Victoria impecable

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La violencia y la polémica vuelven para quedarse en 1994 un año después de que Mortal Kombat asombrara a medio mundo e hiciera poner el grito en el cielo al otro medio. Ed Boon y John Tobias habían creado un monstruo tan sangriento como imparable, y a día de hoy sigue siendo una franquicia puntera en el género de la lucha.

Mortal Kombat es un nombre que a muy pocos se les pasará por alto incluso si no tocan los videojuegos ni con una pértiga. Es de esos juegos que ha conseguido trascender su medio para convertirse en un fenómeno social, introduciendo en nuestra jerga términos como “fatality” sin despeinarnos al usarlo ni nada. También es verdad que su tarjeta de visita es sangrienta, muy sangrienta. Y controvertida, porque no en vano es un producto de entretenimiento que llega derrochando sangre (censurada en las versiones domésticas) merced a movimientos finales en los que se hace pedazos, literalmente a veces, al rival. Un festín de violencia gratuita e innecesaria capaz de dar un vuelco a las mentes más tiernas. Una maravilla, en efecto. Y Mortal Kombat II recogió el legado de lo más bien.



Es bastante más fácil entender el tremendo impacto que supuso Mortal Kombat, el primero de todos ellos, si uno lo pudo vivir en primera persona y bajo la forma de un quinceañero. Porque a los quinceañeros hay varias cosas que les pirran, pero por lo menos en 1993 había dos de ellas que eran un uno en la quiniela. La sangre y los gráficos realistas. En aquel entonces, eso solo tenía un nombre: digitalización. Y daba resultados un tanto dispares. Llamar, llamaba la atención, desde luego. Pero estaba el extremo que por muy llamativo que fuera, mejor mantenerse alejado como en el caso de Pit Fighter, y estaba el extremo opuesto, el que generaba colas de espera delante de la máquina como Mortal Kombat.

Y eso que Mortal Kombat, en plena efervescencia del fenómeno Street Fighter II, no era fácil de dominar porque ponía los esquemas de los luchadores más diestros en el juego de Capcom totalmente patas arriba. Para triunfar en Mortal Kombat y llegar a dominar sus secretos, movimientos y luchadores había que ser de otra pasta. Pero claro, tras aquel famoso Mortal Monday en el que el juego de la polémica, esa obra de Satán que recreaba decapitaciones, destripamientos y despanzurramientos y que tan bien daba en las noticias de mediodía, tras aquél lunes como decíamos en que el cartucho para Super Nintendo y Mega Drive volaba de las tiendas nada fue igual. Y mientras se ponía a la venta, en Midway estaban poniendo a punto el arcade de Mortal Kombat II.



El Mundo Exterior necesita ganar 10 torneos consecutivos de Mortal Kombat contra los guerreros de la Tierra para poder pasar a invadir y tomar posesión del mundo. La mala noticia es que justamente el décimo lo ha perdido. Vuelta a la casilla de salida para el hechicero Shang Tsung y el demoníaco Shao Khan, pero Tsung tiene una idea para volver a empezar con buen pie. Celebrar otro Mortal Kombat en el Mundo Exterior y competir en casa, y mientras, causar el caos en la Tierra.

Liu Kang y varios de los terrestres que participaron en el torneo anterior regresan para hacer frente a un rejuvenecido Shang Tsung, a Shao Khan y al temible Kintaro. La diferencia respecto a la vez anterior es que ahora no están dispuestos a seguir las reglas. Por suerte, parece que llegan refuerzos. ¿Podrán los terrícolas evitar la conquista del mundo por parte los exteriores?



Con una fórmula propia que se desmarca de su principal rival, es decir, Street Fighter II que para eso es el juego a batir en lo que a lucha se refiere, Mortal Kombat II solo tiene que asegurarse de que su antecesor sentaba unas bases lo bastante sólidas y pulirlas y afianzarlas dándoles continuidad y, al mismo tiempo, algo de oxígeno. La particularidad que hace especial a Mortal Kombat II, como ya lo hizo con Mortal Kombat y hará con sus sucesores, es su sistema de control. Al principio algo tosco y antipático, y todo por culpa, otra vez, de Capcom. La jugabilidad de los japoneses permite adaptarse de una manera relativamente rápida y no preocuparse de una acción tan vital como es protegerse, puesto que basta con llevar la palanca hacia atrás para ello.

Pero en Mortal Kombat II esto no va así. Hay un botón específico para cubrirse, como lo hay también para propinar patadas y puñetazos fuertes y débiles. Los movimientos que hay que introducir para realizar a cabo las técnicas especiales de cada personaje tampoco son muy convencionales, aunque sí recuerdan algo a movimientos bastante familiares. Al final, y como en todo en la vida, la práctica hace al maestro, y en el caso de Mortal Kombat II, lo del maestro va que ni pintado. Lo bueno que tiene el juego de Midway y de Williams es que aquel que lo domina es alguien que se ha ganado al instante miradas de admiración y respeto.

Y es que este curioso sistema de control hace que nos pensemos dos veces el ir a lo loco. Muy al revés, en Mortal Kombat II los errores se pagan. Es muy fácil que dejemos una abertura, pero también lo hará los enemigos al quedarse cortos al atacar, acercarse demasiado, no medir bien la distancia del golpe… Es el momento de contraatacar con una buena patada giratoria o el característico gancho que mande al rival a volar. Esto, y medir como expertos las animaciones de nuestro personaje para saber cuándo ejecutar técnicas o encadenar golpes es la clase de cosas que ha forjado a los mejores luchadores videojueguiles.



Mortal Kombat II mantiene el estilo visual de su primera parte, pero aumenta el plantel de personajes jugables de 7 a 12. Entre ellos, sorpresas. Sonya y Kano no están presentes esta vez, es decir, no como para actuar porque desgraciadamente son presa del enemigo. Pero a cambio se suman a la acción aspirantes de uno y otro mundo, como el teniente Jackson “Jax” Briggs con su excéntrica manía de arrancar brazos de cuajo, el monje Kung Lao y su afilado sombrero, o el horrendo Baraka y sus cuchillas en sus antebrazos. Pero sobre todo aumenta la nómina de ninjas con el escamoso Reptile, personaje oculto en el Mortal Kombat original que ahora es un luchador de pleno derecho, y las kunoichis Kitana y Mileena. Junto a ellos, Raiden, Scorpion, Sub-Zero, Liu Kang, el dicharachero Johnny Cage y un Shang Tsung que vuelve a sus años mozos y que conserva su poder de mimetismo.

Pero no nos engañemos, porque lo que de verdad espera uno encontrar en cualquier Mortal Kombat son muertes cruentas, violentas y cuanto más escandalosas mejor. Mortal Kombat II dejó el plato lleno en este sentido. No solo recogió el testigo de las muertes en escenarios concretos y de los Fatalities, el movimiento característico de la saga, sino que además dobló la apuesta introduciendo un segundo Fatality por personaje. Así pues, por ejemplo, Liu Kang podía atizar una somanta de palos a un desdichado/a y dejarle tieso como la mojama, pero también podía dar un giro totalmente majareta a la cosa y transformarse él mismo en un dragón que devora de un bocado el tronco superior de su oponente.



Como alguien piensa en los niños, no todo ha de ser mala leche en Mortal Kombat II, y aquí entran los Friendships, nuevos en esta entrega. Finalizadores que lejos de llevar a cabo un agresivo asesinato con mutilación, ofrecen un bello gesto de amistad perdonando la vida del rival con diversos gestos. El mencionado Lui Kang se deja invadir por el espíritu disco y se marca un baile bajo una bola de espejos, Johnny Cage firma un autógrafo “a su mayor fan”, hasta Shang Tsung demuestra tener un corazoncito al crear un hermoso  arcoiris. Es más, hay una segunda manera de perdonar la vida a la escoria perdedora, y se llama Babality. Morir no morirán, pero tendrán que vivir de nuevo convertidos en bebés de pañales caídos gimoteando por que les den el biberón, les saquen los gases y les devuelvan la nariz que el tío Manolo les acaba de robar con premeditación y alevosía y que se guarda entre sus dedos. Casi que es más honrosa la muerte.

Y secretos, claro. Mortal Kombat II no podía pasar sin su ración de secretos. Hay tres personajes adicionales que esperan en las sombras: el humeante ninja Smoke, la kunoichi Jade (ambos variaciones de paleta sobre los modelos de Sub-Zero/Scorpion/Reptile y de Kitana/Mileena) y el enimático Noob Saibot, un personaje que es una negra sombra con los nombres invertidos de los creadores del juego. No es raro ver que Mortal Kombat haya perdurado con el paso del tiempo, algo en lo que Mortal Kombat II tiene buena parte de culpa por demostrarnos que no estábamos solamente ante otro intento que crear una saga para plantarle cara a Capcom. Lo que Boon y Tobias consiguieron fue una impecable victoria.

Juan Elías Fernández

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Película: Mortal Kombat

Cómic: Mortal Kombat X (DC Comics)

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Juan Montes

Comunicador y apasionado de los videojuegos de aventuras, rol y plataformas. Crecí junto a un marsupial y blandiendo la llave espada; ahora acompaño a cazarrecompensas, asaltatumbas y luciérnagas con la misma pasión.
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