Aquellos chalados y sus pequeños cacharros

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Por la mesa, por el sofá, a través de la alfombra y encima de la mesita, cualquier superficie era una pista de carreras para los Micro Machines. ¿Pero y si cogemos los juguetes y los metemos en un videojuego con circuitos ya elaborados? Pues que tenemos diversión a raudales.

Hay una serie de juguetes que ningún, y repito, ningún chaval de los ochenta y noventa desconoce. Es más, seguramente los haya tenido o, como poco, pedido a sus padres alguna que otra vez. Hablamos de clásicos de las jugueterías como las figuras de Masters del Universo, las de G. I. Joe o los clásicos cochecitos en miniatura. Y dentro de estos últimos, lo más de lo más eran los Micro Machines. Su pequeñísimo tamaño, que hacía grandes a los Matchbox o a los modelos de Hot Wheels, los hacía propicios para llevar a puñados a cualquier parte, y además disponían de su propio maletín para poder ser debidamente almacenados.

Una machacona campaña de publicidad en la televisión acompañada de concursos en programas infantiles en los que se podían ganar lotes de estos juguetes hizo que en nuestro país surgiera la fiebre de los Micro Machines y que pronto estuvieran en los mejores patios de recreo. Hay que reconocer que el juguetito era muy cuco y goloso, y al final se granjeó bastante éxito. El suficiente para que Codemasters pusiera sus ojos sobre la licencia con miras a hacer lo que tradicionalmente se le ha dado mejor: un videojuego de carreras.



Lo bueno de tener este juego de los Micro Machines era que no había necesidad de guardar luego la colección de coches ni de recibir broncas maternas por haber montado el escampe de cochecitos y demás parafernalia por el suelo. Tampoco era necesario devanarse los sesos para montar el circuito, el juego ya te lo daba todo hecho, y además de manera bastante imaginativa. Las diferentes líneas de los vehículos de juguete estaban presentes para competir entre sí a lo largo de trazados recreados en cocinas, cuartos de baño, pupitres… cualquier rincón es bueno para la carrera, y además así se podía jugar con diferentes elementos, ya que una gota de pegamento en un banco de trabajo se convertía en un pegajoso bache, al igual que unas gotas de zumo de naranja podrían ser también unos improvisados charcos.

Pero correr solo no tiene tanto mérito como si lo hacemos contra un rival, y en Micro Machines nos encontramos a unos cuantos niños coleccionistas de estos juguetes que están dispuestos a presentarnos batalla. Cada uno de ellos tiene un estilo propio y es hábil en mayor o menor medida, y según su forma de jugar nos lo podrá más difícil o más fácil. Contra ellos podemos jugar en dos modos, siendo uno de ellos un Cara a Cara en el que disputaremos una carrera que ganará el que antes complete las vueltas, o bien el que primero consiga inclinar a su favor por completo un medidor que se incrementa dejando atrás al rival hasta que quede fuera de la pantalla y del circuito.

 

El otro es un modo Desafío en el que tendremos que dar buena cuenta de toda la chiquillería a lo largo de los diferentes escenarios y controlando los distintos tipos de vehículos que nos ofrece el juego, eso sí, sin posibilidad de elegir. Cada recorrido tiene su tipo de bólido asignado y es con el que hay que apechugar, y dado que tanto nosotros como los rivales llevamos el mismo juguete, todo se reduce a la habilidad de cada uno a la hora manejar estos bólidos en miniatura, aunque sí que notaremos alguna diferencia al pasar de algunos a otros.

 



Estas carreras las disputan cuatro participantes, de los cuales los dos últimos en concluir la carrera reciben una amonestación. En nuestro caso se traducirá en la pérdida de una de las tres vidas y el tener que volver a correr la carrera hasta quedar, como mínimo, segundo. Pero si son los demás los que muerden el polvo, llegará un momento en el que queden eliminados, dejando su sitio a otro niño. Tanto el protagonista, es decir, el mozalbete que nosotros mismos controlamos, sus tres rivales iniciales como los que luego van tomando su lugar son a nuestra elección, por lo que teniendo en cuenta que la complicación de los circuitos va en aumento, lo suyo es intentar dejarnos para el final a los más torpes. Además de saber elegir a quién queremos que nos represente, claro.

Manejar un Micro Machine es muy simple, pero a la vez muy divertido. Además de las direcciones para girar tendremos que hacer uso de un botón para acelerar y de otro para dar marcha atrás en caso de que nos quedamos atascados por algún recoveco de la pista. La primera vuelta del Desafío será clasificatoria, y básicamente hace las veces de tutorial intuitivo para hacernos con el control de, en este caso, una lancha que debe navegar por una bañera llena de agua espumosa en un recorrido en círculo muy simple para cruzar la meta en primer lugar y ganarnos el derecho a desafiar a la peña de coleccionistas. Con esta sencilla prueba, el juego ya nos muestra cómo van a estar ideados los circuitos y cómo podemos manejarnos con nuestro vehículo. No hay problema, ya que nuestros rivales en esta ocasión van a ser buenos chicos y nos lo van a poner en bandeja para empezar lo que es el juego en sí.

Luego ya se complicará la cosa. Sucesivamente iremos encontrando circuitos más complicados, con más curvas y recovecos en los que será muy fácil salirnos, y más obstáculos con los que poder tropezar y perder un valioso tiempo. O irnos a paseo hundiéndonos en el agua o cayendo por ese precipicio en el que se ha convertido el borde de la mesa del comedor. El mundo a escala real puede ser muy cruel para un piloto de Micro Machines, y por ello si nos descuidamos veremos cómo nos precipitamos al vacío desde lo alto de un pupitre de formica por no haber tomado bien la curva que da a esa regla que hace de puente. O trataremos de no perder la pista del trazado y de los adversarios mientras damos botes por unas dunas de arena que no son más que pequeños montoncitos para un humano normal. Pero todas estas cosas relativamente cotidianas son grandes detalles en este juego.



Por otro lado, nuestro vehículo también puede embestir y ser embestido por sus contrarios, algo que si se da repetidas veces se acabará traduciendo en su destrucción, especialmente cuando entran en juego modelos de coches como los Highway Warriors, una línea de vehículos bastante agresiva donde las púas y las planchas metálicas dejan claro que no van de broma. Como en los buenos simuladores de conducción, ir con el dedo permanentemente pegado al botón del acelerador termina por no ser buena idea y es conveniente memorizar bien el trayecto, aprenderse dónde están las curvas y los diferentes elementos para aprender a sortearlos bien y acostumbrarse a saber cuándo frenar y hacer el recorrido de forma eficiente y cuando pisar a fondo y recortar distancias o dejar a los demás mordiendo el polvo. A veces es desesperante ver que por nuestra inoperancia hemos mandado a nuestro cochecito al garete demasiadas veces, pero es ese tipo de frustración que no invita a alejarse del juego, sino a seguir intentándolo hasta dominarlo. Así, cuando otro de los rivales caiga eliminado en nuestro lugar, lo saborearemos más.

Si Micro Machines es divertido de por sí, jugado en compañía ya es la monda. En sistemas como Super Nintendo podían tomar parte hasta cuatro jugadores con el periférico pertinente que permitiera conectar cuatro mandos de control, y con ello el jolgorio estaba asegurado. Aunque hay que advertir que este juego era de los que podían hacer peligrar amistades por esos “inocentes” choques que enviaban al foso al que cinco minutos antes era nuestro amigo del alma y al que seguramente tendríamos el resto de la tarde de morros. El fragor de la competición es así.

Aunque ahora dispongamos de diferentes tipos de juegos de carreras como es el caso de Mario Kart o de sagas de simulación como Forza o Gran Turismo, la simplicidad y diversión de este tipo de juegos de carreras aseguraba un gran rato allá en sus buenos tiempos. Si además contaban con una licencia tan famosa como los Micro Machines detrás, pues mejor que mejor. Codemasters lo supo ver y le sacó juego bastante bien, dando lugar a toda una saga de videojuegos para plataformas de diferentes generaciones. Por desgracia, desde 2007 parece que la marca Micro Machines ya no goza de muy buena salud y 16 años después de que Hasbro se hiciera con ella se encuentra descontinuada. Pero al menos, el que fue uno de los juguetes más famosos de los años noventa se cobró una buena pieza con este videojuego. Recientemente, Codemasters anunció el sucesor espiritual de esta licencia, un nuevo desarrollo llamado Toybox Turbos que es todo un homenaje a los Micro Machines. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Juan Elías Fernández

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No te quedes solo en el juego

Canción:
Los Beatles – Drive My Car

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