Dos merluzos en acción

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Un experimento biológico se ha descontrolado, y de paso se ha tragado un importantísimo microfilm. Hacen falta los mejores, los más valientes, los agentes secretos más eficientes de que dispone la T.I.A. en sus filas. Pero como no están disponibles, habrá que volver a conformarse con Mortadelo y Filemón.

Desatando risas desde 1958, esa es la trayectoria de Mortadelo y Filemón, la que seguramente es la obra cumbre de la historieta española y que ha estado presente en las infancias de múltiples generaciones durante casi sesenta añazos. Los cómics de estos dos agentes secretos publicados por Bruguera y actualmente por el Grupo Z son algo tan nuestro como la siesta o la tortilla de patatas, y aunque les costó a los dos agentes de la T.I.A. entrar en el mundo de los videojuegos, era inevitable que este nuevo medio les acabara dando en todo el colodrillo.



Cuando los videojuegos empezaron a mirar hacia el cómic, la primera elección fueron los personajes de la historieta norteamericana, algo bastante lógico por compartir lugar de origen. Pero con la expansión a nivel mundial de la industria del videojuego, otros personajes locales acabaron por tener su oportunidad. Curiosamente, a Mortadelo y Filemón no les llegó en primera instancia de un estudio español. Y es que siguiendo el ejemplo de Alfredo Landa, el maestro calvo del disfraz y su jefe de dos pelos tuvieron que irse a Alemania, otro de sus grandes mercados, donde Micro-Partner desarrolló para Dro Soft y la británica Magic Bytes el juego Clever & Smart, una videoaventura con un funcionamiento muy interesante, visto con ojos que no sean los de un adolescente con ganas de jugar a algo sin complicaciones.

El Mortadelo original exigía el uso correcto de los disfraces para entrar en diversos edificios a conseguir pistas sobre el paradero del profesor Bacterio, pero también para conseguir objetos o ganar dinero. Sin ir más lejos, Mortadelo podía disfrazarse de caracol para participar en una carrera de éstos y conseguir unos duros apostando por él, si es que previamente había podido comprar dicho disfraz. Otros detalles como el poder falsificar la firma del superintendente Vicente en un minijuego daban mucha profundidad a un títuloo que quizá rizaba demasiado el rizo para lo que el público hubiese esperado de esta licencia. Es decir, normalmente Mortadelo y Filemón se sacan algún plan propio del par de cabestros que son para cumplir su misión, eso es verdad… pero currárselo en plan Misión Imposible es un poco excesivo. Además, cierta parte vital del juego relativa a desactivar unas bombas en el subsuelo de la ciudad presentaba algunos problemas. Vamos, que el primer videojuego de Mortadelo y Filemón no estaba mal, pero para lo esperado hizo corto .

Pero entonces, en 1989, Animagic recoge el testigo y los derechos, y les da a los usuarios de los ordenadores personales de la época el juego de Mortadelo y Filemón que habían esperado la primera vez. Un juego sencillo en su planteamiento, pero con su miga y, sobre todo, un argumento y un aspecto visual que son totalmente propios de las obras de Ibáñez.



Tras una jornada de trabajo en la que el profesor Bacterio ha llevado a cabo audaces experimentos con animales, por supuesto con resultados nada esperados, las oficinas de la T.I.A. reposan en paz durante la noche. Hasta que un caco se cuela en las instalaciones buscando algo que pueda robar y le saque de pobre. Pero lo único que consigue es liberar a los bichos con los que Bacterio estaba experimentando, mayormente una remesa de gallinas ponedoras que ahora no solo producen huevos a una velocidad inusitada sino que encima son capaces de levantar el vuelo. Una de ellas, de nombre Marcelina, no tiene mejor ocurrencia que zamparse un importantísimo microfilm que el Súper debía custodiar y en lo que al parecer no ha puesto mucho empeño.

El resultado es que hay una docena de gallinas modificadas sueltas por el edificio y que hay que atraparlas a todas, especialmente a Marcelina. La buena noticia es que hay agentes de guardia. La mala es que son Mortadelo y Filemón. Y antes de que puedan ser puestos al día de la gravedad de la situación, los dos agentes ven una oportunidad de oro de darse un banquete con las doce aves en pepitoria. Así pues, y sin que nadie sea plenamente consciente, un documento vital está en el estómago de Marcelina, Marcelina corre el peligro de ir a parar a los de Mortadelo y Filemón, y al del Súper le está saliendo su enésima úlcera.

 


 



Frente a la enrevesada aventura un tanto fría de su anterior andadura videojueguil, Mortadelo y Filemón II se estudia el libro de estilo de los videojuegos de 1989 y le da al público lo que pide. Y es ni más ni menos que un juego que pueda entender, de manejo simple y que le pueda dar un rato entretenido. Y si encima se puede reconocer el tono de las aventuras de Mortadelo y Filemón, pues miel sobre hojuelas. Animagic tomó como base el tomo “Safari callejero” de la mítica colección Olé de Bruguera para sacarse de la manga este juego dividido, como era habitual, en dos fases diferenciadas y separadas por una contraseña: “Los más besugos”.

En la primera de ellas, titulada “Cacería de pollos”, tomamos el control de Filemón a la caza de las gallináceas por los dos pisos del edificio en el que se encuentra. La mecánica es simple y muy plataformera. Cuando Filemón entra en contacto con alguna de las gallinas, la agarra por el pescuezo y ha de proceder a subir a la azotea, donde Mortadelo espera con la sartén preparada. Hay que repetir el paso 12 veces, pero la cosa se irá complicando, y es que las aves ponen huevos como condenadas. Huevos que rebotan y que al contacto harán que Filemón se ponga a cacarear y a hacer el pollo, además de perder una de sus vidas ante el cachondeo de Bacterio. Además, otro de los sujetos de Bacterio, el cerdo Alberto, le ha cogido algo de tirria al personal de la T.I.A. y también resultará letal para Filemón, si bien éste puede defenderse arreándole al pobre animal un patadón. Pero eso no es todo, y es que a partir de determinado momento se colarán OVNIs por la vivienda prestos a robarle a Filemón todos los pollos acumulados. Y ya lo que faltaba, ¿quién habrá dejado ahí esos cactus para que Filemón se los pueda clavar en salva sea la parte?

La cena no es del agrado del superintendente Vicente, ni mucho menos, así que la segunda fase es “La ira del Súper”. Y en ella, tras enterarse de que Mortadelo ha devorado a Marcelina y con ella a su microfilm, le perseguirá por la calle lanzando improperios además de otros objetos más contundentes. Ahí es donde Mortadelo deberá tirar de tres posibles disfraces (serpiente, fantasma y rana) para esquivar lo que el Súper lance y los obstáculos que se encuentre. Como en las viñetas, el disfraz de serpiente le permitirá agacharse lo bastante para que los proyectiles no le abollen la cocorota, el de fantasma permite atravesar paredes y con el de rana puede saltar los Seat 600 que hay aparcados en mitad de su ruta de escape. Nuestra función aquí es simplemente seleccionar el disfraz adecuado y transformar a Mortadelo, que no dejará de correr por su vida hasta el muelle donde Filemón espera con una lancha para darse a la huida, de modo que esta fase que exige reflejos más que habilidad.



Mortadelo y Filemón II sí tuvo mayor éxito que su predecesor, pero a cambio no salió de nuestras fronteras, quedando como otro de los juegos, destacados eso sí, de aquella llamada Edad de Oro del software español. Que, por cierto, estaba poniendo sus miras en las viñetas con otros juegos como el excelente Capitán Trueno de Dinamic, El Jabato de Aventuras A.D. o el Mot de Opera. Se trata de un juego que para los estándares de 1989 cumplía bastante bien, pero que sobre todo confiaba en su fidelidad a las páginas de Ibáñez. Y esa vez sí, Mortadelo y Filemón habían dado con un juego que les sentaba bien.

Juan Elías Fernández

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Mortadelo y Filemón (Magic Bytes)


Película: Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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