El terror que no se ve

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Esto huele mal, muy mal. Y no la situación sino vosotros en cuanto empecéis a jugar a Outlast, la última obra de Red Barrels. Así que antes de arrancar os recomendamos que estrenéis muda limpia y que cuando termine el juego, jamás la volváis a usar ni habléis de ello.

Si habláramos de cine, seguramente definiríamos Outlast dentro del género de Metraje Encontrado de películas como Holocausto Caníbal, El Proyecto de la Bruja de Blair, Monstruoso o de un producto patrio como Rec. La definición no sería exacta porque a fin de cuentas somos nosotros los que estamos grabando ese metraje pero sí que respeta a pies juntillas muchos de los patrones del género por lo que no seáis tan tiquismiquis.

Decimos lo del género del Metraje Encontrado porque tal vez sea la mejor forma de que todos entendamos con una pocas palabras en qué consiste Outlast.

La historia del juego que ciertamente es lo de menos, nos cuenta como un periodista de investigación decide hacer un reportaje de ídem y para ello después de recibir un mail se adentra en un manicomio que supuestamente está abandonado.

Este periodista no ha debido de ver muchas pelis porque todo el mundo sabe que jamás se va de noche a un institución psiquiátrica abandonada, ni a una mansión victoriana abandonada, ni a una fábrica de sillas eléctricas abandonadas, ni, definitivamente, a nada que esté abandonado de noche. Y mucho menos solo. Error de novato.

Pero claro, sin esto no tendríamos juego. Por supuesto, lo que se supone que iba a ser un plácido paseo por el manicomio al segundo se convierte en la peor de nuestras peores pesadillas pues alguien se dejó a muchos de los dementes metidos en el edificio y algo más que tendremos que descubrir…

La premisa es interesante haciendo una asunción de credibilidad, pero lo es, más que nada, porque justifica con el guión toda la jugabilidad del título, cosa que debería ser norma en todos los videojuegos pero que, por desgracia no lo es.

Como somos periodistas no vamos armados (es lo que nos faltaba al gremio). Como no vamos armados, ni lo vamos a ir a nunca a lo largo del juego, no disparamos y sea lo que sea que vayamos a encontrarnos dentro del psiquiátrico, no vamos a poder enfrentarnos a ello. Así que la opción en cuanto detectamos algo en la oscuridad siempre, y repetimos, siempre, es salir por patas, buscar el armario más cercano y cruzar los dedos fuerte hasta casi el punto del esguince de índice y corazón para que no nos encuentren dentro de la taquilla o debajo de la cama o lloriqueando en la esquina.

Nuestra única arma es una cámara con la que iremos registrando a nuestro gusto todo lo que pasa en el psiquiátrico. Tenemos un botón para activarla y otro para quitarla. Pero llevar la cámara puesta en muchas situaciones nos ayuda a descubrir coleccionables en el sentido de que si apuntamos a las cosas correctamente, el periodista tomará apuntes en su libreta que nos irá desgranando detalles argumentales.

Pero no solo el coleccionable surge de aquí sino que la institución está llena de carpetas llenas de informes que también nos van desgranando el misterio que rodea al edificio y a la empresa maquiavélica que lo regenta. Tal vez, desde Red Barrels hayan fiado en exceso el argumento del juego a la búsqueda de coleccionables puesto que si no encontréis algunos de ellos, se os escapará buena parte de la trama de Outlast.

Ciertamente tampoco es que el guión sea un alegato a cómo debe escribirse un libreto pero te lo compensa con creces la ambientación del juego que es lo verdaderamente maestro del título.

Pero estábamos con la cámara. La cámara que es nuestra única arma no solo sirve para los coleccionables y para destapar el misterio y llevarlo a la luz pública sino que será la única forma que tengamos de andar por la oscuridad. Y aquí viene en lo que consiste la gran mayoría de Outlast.

La cámara tiene visión nocturna y esto nos llevará a que en la total oscuridad (tres cuartas de juego están en total oscuridad) nos veamos obligados a andar en verde. Pero claro, la cámara no consume batería cuando grabamos normal pero se la devora en cuanto activamos la visión nocturna. Iremos encontrando pilas a lo largo de la aventura para poder ir cambiándoselas a la cámara pero en algunas ocasiones debemos pensar en economizar la visión nocturna porque como nos quedemos sin pilas nos será prácticamente imposible avanzar. O mejor dicho, nos será prácticamente imposible avanzar sin matarnos.

Esta es toda la jugabilidad de Outlast: avanzar despacito casi siempre en la oscuridad, buscar pilas y coleccionables en las habitaciones, encontrar llaves escondidas cuando nos veamos contra una puerta bloqueada y evitar que nos cace la diferente fauna que puebla el manicomio.

Lo grandioso de Outlast es que tiene muchos momentos a lo largo de la aventura que son puro y duro terror por lo que los amantes del género tenéis una cita obligada con el juego. Encima estos momentos rara vez recurren al efectismo de pegarte un susto con la subida de música y algo que se te tira encima sin que te percates.

La mayoría del tiempo nos lo pasamos aferrados al mando e implorando por nuestra vida y salud mental porque tenemos que avanzar casi a ciegas por un pasillo; porque al tomar un recodo podemos horrorizarnos; o una de las señas inequívocas del juego: abrir puertas despacito. Nunca unas puertas habían provocado tanto terror y pavor desde hace década con las dichosas del Resident Evil 2.

Podemos ir corriendo como gamos y abrir las puertas a portazos pero eso va a suponer en algunos momentos que nos detecten los maníacos y acabemos muertos. A parte, hace que pierda la gracia el juego si vamos corriendo de una lado a otro y no nos ponemos en la mentalidad de que hay que condicionarse siempre un poco cuando se va a ver cine o videojuegos de terror para que el resultado sea el esperado y no una carcajada.

Tal vez el problema en este sentido es que el juego no tiene bien medida la dificultad. Es cierto que podéis seleccionar entre normal y varios niveles de difícil por encima de ella.

Si tenéis tiempo y ganas de dedicarle un buen rato a Outlast, os recomendamos que no juguéis en modo normal. Es cierto que las vais a pasar canutas pero aquí vendrá un miedo más puro aún, más condicionado si cabe porque los puntos de control no están del todo bien medidos.

Básicamente porque en normal, cuando eres detectado, las más de las veces puedes salir corriendo, incluso atravesar a tus perseguidores y escapar de la zona de manera sencilla.

Y eso es algo que no debéis hacer pues fomentaréis el carácter repetitivo de Outlast, que lo tiene, pues debéis pensar que el juego siempre es lo mismo: andar por zonas oscuras, buscar pistas y esconderse. Y la fórmula, pese a que los escenarios cambien es exactamente siempre la misma a lo largo de todo el juego.

¿Qué sucede con esto? Pues que al no haber variedad y estar siempre en la misma mecánica, se pierde el terror en ocasiones por el camino puesto que no se puede mantener la tensión constantemente si nos acostumbramos a ella.

Pese a esto, la propuesta de Outlast es sumamente interesante y el trabajo en gráficos (en lo que iluminación se refiere es soberbio) pero, sobre todo, en sonido con una respiración que nunca fue tan terrorífica e indicativa a nivel jugable, crujidos que no se saben de dónde vienen, el viento, las cadenas, el silencio total… conforman una experiencia digna de jugar pese a sus trabas.

Néstor García

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Valoración Final

Jugabilidad: Una propuesta diferente, sin armas y totalmente justificada por guión. Peca de repetitiva pero si entráis en la dinámica del juego se os olvidará.

Gráficos: La ambientación es una de las bazas fuertes del juego y aquí se debe destacar el soberbio trabajo de luces (o no luces vaya) que en la visión nocturna encuentra lo que es el terror puro.

Sonido: Pese a parecer discreto, probablemente en este apartado sea el mejor del título. Los efectos sonoros son magistrales y atemoriza hasta nuestra propia respiración. Si quieres asustar, el sonido es la clave.

Duración: El juego puede estar cerca de las 8 horas aunque esto dependerá de como nos tomemos la experiencia y el nivel de dificultad que escojamos.

Conclusión

Cuando se dice aquello de que el género de terror en los videojuegos está cerca de la extinción puesto que las grandes marcas se pasan al terreno de la acción llegan juegos como Outlast para cerrar bocas. Puede que no estemos ante el juego perfecto pues peca de repetitivo pero, probablemente, estemos hablando de una de las propuestas más terroríficas con momentos de puro infarto de los últimos tiempos. Sus luces sobrepasan con creces sus sombras (bueno, metafóricamente hablando, claro).

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