Armas de diversión masiva

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A pesar de que los juegos de acción con una ambientación bélica no eran nada nuevo, sí que hubo uno a mediados de los noventa que destacó sobre el resto. Esta semana nos subimos a bordo de los tanques de Metal Slug.

En los ochenta nos dio fuerte la vena de Rambo. Los juegos eran el vehículo ideal para hacernos sentir como ejércitos de un solo hombre, invencibles, imparables, y por ello juegos de acción que tomaban una temática militar comenzaron a aparecer a patadas. El mencionado Rambo protagonizó alguno que otro al tiempo que se soltaba la melena en sus películas. En nuestro país nos alistamos para cumplir con las misiones de Army Moves y, posteriormente, Navy Moves, aunque si nos quedábamos con las ganas podíamos coger el fusil y repetir con R.A.M., irnos de Rescate en el golfo o pasar a ambientes más cósmicos con Astro Marine Corps.

Mencionar todos ellos sería solo una porción de los títulos que sacaban jugo al género run’n’gun, o “correr y disparar”, bajo la excusa de ser un soldado de élite, un militar condecorado o el mercenario definitivo. Nombres como Green Beret, Midnight Resistance o el propio Contra nos ponían en el papel de rudos militares todoterreno prestos a solucionara a tiros cualquier entuerto que se presentase, algo a lo que nosotros los jugadores no le hacíamos ascos en absoluto. Pero sí que sorprende que el que seguramente sea uno de los mejores de todo su género tardase tanto en llegar.


El sistema Neo Geo MVS de SNK tuvo la culpa de muchas y buenas horas en los salones recreativos hurgándonos los bolsillos en busca de monedas para poder seguir con nuestra sesión jugona gracias a títulos de una calidad muchas veces sorprendente. Y precisamente Metal Slug, un juego perteneciente a este género del run’n’gun, era uno de los que despertaban los temores de nuestros pobres ahorros. La máquina era, como se suele decir, un auténtico vicio sobre todo si la afrontábamos en buena compañía y hacíamos uso de su modo de dos jugadores, en el que los dos protagonistas del juego, de manera conjunta, se lanzaban a una guerra con unas animaciones y un diseño artístico realmente memorables.

Metal Slug: Super Vehicle-001, como sería su nombre completo, apareció en 1996, en un momento en el que aunque aparentemente la inercia de este tipo de juegos ya había quedado un tanto diluida, su apartado técnico le daba ese empujón extra para catapultarlo a las alturas de su clase. Su argumento nos trasladaba a una guerra ficticia entre dos bandos que combaten entre sí a raíz de un golpe de estado llevado a cabo por el General Morden y que consigue poner en jaque a los gobiernos del mundo. Lo que es peor, Morden ha conseguido poner sus zarpas sobre una nueva arma, el vehículo blindado todoterreno Metal Slug, un tanque cuya capacidad le daría al indeseable general la llave para establecer el consabido Nuevo Orden mundial de rigor.

Ante este panorama, se pone en acción el Escuadrón de Halcones Peregrinos, formado hasta nuestro entender en este primer juego por dos miembros de la Armada Regular que se enfrenta a Morden. Ellos son el capitán Marco Rossi, un tipo cuyo perfil revela que posee un gran intelecto además de ser un batallón entero con patas. Rossi hace las veces de líder de los Halcones Peregrino, teniendo bajo a su mando al teniente Tarma Roving, de natural más calmado pero de gatillo no menos letal. Ambos habrán de recorrer seis niveles plagados de tropas enemigas hasta dar con Morden y hacerle morder el polvo en pos de la paz mundial.


Todo este conflicto lo veremos en una estética muy cercana al estilo cartoon, en donde los diseños de escenarios y personajes nos trasladan a una ambientación similar a la de la Segunda Guerra Mundial pese a que supuestamente la acción se sitúa en una época futura. Y aquí es donde Metal Slug comienza a ofrecernos su caviar del bueno comenzando por su apartado visual. Recordemos que estamos en 1996, una época donde los gráficos en tres dimensiones aún eran una tecnología incipiente, pero que ya comenzaba a ver como los juegos dibujados “tradicionalmente” empezaban a quedarse un tanto anticuados. No era el caso en este juego, donde encontrábamos a los enemigos no solo necesariamente viniendo a por nosotros, sino en varias otras situaciones con sus propias animaciones como montando guardia o echando una cabezadita. Los pobres infelices encontrarían su final bajo nuestro plomo o pasándolos a cuchillo si se encontraban a distancia lo suficientemente cercano, casos ambos en los que pasaban a mejor vida en medio de un polémico chorro de sangre que podía tornarse blanco gracias a la pertinente opción para suavizar la hemoglobina.

A lo largo del recorrido, Marco y Tarma encontrarían también prisioneros de guerra, sin duda uno de los puntos distintivos del juego, unos señores barbudos y desaliñados que tras ser liberados nos obsequiarán con un potenciador, no sin antes lucir unos enormes gayumbos y hacer un saludo marcial en un ritual tan extraño como característico. Resulta además muy gracioso verles revolotear agitando los brazos cuando se lanzan desde una gran altura, y es que estos prisioneros son lo más cercano que tiene este juego a una mascota. A estos caballeros les deberemos la oportunidad de conseguir mayores puntos o de mejorar nuestra capacidad de ataque pasando de una triste pistola a una potente escopeta capaz de pulverizar lo que se le ponga delante, un lanzallamas que carbonizará a los enemigos, una ametralladora automática con la que dispararemos ráfagas o cohetes que buscarán a su objetivo aunque con no mucho margen de maniobra. Nos vendrán muy bien para hacer frente a los jefes finales e intermedios que encontraremos en cada nivel y que consistirán principalmente de algún gran vehículo enemigo con armamento pesado y oleadas de soldados que lo acompañarán en mayor o menor medida.

Y hablando de vehículos, es hora de hablar del otro gran punto distintivo de Metal Slug, y es precisamente lo que le da nombre. El tanque que sirve de meollo de todo el asunto estará a disposición en determinadas localizaciones de los niveles y una vez en su interior nos permitirá avanzar sin remilgos mientras disparamos sus arma, una especie de cañón de plasma que podremos orientar en multitud de ángulos, además de usar las granadas que normalmente lanzaríamos como recurso especial yendo a pie como munición explosiva que nos permitirá volar obstáculos y enemigos a base de pepinazos. Pero llegará un momento en el que, agotada la barra de resistencia del tanque, deberemos saltar de su interior antes de que éste vuele en pedazos.


Metal Slug es uno de esos casos en los que tenemos delante un juego con una jugabilidad a prueba de bomba, que además mejora exponencialmente con la compañía de un segundo jugador, ya que no es precisamente un paseo en barca. Sin embargo, la movilidad de los personajes y el diseño de los niveles son como para tomar apuntes de ellos. Si existen medallas a la diversión, desde luego la pechera de Metal Slug estaría a rebosar de ellas, algo que sin duda agradecieron los afortunados propietarios de la consola doméstica Neo Geo, el Rolls Royce de los sistemas de 16 bits, solo al alcance de unos pocos. Posteriormente, el juego llegó a PlayStation y Saturn, y más adelante otros sistemas pudieron beneficiarse de la presencia de la saga Metal Slug en forma de recopilatorios, ya con secuelas y más personajes, así como novedades jugables que daban algo de pie a hacer distinción entre ellos y diferenciar sus personalidades y habilidades. Si hay que asegurar el destino del mundo libre, Metal Slug es una de las mejores y más divertidas opciones que hemos encontrado jamás.

Juan Elías Fernández
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No te quedes solo en el juego:

Película: La chaqueta metálica, de Stanley Kubrick

Canción: Status Quo – In The Army Now

Libro: El desafío de las águilas, de Alistair MacLean

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