Mario y sus plataformas

Mario no se cansa de saltar. Eso supone una gran noticia para los amantes de los juegos de plataformas, la auténtica especialidad del popular fontanero. Y aquí tenemos una de sus grandes aventuras para Nintendo DS, que mantiene las raíces de la saga pero que también añade nuevos elementos tanto jugables como visuales.

A estas alturas, no vamos a descubriros ni presentaros a Mario. El héroe número uno indiscutible de Nintendo lleva demasiado tiempo dando caña y protagonizando juegos que no lo necesita. Por eso mismo preferimos pasar directamente a comentar esta gran aventura plataformera, diseñada en exclusiva para Nintendo DS (en todas sus variantes).

Pasado y presente

A mediados de los 80 Mario revolucionó el género de las plataformas (y de hecho, casi se puede decir que fue el artífice del mismo) con Super Mario Bros, título aparecido para la consola NES. Su mecánica era tan simple como efectiva: todo consistía en avanzar de izquierda a derecha en cada fase, superando trampas, enemigos y obstáculos para alcanzar la salida del mismo. Y todo para rescatar a una adorable princesa. Bien, pues esa misma pauta es la que ha recuperado Nintendo para la ocasión, si bien la ha aderezado con múltiples aspectos para hacerla aún más dinámica y atrayente.

En esta ocasión la estructura se mantiene. Así, la jugabilidad sigue siendo 2D, el control de Mario sigue siendo realmente simple (todo consiste en avanzar, saltar y poco más) y al final de cada uno de los mundos nos espera un jefe final. Pero a esta base se han introducido innovaciones a tutiplén. Para empezar, nuestro personaje puede recoger nuevos ítems al margen de los consabidos champiñones, flores y estrellas. La miniseta convierte a Mario en un personaje liliputiense, capaz de colarse por pequeños recovecos de los escenarios y alcanzar así zonas en principio inaccesibles. Y, por el contrario, la megaseta hace de Mario un ser gigante, capaz incluso de destruir partes de los escenarios. Muy curioso.

Pero lo más importante tiene que ver con el diseño de cada uno de los mundos y niveles. No existen dos iguales y tan pronto estamos buceando por mares repletos de tiburones hambrientos como, minutos después, nos hallamos en mitad de una mazmorra indeseable. La imaginación que exhibe el título es digna de mención.

Colorida diversión en 3D

Aparte de esto, el título también ofrece una nueva cara audiovisual. Y es que si bien toda la jugabilidad es clásica en 2D, el apartado gráfico ha dado el salto a las 3D. Y se nota mucho, tanto en las animaciones de los personajes (mucho más fluidas que las contempladas en pasadas entregas portátiles de Mario) como en los escenarios, que en esta oportunidad gozan de una mayor profundidad.

Pero no contentos con esto, Nintendo también ha querido introducir otras pequeñas innovaciones adicionales, como los modos de juego complementarios. Mario vs Luigi es un simpático juego para dos jugadores que se hace entretenido, mientras que si juntamos a otros tres amigos más podemos compartir con ellos diversos minijuegos, muy sencillitos.

La dificultad general de la aventura es algo más baja de lo habitual en los juegos protagonizados por este personaje, hecho que favorece la asimilación del mismo por los jugadores menos avezados, pero que puede irritar un tanto a los más veteranos. El resto del título es inmaculado.

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