La revolución de los cubos

Por fin está disponible la última versión del juego independiente del momento. Una imaginativa aventura donde construir, pelear y explorar en un mundo infinito compuesto por miles y miles de bloques.

¿Qué tiene Minecraft que ha dado tanto de qué hablar en los últimos años? Muchas cosas. En primer lugar, el triunfo de una idea. Estamos hablando de un proyecto nacido a raíz de un concepto sencillo, que se ha ido explotando, desarrollando y ampliando con ayuda de los mejores creadores de videojuegos que existen: los usuarios. O al menos así lo ha creído la compañía sueca Mojang, los responsables del título. Estos no han dejado de evolucionar su juego con ayuda de las opiniones de los propios jugadores desde que viera la luz allá por 2009. Pero en realidad, ¿qué es Minecraft?

Un mundo por descubrir

Para hacernos una idea inicial, Minecraft es un mundo infinito y lleno de posibilidades formado por enormes mapeados compuestos a su vez por bloques tridimensionales. Más o menos como si se tratara de una cuadriculada y basta alternativa al universo de LEGO, pero con su propia personalidad. Este universo, que no termina nunca ya que sus mundos se van generando automáticamente, pone a nuestra disposición una fórmula sencilla y aparentemente simple, pero adictiva como ella sola. De hecho a poco que se le da una oportunidad, el juego engancha casi tanto como cualquier “grande” de la estrategia o el rol. Pero vayamos por partes.

Para entender Minecraft hay que explicar qué podemos hacer en él, que es casi cualquier cosa. Como decíamos antes, el título se cimenta en tres conceptos: explorar, construir y luchar. Lo primero es fácil: podemos movernos sin límites con un único fin: sobrevivir y recolectar todos aquellos materiales que podemos: madera, minerales, hierro, carbón… para ello simplemente tenemos que romper árboles, picar piedras o explorar las profundidades del juego.

Con ayuda de estos materiales, podemos a su vez ir desarrollando un montón de cosas, desde espadas con las que defendernos de los enemigos, hasta enormes estructuras o complejos que nos sirvan de base. La creatividad, ya decimos, no tiene límite alguno. Y eso es algo que también están demostrando los propios usuarios, que han creado mundos, escenarios e incluso máquinas que podemos utilizar a lo largo de esta aventura sin fin. Y es que Minecraft también ha servido para redefinir lo que es, o puede llegar a ser, la comunidad de jugadores de un título. En cualquier caso, es su “tabla de trabajo”, Crafting lo que más tiempo nos va a llevar explotar al máximo. Esta nos sirve, como si fuera una compleja mesa de alquimia, para hacer armas, antorchas, objetos… un sinfín de mezclas y fusiones con las que a su vez crecer en el juego.

Libertad sin límites

Volviendo al juego en cuestión, este se lleva a cabo en primera persona, como si de un título tipo “Doom” se tratara. Un título en el que, por lo tanto, sobrevivir es la clave. Para ello no solamente tenemos que interactuar con nuestro alrededor, sino también enfrentarnos (siempre opcionalmente) a las criaturas que nos acechan, especialmente de noche. Principalmente porque, si bien durante el día el mundo de Minecraft está muy tranquilo, al ponerse el sol este se llena de peligrosos seres, desde zombis hasta monstruos como arañas o esqueletos, que nos pueden poner en más de un aprieto. Sobre todo si nuestras ansias de encontrar preciados elementos nos llevan a las profundidades de la tierra.

Pero estos no son, en realidad, los únicos habitantes de Minecraft. En él también encontramos animales como ovejas, pollos o cerdos que nos ayudan a recuperar la preciada salud en caso de estar heridos o nos aportan materiales bastante útiles (por no decir elementales o básicos).

De todas maneras, la libertad de Minecraft no consiste únicamente en diseñar casi todo aquello que se nos pase por la cabeza, sino también en elegir qué tipo de juego queremos disfrutar realmente, si uno lleno de peligros, u otro más placentero y pacífico. Es decir, que si preferimos ocuparnos simplemente de crear, sin sufrir ataques de enemigos y con ventajas como volar sobre los escenarios (algo que nos da una visión muy especial de los entornos, como es lógico) o tener más fuerza para romper bloques, es posible.

Y algo bastante parecido sucede con su modo Online. Como buena aventura nacida en PC, Minecraft pone a nuestra disposición la posibilidad de compartir con otros usuarios nuestra experiencia, ampliándola así considerablemente. Si jugar solo ya es de por sí realmente adictivo y envolvente, picarnos a crear algo mejor o más grande que lo de otra gente o luchar codo con codo contra los monstruos del juego nos puede hacer estar pegados durante días y días a nuestros ordenadores. Y si no, probadlo por vosotros mismos. Ya nos lo diréis, ya.

Gráficamente, el juego tiene un acabado muy particular, a medio camino entre lo retro y el homenaje a los píxeles de la época clásica. Un aspecto que, como podéis observar en las imágenes, dota al título de una apariencia muy singular que define muy bien lo que viene a ofrecer el juego: sencillez, innovación y mucha personalidad. Eso por no hablar, una vez más, del diferente ciclo día/noche que, al más puro estilo Zelda o Pokémon influye directamente en el desarrollo.

VALORACIÓN FINAL

Jugabilidad: Imposible, infinita y adictiva hasta decir basta. Una vez que se prueba, es casi imposible no quedar atrapado. En su sencillez radica, precisamente, el secreto de su éxito, que después podemos ir expandiendo poco a poco sin prácticamente límites creativos.

Gráficos: Sencillos, de estética retro, pero perfectamente reconocibles y simpáticos. Técnicamente da la talla, teniendo en cuenta la naturaleza del proyecto, y a su manera ayudan a que nos metamos totalmente en el mundo del juego.

Sonido: Tanto los efectos de sonido como la propia banda sonora cumplen, si bien se puede echar en falta algo más de variedad en algunos momentos, que no de calidad. En cualquier caso, es algo secundario.

Duración: Prácticamente infinita. El juego dura mientras tengamos ganas de seguir disfrutando de él, por lo que nos puede tener pegados al PC hasta que se nos ponga cabeza de cubo.

Conclusión: Sería faltar a la verdad no calificar Minecraft de revolucionario. En muchos aspectos lo es. Se trata de un juego cuya sencillez demuestra que un videojuego no necesita de grandes producciones para ser divertido, cuya fórmula engancha desde el primer momento y que convierte a los usuarios en los auténticos protagonistas de la experiencia, en todos los sentidos. Uno de esos inventos que adoras o detestas, pero que no deja indiferente. Justo lo que a nosotros nos gusta.

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