Tu alma es mía

Cabezas partidas, huesos quebrados, sangre y vísceras esparcidas. No es un anuncio de la DGT en sus buenos tiempos, es el rastro que deja cada juego de la serie Mortal Kombat a su paso tanto en arcade como en sistemas domésticos. En Mortal Kombat 3, además, el torneo interdimensional se nos pone postapocalíptico.

El impacto que supuso Mortal Kombat fue tan fuerte que a los impresionables e influenciables jóvenes de los noventa, ávidos de estímulos extremos a sus sentidos, les llevó años superarlo. Casi hasta que se cambió de década, y porque Midway y el grupo de desarrollo de los juegos, ahora establecido como NetherRealm Studios, levantaron el pie del pedal tras una primera trilogía con la que Ed Boon y John Tobias se graduaron con honores. Lejos queda ya todo el barullo del Mortal Monday y de ver a padres y educadores poniendo el grito en el cielo, pero esas tres primeras entregas fueron algo que quedó grabado en piedra en la historia de los videojuegos.



Mortal Kombat, pese a su jugabilidad un tanto peculiar y anquilosada comparada con otros juegos de lucha uno contra uno, apostó fuerte por el aspecto visual y la casquería, y ambas pagaron con creces. En la secuela, Mortal Kombat II, muchos aspectos del juego se pulieron para dar una de las dos entregas clásicas que se disputan el corazoncito de los aficionados a la serie. La otra es, precisamente. Mortal Kombat 3, y más concretamente su edición Ultimate, en la que se añaden 4 luchadores más a elegir y se equilibran algunos aspectos para ofrecer una experiencia en su punto álgido en la licencia.

Mortal Kombat 3 llega en 1995, ya en la recta final de los sistemas de 16 bits, y es bastante continuista con respecto a su predecesor, porque lo cierto es que tampoco había mucho que necesitase ser cambiado. Si acaso, aumenta su plantilla de personajes y plantea un escenario un tanto diferente al de los anteriores juegos. Antes, los participantes terrestres en Mortal Kombat luchaban por evitar que la Tierra fuera conquistada por los dioses del Mundo Exterior. Pero en Mortal Kombat 3, pese a la victoria de Liu Kang en el torneo anterior, ya comenzamos con un impactante giro de guión: la Tierra ha sido conquistada por Shao Khan y las almas de la inmensa mayoría de la humanidad han sido consumidas.



Tras perder el anterior Mortal Kombat ante Liu Kang y ser dado por muerto, Shao Khan regresa con un as bajo la manga. Y es que las normas del torneo le impiden poner un pie en la Tierra para su conquista, pero hay una excepción. Y tiene un plan para aprovecharla desde hace 10 milenios. La que en otros tiempos fue su reina, Sindel, ha sido reencarnada gracias a rituales oscuros en la Tierra, y su presencia allí da pábulo a Khan para pasar de su mundo al nuestro en busca de su media naranja. Así pues, multitud de portales se abren en la Tierra, que se ve asediada y destrozada por seres de pesadillas mientras las almas de los supervivientes son absorbidas por Shao Khan. Las únicas almas que no puede reclamar son las de los escogidos, y es que con su acto se ha declarado un nuevo Mortal Kombat. Lo malo es que ahora los humanos juegan fuera de casa, tanto en un mundo como en otro.



Mortal Kombat 3 es el perfeccionamiento de lo aprendido en el camino entre Mortal Kombat y Mortal Kombat II. Además de mantener nuevos personajes y técnicas, amplía la cantidad de luchadores disponibles para llegar a la docena, le imprime un poco más de velocidad a los combates y potencia los elementos que tanto gustan a la muchachada en los arcades. Esto es, todo lo que tiene que ver con hemoglobina y casquería fina. En Mortal Kombat 3, los participantes disponen de su repertorio habitual de golpes, con las consabidas y raras combinaciones de inputs para llevar a cabo sus técnicas especiales y golpes finales, y además incorporan algo que prácticamente se adelanta a su tiempo.

No es otra cosa que un repertorio de combos que bien encadenados hacen que el luchador o luchadora desencadene una ágil coreografía que deje a su oponente mermado ante la ocasional mofa de Dan Forden, diseñador de sonido del juego, siempre presto a asomar por una esquina para exclamar su característico “Toasty!” ante una soberana paliza o un uppercut particularmente demoledor. Unas chanzas a las que Shao Khan se sumará en su momento, por ejemplo para hacernos notar que “damos asco”. Generalmente son unas cuatro combinaciones de golpes en secuencia (Liu Kang, por ejemplo, tiene un combo que consta de puñetazo alto, patada baja, patada baja, patada alta y patada baja) por personaje, aunque hay excepciones como Sonya Blade, que tiene la friolera de siete combos posibles a realizar.

Entre golpe y golpe, los escenarios interactivos que se vieron en la segunda entrega vuelven a la carga en esta tercera. Un buen gancho de abajo a arriba en el punto preciso puede mandar a volar al adversario (o a nosotros) a otra parte del decorado, atravesando techos y llevando la lucha a un nuevo escenario. Igualmente, al finalizar el combate, podemos despeñar al rival de un sopapo, o aprovechar las características de escenarios en concreto, como es el caso de la estación de metro, donde podemos proyectar a nuestro derrotado enemigo a una de las vías para que el vagón que llega sin parada haga el resto. Es cruelmente gracioso de hacer y de ver, y es lo que tiene Mortal Kombat 3, que se regocija en la crudeza, como buen Mortal Kombat.



Algo que no sería sin sus archifamosos Fatalities, ahora con distintos resultados a razón de un par por barba, y acompañados del regreso de los misericordiosos Friendships, los graciosos Babalities y una novedad. Ahora cada luchador dispone de una especie de metamorfosis bautizada como Animality que libera su animal interior para que dé buena cuenta del perdedor que tiene ante sí a punto de caerse como un saco de patatas. Es quizá de los momentos más irreales de toda la saga el ver a Liu Kang convertirse en un dragón y devorar de cintura para arriba a su adversario (algo que por otro lado ya hacía en la entrega anterior), a Sub-Zero convertirse en oso polar o a Nightwolf devorar entrañas convertido en un lobo. El rizado de rizo lo pone Stryker, un policía cuyo Animality es convertirse en un tiranosaurio rex de color rojo. Luego esta gente se extraña de ver criaturas con pinta de centauro con con cuatro brazos…

Mortal Kombat 3 llegó a los sistemas domésticos con estos ingredientes y otro con habitual marca de la casa: los luchadores secretos. La versión robótica de Smoke – los cyborgs son precisamente una de las aportaciones más recordadas de este juego a la saga – estaba disponible si se introducía un código contrarreloj tras completar el juego. Pero con la edición Ultimate regresarían también Jade, Reptile, el Sub-Zero con la apariencia tradicional o Ermac, el ninja rojo que no era sino un fallo de la paleta de colores con respecto al sprite de Scorpion y que responde a la abreviatura de “error macro”. Con cualquiera de ellos, lo mejor de Mortal Kombat 3 es lanzarse a sacudirse como una estera con un amigo y poner a prueba vuestra amistad. Si no se resiente porque uno aplaste al otro lanzándole encima un mueble de recreativa del Mortal Kombat original, es que seréis amigos para siempre.

Juan Elías Fernández

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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