de postín de la talla de Gradius, Contra, Suikoden o la mencionada saga vampírica, pero es cierto personaje experto en operaciones encubiertas el que más rápidamente se cuela en nuestro cerebelo para dar lugar a la asociación de ideas que inmediatamente nos hacen pensar en Metal Gear Solid.

Y toda la culpa la tiene su título homónimo para PlayStation, el que se puso por montera el concepto de espionaje táctico y nos abrió de par en par las puertas de un universo plagado de intrigas, conspiraciones militares, organizaciones secretas y dispositivos autónomos capaces de desencadenar el Apocalipsis si alguien pulsa el botón adecuado. Una trama de ciencia ficción que muchos jugadores disfrutaron en su día y de los cuales seguramente una proporción no muy alta fuese consciente de algo que todavía a alguno le sorprenderá. Y es que Metal Gear Solid no es un inicio, sino la tercera entrega oficial, la cuarta estrictamente hablando, de una franquicia de juegos que comenzó en 1987.

Si vamos a hablar de Metal Gear hay que mencionar sí o sí a Hideo Kojima. El enfant terrible de Konami durante todos estos años ha sido su cara más pública. A veces un genio amado, otras un excéntrico odiado, para su público Kojima es un diseñador que siempre estará ligado a algún militar que use Snake en su nombre en clave. Quién lo iba a decir cuando comenzó participando en el desarrollo de Penguin Adventure. Un pingüino que corre es, indudablemente, un concepto gracioso, pero a Kojima la fauna del hemisferio sur no le llena del todo. Por eso, cuando sus superiores le encargan que tome las riendas de un juego de acción llamado Metal Gear, el bueno de Hideo ve la oportunidad de plasmar todo lo que le ronda por la cabeza. A Hideo Kojima le entusiasma el cine bélico, pero hay un título en el que ve todo un océano de posibilidades: La gran evasión, película protagonizada por Steve McQueen en la cual la fuga y todo el plan previo y su procedimiento eran el meollo del asunto. No se trata tanto de amontonar una pila de cadáveres de pérfidos soldados nazis como de conseguir alcanzar con éxito un objetivo. Chico, si se pudiera plasmar eso en el juego en cuestión, pensaba Kojima. ¿Y por qué no?

El objetivo en Metal Gear no iba a ser subir el contador de muertes hasta el infinito y más allá ni abrirnos camino dejando un reguero de destrucción a nuestro paso. Muy al contrario, nuestra misión como el soldado de operaciones encubiertas del grupo de élite FOXHOUND con nombre en clave Solid Snake era infiltrarnos en la fortaleza estado Outer Heaven, situada en Sudáfrica, y localizar el paradero de Grey Fox, un agente desaparecido al investigar dicha ubicación y cuya última transmisión se había limitado a dos palabras: Metal Gear. Un ingenio mecánico desarrollado por el doctor Drago Pettrovich Madnar con la forma de un tanque bípedo y la capacidad de lanzar un ataque nuclear a un objetivo desde cualquier punto del planeta. Eso no puede ser bueno, de modo que Solid Snake deberá llegar hasta el fondo del asunto y destruir ese Metal Gear antes de que la cosa pase a mayores.

Seguro que todo esto os suena, y más que os va a sonar cuando entremos en algunos detalles. Metal Gear Solid, en 1998, fue casi casi un remake en toda regla de este título primigenio que ya incorporaba muchos elementos característicos de la serie, siendo el primero de ellos el sigilo.

Llegábamos a Outer Heaven prácticamente con lo puesto y un paquete de cigarrillos, ya veis que Snake lo perdona todo salvo que le falten los “pitis”, de modo que no es muy inteligente liarla parda de buenas a primeras. Nuestra única arma de inicio son nuestros puños, nuestro ingenio y nuestra habilidad para escabullirnos fuera de la línea de visión del enemigo. Nunca mejor dicho lo de línea, puesto que su percepción es totalmente horizontal. Así pues, deberemos avanzar procurando ocultarnos tras paredes, cajas y, en definitiva, quedar fuera de ese limitado campo de visión enemigo para, en nuestro camino, rebuscar por camiones, celdas y otras estancias en busca de equipo, armas e información. Todo ello mientras Big Boss, oficial al mando de la misión, nos da indicaciones a través de un intercomunicador en determinados puntos.

En lo referente a equipo encontraremos un buen surtido que además deberemos usar en el momento y lugar adecuado. A medida que avanzamos en Outer Heaven la cosa se complica y las defensas van siendo mayores. Muros falsos que nos bloquean el camino, habitaciones llenas de gas letal, alarmas láser o minas antipersona son algunos de los elementos que gracias al explosivo plástico, máscara antigás, gafas de visión infrarrojas o detector de metales podremos sortear con éxito si es que previamente damos con todo eso.

 

 

Hasta la caja de cartón, objeto mítico donde los haya en esta franquicia, asiste a sus inicios para burlar a las cámaras de seguridad por primera vez. También daremos con prisioneros confinados en diferentes celdas que además de su eterna gratitud nos darán información útil, nos presentarán nuevos personajes que nos ayudarán en la misión y lo que es mejor, nos permitirán subir de rango y poder disponer de una mayor barra de salud en cuanto rescatemos a cinco de ellos. Y es que no hay nada como ayudar al prójimo para sentirse mejor. Eso y comer raciones.

En cuanto a las armas, también es un arsenal bastante variado el que tiene Metal Gear. Cada una de ellas, claro está, tiene sus características, variando desde una simple pero efectiva pistola hasta un lanzacohetes pasando por automáticas, lanzagranadas o minas antitanque. El uso de estas armas nos vendrá especialmente bien cuando las tropas nos descubran y acudan en manada a por nuestro pellejo, pero especialmente para los jefes de zona con los que, aquí también, toparemos por Outer Heaven. Individuos con nombres como Shoot Gunner, Machine Gun Kid, Fire Trooper, el rastrero Coward Duck o los androides TX-11 más conocidos como Arnold, en clara referencia a quien ya sabéis. Hasta un helicóptero Hind D (guiño, guiño) y un tanque (más guiños) nos saldrán al paso para impedirnos llegar hasta el Metal Gear TX-55.

Metal Gear, en este año 1987, era un producto que se apartaba del típico juego de acción para plantear una mecánica mucho más profunda combinada con un atractivo argumento que culminaba con un giro de guión y un final épico que, sin embargo, dejaba abierta la puerta a una continuación. El jugador no tenía manera de saber qué le esperaba no ya en el siguiente nivel sino tan siquiera en la siguiente pantalla. Outer Heaven está a rebosar de trampas y un mal paso puede significar nuestra perdición. Hideo Kojima fue meticuloso al plasmar sus intenciones en el juego. Todo tenía que ser medido a la perfección y proceder de manera acorde, incluso de formas tan inusuales como dejarnos apresar adrede. Metal Gear, allá por 1987 y en aquellos recordados MSX-2, era un grandísimo juego que mostraba por qué los japoneses eran los amos en esto de los videojuegos. Algo que por desgracia no puede decir su otra versión, la de la consola Nintendo Entertaintment System, de la que Kojima reniega hasta la saciedad recordándonos continuamente que no tuvo nada que ver.

La verdad es que el cambio del desarrollo del juego al alterar el mapeado y la eliminación de algunos elementos no le hicieron mucho favor, más cuando una de estas ausencias era… el propio Metal Gear TX-55 que daba nombre al juego. Un bajón del que Kojima no quiere saber nada, ni tampoco de su secuela, Metal Gear 2: Snake’s Revenge. De hecho, Kojima se mantuvo en sus trece y contraatacó con la que es la secuela canónica y oficial del juego, Metal Gear 2: Solid Snake, considerada superior incluso a su primera parte y uno de los mejores juegos, si no el mejor, del catálogo de MSX-2.

Ahora que Metal Gear Rising llega a las tiendas con Raiden y su katana a pleno rendimiento, y que parece que Solid Snake volverá por sus fueros en Metal Gear Solid: Ground Zeroes y, suponiendo que no se trate del mismo juego, el misterioso The Phantom Pain, no está de más rendir homenaje a la entrega de la que vino todo. Más de un cuarto de siglo después, Metal Gear sigue sirviendo con honores. Y esperamos que así sea por mucho más tiempo, con más dosis de espionaje y acción táctica.

Juan Elías Fernández, colaborador de AlfaBetaJuega

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No te quedes solo en el juego:

Película: 1997, Rescate en Nueva York, de John Carpenter

Canción: Mission: Imposible – Adam Clayton y Larry Mullen

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