El rey de la pista

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Después de sacudirse un buen capazo de tortas en Renegade y River City Ransom, Kunio y sus allegados deciden entrar en el terreno del deporte en Nintendo World Cup. Aunque las viejas costumbres nunca se pierden del todo.

Conocer a Kunio es quererlo, amigos. Kunio-kun, como se le conoce en su barriada, es un tipo de los que diríamos que es de mecha corta. No en vano su debut se produce en el juego Nekketsu Kouha Kunio-kun, que más o menos vendría a significar algo como “Kunio, el tipo duro de sangre ardiente”. Por suerte, nosotros lo conocimos como el más fácilmente recordable Renegade, todo un clásico del beat’em up que en Occidente abandonó su estética callejera japonesa para pasar a los entornos barriobajeros más decadentes de Occidente, con los indispensables punkis, camorristas y demás gentes de baja fibra moral.



Kunio es, por tanto, un entrañable briboncete buscabroncas. El mundo le hizo así y no somos quiénes para tratar de cambiarlo. Pero bien es cierto que el bueno de Kunio y su panda no siempre le estuvieron dando a los puños. No desde luego en River City Ransom, donde precisamente a su mecánica de beat’em up se le incorpora un cierto elemento de RPG para conformar un juego que merece más extensión que la que le vamos a dar, pero sí en Super Dodge Ball (Nekketsu Koukou Dodgeball Bu), donde la tropa de Kunio le da al deporte del balón prisionero. Nuestro macarra particular se pasará al fútbol en uno de los cartuchos más recordados de NES, Nekketsu Koukou Dodgeball Bu: Soccer Hen, pero con ellos de por medio, algo tan aparentemente inocente como un torneo de fútbol tendrá todos los números para convertirse en una batalla campal en toda regla.

Y dicho y hecho. Technos, que pasó a la posteridad con Double Dragon, lanzó su juego de fútbol en una dulce época pre FIFA en la que las compañías aún se podían permitir algunas licencias antes de entregarse por completo a la simulación y a la búsqueda de la fidelidad. Estamos hablando de juegos de fútbol en los que primaba sobre todo la diversión por encima del realismo y en los que, como en el posterior Soccer Brawl de SNK, se podía incluir incluso elementos fantásticos. En el caso de este juego de 16 bits eran cyborgs y tiros especiales, una mezcla muy rica para nuestros paladares noventeros y que sin embargo ya tenía un cierto aire a este Nintendo World Cup, título con el que disfrutamos en Occidente del cartucho de Technos.



Puesto en la consola y con un vistazo preliminar, Nintendo World Cup es vuestro juego habitual de fútbol de la época. Vista lateral, controles sencillos, un modo torneo y otro versus… Hay un sistema de passwords, algo que llama la atención en este tipo de juego, y que nos permitirá retomar nuestro progreso en el campeonato en el que nos enfrentaremos a una sucesión de rivales en sus respectivos países hasta proclamarnos los amos y señores del fútbol mundial y universal, una tarea para la que podremos elegir entre 13 equipos posibles, estando entre ellos España con, atención, estos ocho elegidos para la gloria: Toni bajo palos, Carlos, Juan, Marco y los enormes Franco y Tonto. Calientan banquillo Pablo y otro Juan. De ellos, como en todos los equipos, solo controlaremos a un jugador, quedando el resto bajo el criterio de la máquina y a nuestras órdenes únicamente para solicitarles un pase o que tiren a puerta.

Desde luego, los nombres no fueron el aspecto en el que Technos derrochó más energías (aunque pagaríamos oro por ver a un tipo en la liga que luciese con orgullo el nombre Tonto en la camiseta), pero una cosa sí hay que decir y esto llamó mucho la atención en la época: cada jugador es distinto.

Una serie de combinaciones entre peinados, ojos y tonos de piel daba aproximadamente un centenar de posibilidades para crear a otros tantos jugadores perfectamente distinguibles entre sí y ajustados a su nacionalidad. Por ejemplo, en Japón, además de Kunio, observamos al típico sinvergüenza juvenil con gafas de sol o a algún que otro jugador con ojos achinados, dando una personalidad propia a cada conjunto.

Y hablando de distintivos de cada equipo, antes hablábamos de licencias y de elementos fantásticos. Pues bien, si recordáis la serie Campeones y rememoráis esos chupinazos capaces de deformar el esférico y de trazar efectos imposibles entenderéis lo que son los tiros especiales de Nintendo World Cup, porque, en efecto, nuestros callejeros protagonistas no solo sacarán a pasear el hombro o se les irá la pierna a la hora de hacer entradas de manera totalmente impune hasta dejar a los adversarios K.O. por el suelo, sino que dispondrán de un número limitado de tiros especiales por cada parte del encuentro que podrán ejecutarse de tres maneras con otros tantos resultados. 

La primera de ellas, con un centro alto sobre el jugador y la presión en el momento justo de los botones A y B, lo cual se traducirá en un remate en plancha que hará que los porteros se empleen a fondo. 

Si llevamos nosotros mismos el balón, tras un cierto número de pasos que varía dependiendo del equipo con solo pulsar el botón de disparo veremos como la pelota sale de nuestros pies haciendo un espectacular efecto que variará desde el clásico misilazo recto de toda la vida hasta verdaderos tiros circulares, zigzagueantes, con un desdoblamiento del balón o congelando éste en el aire como dentro de una burbuja que, al explotar, incrustará el cuero en las mallas. Y, por último, si el balón nos viene a la altura adecuada y pulsamos A y B en el momento oportuno, estos mismos tiros especiales los ejecutaremos pero en forma de chilena, el culmen del vacile y la plasticidad futbolística.

Sabiendo esto ya podréis deducir que jugado a dobles, Nintendo World Cup se disfrutaba más. Bueno, a dobles o hasta a cuádruples, porque el modo Versus del juego, aunque reducía las selecciones disponibles a solo 5, permitía la participación de hasta 4 jugadores en un partido que se desarrollaría en uno de 6 campos posibles con distintas superficies que afectarían al comportamiento del balón y hasta de los jugadores. De esta manera, podíamos jugar en césped, tierra, arena o cemento, acelerando o ralentizando más el balón y aumentando o disminuyendo su bote, además de un par de campos que merecen mención aparte como un verdadero patatal lleno de piedras con las que los jugadores podían tropezar o una pista cubierta completamente de hielo en la que hacer una segada podía significar poco menos que mandar al contrario al palco de tribuna si lo recogíamos bien.



Con todo esto, Nintendo World Cup era un cartucho imprescindible para disfrutar con amigos, divertidísimo a más no poder y, aunque de un valor como simulador más bien escaso, uno de los juegos de fútbol más satisfactorios que se podía encontrar por aquel entonces. Lo veríamos en NES y también en Game Boy, con algunos ajustes para ser trasladado a la pequeña de Nintendo, pero la competencia tampoco se quedaría huérfana de Kunio en su vertiente balompédica. Nekketsu Koukou Dodgeball Bu: Soccer Hen apareció como tal en Mega Drive y PC Engine, sistemas de 16 bits donde obviamente no podía llevar el título de Nintendo World Cup. No vimos posesión, catenaccio o toque-toque en este juego, pero vaya lo que nos divertimos. Tanto que no diríamos que no a una pachanguita con Kunio-kun y compañía de tanto en tanto, y os recomendamos que no dejéis de probarlo tampoco.

Juan Elías Fernández, colaborador de AlfaBetaJuega

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No te quedes solo en el juego:

Película: Shaolin Soccer, de Stephen Chow

Canción: Queen – We Are The Champions

Cómic: Hungry Heart, de Yoichi Takahashi

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