Mitología ilustrada

El conocido juego de PlayStation 2 Okami llega en exclusiva a Nintendo DS en forma de secuela. Una nueva aventura adaptada a las posibilidades de la portátil táctil de Nintendo.

Okami fue un juego que, debido a sus particularidades estéticas y artísticas, caló bastante hondo entre la prensa especializada, muchas veces enamorada del estilo clásico japonés. No sucedió lo mismo con respecto a los usuarios que, al menos fuera de Japón, no cayeron rendidos ante el encanto de tan particular aventura. Pero eso no parece haber desanimado a Capcom. Después de dar al juego una segunda oportunidad en Wii (con igual o incluso peor suerte que en PlayStation 2), ahora la compañía japonesa ha desarrollado una secuela para Nintendo DS, donde la magia continúa.

Cachorro divino

La historia de Okami era bastante compleja como para pararnos a recordarla aquí, pero sí hablaremos de lo que encontramos en esta segunda parte. Después de que la diosa Amateratsu (nuestro personaje en la primera parte), salvara al mundo de la amenaza que se cernía sobre él, este vivió un momento de cierta paz… hasta ahora. Diez años después de lo ocurrido, los demonios pretenden sembrar la desgracia entre los humanos, y solo Chibiterasu, el pequeño descendiente de la loba Amateratsu, puede impedirlo. Con nuestra ayuda, claro.

Okamiden es, a fin de cuentas, un juego de rol relativamente convencional, aunque con matices. Como en otras aventuras (el título bebe muy mucho de la saga Zelda), tenemos que explorar mazmorras, hablar con distintos personajes, visitar pueblos, combatir y resolver puzles. Todo mientras resolvemos misiones de la más diversa índole de manera no lineal. Vamos, con cierta libertad, dentro de las posibilidades limitadas de Nintendo DS.

Al igual que en otros títulos, nuestro cachorro de lobo-dios empieza la aventura con unos poderes y capacidades limitados, pero poco a poco puede ir mejorando a medida que derrotamos enemigos, superamos misiones y, en definitiva, aumentamos nuestra experiencia.

Lo que no cambia en ningún caso es el uso del Pincel Celestial. Una herramienta que, como sucedía en Okami, nos permite interactuar con el entorno, resolver puzles y cosas por el estilo. Como es lógico, en esta ocasión su uso se ha ajustado a la pantalla táctil. Para realizar trazos mágicos solo tenemos que pulsar un botón y deslizar el lápiz. Esto resulta bastante intuitivo, si bien alguna vez que otra resulta un poco impreciso. En cualquier caso, este pincel hace que Okamiden siga teniendo su propia personalidad.

Y lo mismo sucede con los gráficos del juego, ambientados en la mitología nipona más profunda y que cuentan con un acabado en tres dimensiones muy artístico. De nuevo el juego se ve como un cuadro en movimiento, lo que le da una apariencia muy profunda e irreal (en el buen sentido).

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