Pánico nuclear

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La antigua saga de la desaparecida THQ presenta una nueva y absorbente entrega cargada de personalidad.

Metro 2033 fue un shooter que merecía la coletilla de “diferente”. Y eso es algo que no se puede decir todos los días precisamente. La obra de THQ, pese a tener sus limitaciones jugables (que indudablemente las tenía), resultaba sólida y muy recomendable.
 
Sobre todo por dos pilares en los que se cimentaba el shooter: una buena historia y una profunda ambientación. En algunos momentos, incluso lograba angustiar más que algunos predecibles survivals. Lo bueno de Metro 2033 era que, inspirado en una novela o no, te lo creías. Y eso en un videojuego resulta suficiente para mantenerte en tensión en el usuario.
 
 
Ahora, después de un accidentado viaje que ha incluido el cierre de THQ, la saga Metro sigue adelante con una secuela que, en líneas generales, mantiene la calidad del original. Y, sobre todo, sabe aprovechar el singular carácter de la serie sin desviarse apenas de lo que cualquier fan podría esperar. Está claro que sorprende menos que el primero, pero quien esté libre de pecado en ese aspecto…
 
Aunque Metro Last Light no se base directamente en una novela de Dmitry Glukhovsky, sí bebe directamente del universo creado por el autor ruso. Recordemos, no en vano, que Metro 2033 nació como novela gratuita colgada en Internet y que, gracias a su popularidad, terminó convirtiéndose en todo un éxito de ventas.
 
El protagonismo vuelve a recaer sobre Artyom, el héroe de la primera parte. En su pellejo debemos de enfrentarnos, no solo a criaturas mutantes que habitan en la superficie y que, de vez en cuando, campan a sus anchas por el subsuelo, sino también a los propios humanos.
 
 
Por si alguien no ha jugado al original o leído la novela en la que se basa la saga, decir que Metro Last Light presenta un mundo post-apocalíptico, en el que solo la vieja línea de metro resulta relativamente segura. Pero incluso esta está atestada con los supervivientes del holocausto nuclear, está dividida por distintas facciones y gremios (comunistas, nazis y demás corrientes políticas) que también se encuentran en pie de guerra.
 
En el mundo de Metro no hay lugar seguro, y eso lo han sabido transmitir muy bien los chicos de A4 Games. La asfixiante atmósfera vuelve a estar potenciada por detalles como las máscaras de gas, un elemento característico del título que resulta imprescindible para sobrevivir en algunas zonas contaminadas. 
 
 
 
Y es que, insistimos, los desarrolladores de Metro Last Light han sabido construir la casa por el tejado, cimentando su shooter en un guión interesante y más elaborado que la mayoría de la competencia. No solo la trama principal engancha y llega al jugador, sino también los detalles, que son al final los que distinguen una gran obra de una mediocre. Las conversaciones de los personajes, los elementos de los escenarios, las posturas ideológicas, todo aporta en gran medida su granito de arena.
 
¿Pero qué sucede con la jugabilidad? Pues que esta, de la misma forma, ha seguido la línea de la primera parte, para bien o para mal. Nos explicamos, Metro Last Light no es, como no era el primero, un shooter al uso. Olvidaos de encontrar en él el ritmo trepidante de un Crysis o la espectacularidad de Call of Duty. 
 
En lugar de eso hayamos una aventura que marca sus propias reglas. Por ejemplo, hay en Metro Last Light una aceptable variedad de armas (pistolas, ametralladoras, escopetas, cuchillos, explosivos), que a su vez podemos potenciar y personalizar a medida que avanzamos.
 
 
De nuevo las balas son, precisamente, la moneda de cambio en el juego. Una idea curiosa que no solo sirve para dar identidad al universo que se propone en la saga, sino también para preguntarle al jugador qué tipo de shooter desea jugar realmente.
 
Es decir, que por una parte, podemos avanzar en el título de una forma convencional, sin preocuparnos por nada más que pegar tiros y no quedarnos sin balas antes de lo debido. Pero Metro Last Light se disfruta más cuanto más profundizamos en él. Como en los juegos de rol (y no decimos que lo sea, ojo, ni siquiera que la parezca), se nos da más recompensa cuanto más interés le ponemos.
 
Por ejemplo, aprovechando sus momentos de sigilo. Durante la aventura podemos acercarnos a los rivales de forma prudente y pillarlos desprevenidos. Pero solo si queremos. El juego te da las armas, pero de ti depende cómo quieras utilizarlas, si es que te propones hacerlo. 
 
 
De esta forma, quienes supieran disfrutar del carácter austero pero altamente generoso a la vez de Metro 2033, van a seguir pasándoselo en grande sin duda con una secuela que, por reciclar, incluso mantiene las visiones en forma de flashback del protagonista (un recurso narrativo cada vez más repetido en los shooters actuales).
 
De la misma manera, Metro Last Light sigue ofreciendo dos entornos muy distintos a lo largo de su desarrollo. Por un lado tenemos el subterráneo, mucho más agobiante y lineal, y por el otro el exterior. En este último los peligros son más evidentes y constantes. También se pierde la sensación de claustrofobia, pero se potencia el ser supervivientes en un entorno hostil, al más puro estilo FallOut.
 
 
El único aspecto que choca con el logrado realismo del juego vuelve a ser la inteligencia artificial de los enemigos. Aunque ya no es tan ingenuamente básica como en Metro 2033, tampoco está a la altura de una producción de estas características. Especialmente los enemigos humanos, cuyas acciones son predecibles y poco naturales la mayoría de los casos.
 
Esto no ensombrece, no obstante, un apartado técnico superior al de la primera parte, con un trabajo de texturas, animaciones y efectos de lo más cuidado. En PC el juego luce realmente espectacular, pero también en consolas alcanza un nivel medio alto con detalles capaces incluso de sorprender a estas alturas.
 
La banda sonora acompaña al juego de forma muy acertada, con un deje dramático ideal que ilustra musicalmente la naturaleza del mundo donde se desarrolla la aventura, y que sabe adaptarse muy bien a lo que sucede en pantalla. Igual que el doblaje, que una vez más llega en perfecto castellano.
 
 
Así pues, nuestra más sincera enhorabuena para A4 Games, que ha sabido volver a firmar un shooter que no es perfecto (la IA, lo continuista de su propuesta), pero que sí sabe desmarcarse de sus mil competidores y tener personalidad propia. Puede que no vaya a gustar a todos los amantes de la acción, pero sí a quienes busquen una experiencia intensa, profunda y en ocasiones incluso incómoda. Nadie dijo que el mundo del mañana fuese sencillo.
 
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 Valoración final
 
Jugabilidad: Idéntica a la de la primera parte. Menos trepidante que en otros shooters, pero profunda y divertida.
 
Gráficos: Muy cuidados en todos los niveles. Se nota el trabajo extra realizado con respecto al original. 
 
Sonido: Tanto la banda sonora como el doblaje están a un buen nivel.
 
Duración: Algo más largo que la primera parte. 
 
Conclusión
Gracias a su cuidada ambientación y angustioso planteamiento, Metro Last Light sigue siendo un shooter oscuro, distinto y recomendable. Si los programadores hubiesen cuidado más detalles como la inteligencia artificial, posiblemente habláramos de uno de los shooters del año.
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No te quedes solo en el juego:
 
Libro: Metro 2033 de Dmitry Glukhovsky
 
Libro: La Revolución rusa de E.H. Carr

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